Como siempre, en tu feliz cumpledías, averiguando la alegría del mundo al revés

Luz López y Mario Benedetti / Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez

Sevilla, 29/I/2026 – 09:08 h UTC (CET+1)

Dedico hoy estas palabras, que aún me quedan en un momento especial de mi vida, a una persona que me acompaña desde hace ya cuarenta y tres años, María José, en su cumpleaños y cumpledías anual, con la calidad que manifestó Mario Benedetti en su poema Como siempre, en su fondo y forma, sintiendo al mismo tiempo la influencia en él de Luz  López, su compañera de vida, recordándome también que en este día María José ha recorrido ya un camino vital de setecientos ochenta meses en su cumpledías vital, aplicándole hoy las palabras de su poema en primera persona, porque así lo he leído una y otra vez en lo más íntimo de mi propia intimidad agustiniana, adaptándolo a nuestras circunstancias, que diría Ortega y Gasset.

Como siempre

Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda y estés linda
casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza
de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

Es verdad, cambiando lo que hay que cambiar en el poema para adaptarlo a la realidad de ella, porque esta edad que alcanza hoy, en este mundo al revés, “no se le nota cuando en el instante en que vencen los crueles entra a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores. Ha alcanzado una buena edad para cambiar estatutos y horóscopos, dejando que su manantial mane amor sin miseria”. También vuelvo a tener presente a Juan Ramón Jiménez, tan próximo, el poeta con el que compartí su casa de juventud en Moguer durante algún tiempo, junto a ella y nuestro hijo Marcos, que escribió unas palabras hace más de cien años que rescato hoy en la celebración de este cumplevidas, concretamente en una bella introducción a su querido diario (1), recogidas del sánscrito -¡ay, la influencia de Zenobia Camprubí!-, porque resumen perfectamente la atención que debemos prestar a cada día, espacio y tiempo en el que se desarrolla la vida personal e intransferible de cada uno y las compañeras de vida, por ejemplo Luz, Zenobia y María José:

¡Cuida bien de este día! Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura.

El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien, pues, este día!

En este cumpleaños, cumpledías y cumplevidas, sólo sé que los dos hemos perseguido sueños que hoy no quiero olvidarlos, ni siquiera un momento, porque no quiero dejarme apesadumbrar por la desmemoria, ni dejar de soñar despierto como tantas veces he escrito en este cuaderno digital. Hoy, sólo quiero cantar la canción de los soñadores (Waldo Leyva, poeta cubano), entrando a diario a averiguar la alegría del mundo, volando gaviotamente sobre las fobias, desarbolando los nudosos rencores (Benedetti), porque sé que el día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Por esas razones, sueños en definitiva, sé que lo que aprendí un día ya lejano de Juan Ramón Jiménez, ¡Cuida bien, pues, este día!, es lo que nos permite seguir viviendo, porque un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad y de cada mañana una visión de esperanza. Sé que el fin no es tocarlos, como a las rosas, sino perseguir los sueños de felicidad y esperanza. Sólo eso. ¡Ah!, junto a Benedetti, no olvido tampoco un mensaje para María José que, como siempre, mantengo vivo:

[…] de todos modos para ti no es novedad / que el mundo / y yo / te queremos de veras / pero yo siempre un poquito más que el mundo.

(1) Jiménez, Juan Ramón, Diario de un poeta recién casado (1916), 2005. Madrid: Alianza Editorial.

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UCRANIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Manuel Rivas me descubrió la fragilidad cinematográfica de Oliver Laxe, director de ‘Sirāt’

Sevilla, 26/I/2026 – 16:39 h UTC (CET+1)

