Educación para la Ciudadanía: insustituible

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Ayer compareció en el Congreso el ministro de Educación, Cultura y Deporte, para presentar las líneas generales en educación y deporte, destacando entre otras reformas la que figuraba en 5º lugar, en referencia a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Como deseo ser muy riguroso en mi análisis de esta información, transcribo literalmente la misma en sus términos exactos:

5. Educación para la Ciudadanía

Quisiera anunciar también esta comparecencia de líneas generales, Señorías, la sustitución de la asignatura de Educación para la Ciudadanía por una nueva asignatura de Educación Cívica y Constitucional.

Una asignatura que ha estado acompañada desde su nacimiento por la polémica y que creó una seria división en la sociedad y el mundo educativo. Porque el planteamiento de la asignatura iba más allá de lo que debería corresponder a una verdadera “formación cívica”, conforme a las directrices y orientaciones formuladas por el Consejo de Europa.

De acuerdo a nuestro compromiso electoral, proponemos una asignatura cuyo temario esté libre de cuestiones controvertidas y susceptibles de adoctrinamiento ideológico. La materia debe centrarse en proporcionar a los alumnos el conocimiento de la Constitución como norma suprema que rige nuestra convivencia, la comprensión de sus valores, de las reglas de juego y de sus instituciones, mediante las cuales se conforma una sociedad democrática y pluralista, así como de la historia e instituciones de la Unión Europea, de la que España forma parte.

Ésta es, Señorías, una asignatura que considero especialmente relevante porque, como ya he dicho al inicio de mi intervención, creo que la educación tiene una función esencial, y es la de conseguir formar a ciudadanos libres y responsables, con capacidad para ser sujetos activos de nuestra sociedad democrática. Sin duda esta nueva Educación Cívica y Constitucional servirá a tal fin, y no a ningún otro.

Me entristece conocer esta declaración de intenciones directas, donde las razones esgrimidas son rebatibles en todos sus términos. En el año 2007 escribí diez post en torno a los contenidos de la asignatura, en momentos en los que el debate estaba candente en España. Por ello, he decidido preparar una publicación en red, Educación para la Educación en Ciudadanía y Derechos Humanos, que recoge aquellas reflexiones que llevé a cabo sobre textos oficiales que leí en el momento en que se publicaron y comenzaban a utilizarse en los Colegios de España. Me reafirmo en todos sus contenidos y vuelvo a recoger una reflexión final, enseñar a los niños y niñas de España a ser felices, que sintetizaba el resultado pretendido de aquella colaboración en red, para construir teoría crítica sobre una situación esperpéntica, que vuelve a reverdecer ahora con expresiones del Ministro totalmente fuera de lugar, sobre todo cuando pivota esta decisión sobre un aserto muy discutible en la forma y fondo de su contenido: el adoctrinamiento ideológico.

Aprendí hace muchos años, que no existen ideologías inocentes y que el adoctrinamiento, en la acepción de la Real Academia Española, acción de Instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o creencias, es un lema limpio, que fija una posición ética y que da esplendor a la vida digna de las personas, más todavía si la educación para la ciudadanía la imparten profesores, maestros para toda una vida de las niñas y niños de todo el país. Máxime cuando la nueva asignatura de Educación Cívica y Constitucional, no deberá escapar nunca de la necesidad de instruir a las niñas y niños de España en el conocimiento de la doctrina constitucional, al inculcarles determinadas ideas y creencias, mediante ejemplos, que nunca pueden ser asépticos porque mucho más que el libro, todo dependerá del profesor o profesora correspondiente, ciudadanos al fin, con sus correspondientes ideas y creencias, respetables por encima de todo.

Lo más importante: después de analizar a fondo los tres libros de Educación para la Ciudadanía, que tomé como muestra, pude concluir en aquél año controvertido, 2007, que mantenía la ilusión de que quien leyera los post que ahora he recopilado en formato de publicación en red, los difundiera si le parecía ético, a modo de revolución activa a través de la inteligencia digital, con objeto de crear teoría crítica (examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.) ante tanta opinión trasnochada y elevada casi siempre al rango de dogma inexpugnable. Sobre todo, porque podemos aprender, con esta asignatura, a ser felices.

Sevilla, I/II/2012

NOTA: puedes bajarte esta publicación, Educación para la Educación en Ciudadanía y Derechos Humanos, pulsando aquí. Gracias por poder atender y extender esta parte de doctrina ideológica.


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