En estos días aciagos para el país, han pasado sin pena ni gloria las dos nominaciones de la película Sirāt a los Óscar 2026, dirigida por Oliver Laxe, como mejor película internacional y mejor sonido, tras el tradicional anuncio de la Academia de Hollywood. La trayectoria cinematográfica de Laxe la descubrí en 2019, a través del escritor Manuel Rivas. En ese tempo vital, conocerlo me devolvió la ilusión por romper silencios, al leer una columna suya de cuyo título quiero acordarme hoy: Toda la fragilidad del mundo, dedicada a este director gallego nacido en París (1982), que sigue haciendo cine de compromiso activo, que tanto aprecio: “Escribo sobre fragilidad después de conversar con Oliver Laxe. Él me habló de “cine frágil”. Y la palabra no se me va de la cabeza. La fragilidad de lo que surge fuera de un previsible canon comercial. Del cine indómito, no clonado, también en peligro de extinción. Pero “frágil” tiene un doble sentido. Un cine que quiere ser arte y no se sonroja al decirlo, no para idolatrar al “arte”, sino como “tabla de salvación”, como una “isla de lo sagrado”. Y lo consigue. Sus películas parecen filmadas en vidrio. Frágiles y duras. El vidrio solo se puede cortar bien con la punta del diamante. Sus personajes son también frágiles, muy humanos, pero con un nimbo que trasciende, con “un no sé qué de eterno”, que decía Van Gogh. Humildes y sublimes. Lo eran en Todos vós sodes capitáns (2010) y Mimosas (2016), premiadas en el Festival de Cannes, y lo son en especial en O que arde, la película que se estrena en España en estas fechas”. Podría agregar hoy Sirāt (2025), de la que tanto se habla hoy, mucho más desde las candidaturas citadas de los Óscar 2026, cuya sinopsis presentada en 2025 ayuda a comprender hoy su alcance: “El título de la catarsis colectiva con la que España se postula este año que viene a los Oscar corresponde al de una palabra en el Corán que hace referencia a un estrecho puente entre el paraíso y el infierno. Sirat invoca, por tanto, la senda que un padre transita en un viaje por el desierto junto a su hijo para buscar a su primogénita, desaparecida en una rave en Marruecos. Pero también la experiencia sensorial que experimenta la audiencia en la liturgia de la sala a oscuras. Humanista, introspectiva, hipnótica, política, cruda y salvaje, esta road movie coronada en Cannes con el Premio del Jurado recurre a un granuloso 16 milímetros para retratar la aridez de esta travesía por el duelo y a una banda sonora de música tecno para inducir el trance”.

Sigo pensando que todo es frágil en un mundo que se rompe a pedazos, se “derrumba”, mientras que algunos seguimos soñando con un mundo mejor para todos (Casablanca, dixit, ya que hablamos de cine). Y sé que este loco mundo no está hecho para las personas de alma frágil, que no tiene que ver nada con la frase hecha de “seres de piel fina”, que tanto incomoda a los que hacen de la mala educación su bandera de personas hechas y derechas. Lo dice Rivas de forma magistral: “Lo duro es constatar tanto espacio de fragilidad. La fragilidad en que vive gran parte de la infancia, con hambre y enfermedades de la edad de la peste. La fragilidad de tantas personas que viven al día. La fragilidad de los que tienen que alquilar su trabajo por horas y a un precio irrisorio, digamos un dólar por hora, sean las manos en talleres sórdidos o el cerebro para los gigantes tecnológicos. La fragilidad máxima de los inmigrantes y refugiados en ruta, en pateras por mar o siguiendo los osarios que jalonan los desiertos. La fragilidad de las periodistas que apuestan la cabeza por contar la verdad en la geografía del miedo, donde gobierna el neofeudalismo y la economía criminal”.

La palabra “fragilidad” es ambigua en el diccionario de la Real Academia Española, tomada como “cualidad de frágil”, entendiendo frágil en sus cuatro acepciones, siempre como adjetivos: “1. Quebradizo, y que con facilidad se hace pedazos; 2. Débil, que puede deteriorarse con facilidad. Tiene una salud frágil; 3. Dicho de una persona: Que cae fácilmente en algún pecado, especialmente contra la castidad; 4. Caduco y perecedero. Tiene una historia, como palabra, muy vinculada a la moral más estricta y caduca que podamos pensar, como lo atestigua su primera aparición en el Diccionario de Autoridades en 1732: “En lo moral se toma por la propensión que la naturaleza humana tiene en caer en lo malo”. Sin comentarios.

Todo es frágil en un mundo que se rompe a pedazos. Y este loco mundo no está hecho para las personas de alma frágil, que no tiene que ver nada con la frase hecha de “seres de piel fina” que tanto incomoda a los que hacen de la mala educación su bandera de personas hechas y derechas. Lo dice Rivas de forma magistral: “Lo duro es constatar tanto espacio de fragilidad. La fragilidad en que vive gran parte de la infancia, con hambre y enfermedades de la edad de la peste. La fragilidad de tantas personas que viven al día. La fragilidad de los que tienen que alquilar su trabajo por horas y a un precio irrisorio, digamos un dólar por hora, sean las manos en talleres sórdidos o el cerebro para los gigantes tecnológicos. La fragilidad máxima de los inmigrantes y refugiados en ruta, en pateras por mar o siguiendo los osarios que jalonan los desiertos. La fragilidad de las periodistas que apuestan la cabeza por contar la verdad en la geografía del miedo, donde gobierna el neofeudalismo y la economía criminal”.

DEDICATORIA MANUEL RIVAS
Dedicatoria personal de Manuel Rivas, en su obra ¿Qué me quieres, amor?

Vuelvo a la lectura de libros útiles, que me reconforta en medio de tanta fragilidad. Abro, no por casualidad, las primeras páginas de un libro de Manuel Rivas que tengo como de cabecera, ¿Qué me quieres amor? y me recreo viendo y leyendo de nuevo su dedicatoria, en una visita a Sevilla en 2016, con una propuesta deslumbrante para tiempos frágiles: puso título a un libro que tengo que escribir sin falta, Por el derecho a soñar, que no olvido a pesar de la fragilidad que me rodea y que, a veces, me destroza el alma. Es la fragilidad artística que muestra Oliver Laxe en Sirāt, oscarizada ya in pectore, haciendo honor a su título, porque la vida es sólo un camino, un largo puente hacia la mejor vida en vida o hacia la eternidad soñada.

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UCRANIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

María Magdalena fue una mujer envuelta en su melancolía

Teatre Nacional de Catalunya, María Magdalena

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Pablo Neruda, Me gustas cuando callas.

Sevilla, 25/I/2026 – 08:45 h UTC (CET+1)

María Magdalena es una mujer que sigue haciendo historia en la Humanidad, en una larga travesía desde que tuvimos conocimiento de su difícil existencia vital, real o no, pero contada siempre de forma no inocente. Si escribo hoy sobre ella, aunque ya la he citado muchas veces en este cuaderno digital, es porque la he recuperado en mi memoria de secreto al haberse estrenado el pasado 22 de enero, en el Teatro Nacional de Cataluña, una obra en torno a esa mujer excepcional, María Magdalena, con texto de Michael De Cock, dramaturgia de Carme Portaceli e Inés Boza, bajo la dirección de Carme Portaceli, cuya sinopsis oficial nos aproxima al hilo conductor de este abordaje teatral: “Miriam, una profesora, viaja de Bruselas a Barcelona para dar una conferencia sobre Magdalena. Deja atrás a su hija pequeña y toma la importante decisión de divorciarse de su marido. Cuando llega al aeropuerto de Barcelona, el taxista que la espera dice que es Jesús. Después de Mrs. Dalloway de Virginia Woolf y de Madame Bovary de Flaubert, Carme Portaceli y Michael De Cock se centran en el personaje de María Magdalena, el símbolo —con diferencia— de las mujeres borradas. Le dan la importancia que se merece, y que se merecen tantas y tantas mujeres, convirtiendo este relato bíblico en mágico”.

Estoy plenamente de acuerdo en la operación rescate de esta figura femenina tan controvertida. Personalmente, me llamó siempre la atención su silencio impregnado de melancolía, como he escrito en anteriores ocasiones en estas páginas digitales, rescatando igualmente a una pintora barroca, Artemisia Gentileschi, que comprendió el maltrato histórico y religioso dado a María Magdalena, representándola siempre envuelta en melancolía, a través de maravillosas pinturas.

En un artículo excelente publicado hoy en el diario.es sobre esta representación teatral tan necesaria y oportuna en los tiempos que corren, se afirma algo de importancia vital: “Maria Magdalena huye de las conclusiones unívocas. No hay una intención de sentar cátedra sobre nada, insisten las responsables. La obra no busca demostrar si la Magdalena fue o no prostituta, ni caer en revelaciones efectistas al estilo de El Código Da Vinci. Mientras Portaceli y De Cock preparaban el texto, tenían en mente una frase que en la Biblia pronuncia Poncio Pilato: Quod scripsi, scripsi. Lo que está escrito, está escrito. Frente a esa sentencia, Maria Magdalena propone un gesto radicalmente opuesto: reescribir, revisar, imaginar de nuevo. Porque poseer la narrativa es tener el poder”.

Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 – Nápoles, 1654): María Magdalena como la melancolía (Ca. 1622) – Museo de la Catedral de Sevilla, antes (izquierda) y después de la restauración en 2022 (derecha) / JA COBEÑA

Siento muy cerca a María Magdalena, porque una obra de Artemisia Gentileschi dedicada a ella, María Magdalena como la melancolía (ca. 1622), puedo contemplarla en la Catedral de Sevilla desde diciembre de 2022, siempre que necesite encontrarme con ella. Recuerdo que el comunicado oficial de la Catedral de Sevilla sobre este evento, informó que coincidiendo con el 400 aniversario de su ejecución, se había llevado a cabo una intervención en la pintura, habiéndose realizado «en los talleres del Museo Nacional del Prado por la restauradora Almudena Sánchez», que ha permitido «recuperar su aspecto original tal y como fue concebida ya que la composición fue alterada en fecha desconocida y transformada al añadir elementos ajenos a la obra y a la intención de la artista». Cuando la contemplé personalmente desde diferentes ángulos, comprendí perfectamente qué significaba el poder reparador de su melancolía. El cambio llevado a cabo en la restauración le había devuelto su aspecto original, que coincide con la copia que en la actualidad se puede contemplar en el Museo Soumaya (Ciudad de México) y que data de tres años después del original (ca. 1625), como detallé en el artículo en el que comenté la existencia del original de Sevilla y la copia, Artemisia Gentileschi pintó la melancolía, con las diferencias que con la restauración se han salvado, tal y como informaba oficialmente el comunicado citado de la Catedral: “la particularidad que presentaba esta obra radicaba en la presencia de un repinte antiguo, realizado con fines morales para ocultar el pecho y parte del hombro de la Santa con ánimo de lograr una imagen más púdica. Este fue el principal motivo por el que se decidió llevar a cabo la restauración de la obra, que tendría como finalidad la eliminación del repinte y la recuperación de la imagen original de María Magdalena tal y como fue concebida por su autora. Esta restauración se ha realizado en el Museo del Prado debido a que la obra llegó a dicha institución como préstamo para una futura exposición que no llego a realizarse. A pesar de ello se mantuvo el acuerdo de intervención en la pintura con el objetivo de eliminar el falso chal de gasa que cubría esa parte del cuerpo».

Como afirmé en el artículo de 2020 citado anteriormente, me consuela históricamente pensar que puedo estar cerca de Artemisia y María Magdalena, tanto monta monta tanto, habiendo comprendido siempre qué significa el poder reparador de su melancolía en tiempos tan difíciles, tan modernos.

Artemisia Gentileschi, Autorretrato como alegoría de la pintura, (Ca. 1638-1639) Palacio de Buckingham (Reino Unido)

La figura de María Magdalena fue muy querida por Artemisia, a la que llegó a representar en sus cuadros hasta en cuatro ocasiones (incluyendo también su cuestionada María Magdalena Penitente, ¿arrepentida o melancólica? Si tuviera que elegir entre sus interpretaciones de esta mujer, representada siempre como mujer sola y libre ante Jesús de Nazareth, me quedaría -por admiración y respeto a su obra melancólica- con la titulada María Magdalena en éxtasis, sola, sin ropajes especiales ni ungüento divino, de la que se ha conocido su existencia hace muy poco, concretamente en 2014, ya que solo se tenía una referencia de ella por una fotografía en blanco y negro tomada a principios del siglo XX, que se conservaba en el fondo artístico de un marchante de arte italiano. Más de ochenta años después, el óleo de 81 x 105 centímetros, descubierto en una colección antigua del sur de Francia, fue subastado por la Galería Sotheby’s, adjudicándose finalmente por 850.000 euros, cuando el precio de salida estaba entre 200.000 y 300.000 euros.

Artemisia Gentileschi, María Magdalena en éxtasis

El mensaje del cuadro no deja duda alguna sobre la autoría de Gentileschi y puedo dar la razón en este momento a la expresión ya citada de Víctor Hugo: la melancolía es la felicidad de estar triste, porque no creo tanto en la situación de éxtasis de la Magdalena como en la de su auténtica melancolía, es decir, un estado de soledad y tristeza que puede inundar el alma humana y recrearnos en él porque siempre queda la esperanza de la espera de algo o alguien que estuvo o que llegará a tiempo para hacernos felices. Contemplando esta María Magdalena, suenan muy bien las palabras de Neruda en este recuerdo de hoy: Mariposa de sueño, te pareces a mi alma y te pareces a la palabra melancolía.

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¡Paz y Libertad!

 

En el mundo al revés, sólo se venden gafas de color único

Publicado hoy en el diario El País

Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

Ramón de Campoamor (1817-1901), en Las dos linternas, 1846.

Sevilla, 24/I/2026 – 10:05 h UTC (CET+1)

La dialéctica capitalista del mundo al revés, suele asignar a cada color un número y pocas palabras, en el reino Pantone, aunque todas estudiadas por expertos consultores de marketing, que cada año anuncian un color que dominará el mercado mundial. Este año, por ejemplo, “toca” el PANTONE 11-4201 Cloud Dancer, “un blanco sublime que sirve como símbolo de influencia calmante en una sociedad que redescubre el valor de la reflexión calmada, […] un blanco ondulante impregnado de serenidad, fomenta la verdadera relajación y la concentración, permitiendo que la mente divague y la creatividad respire, dando espacio a la innovación”. Palabras, sólo palabras.

En este contexto, he visto como El Roto ha resumido hoy en el diario El País, con su habitual maestría, la realidad actual que ya proclamó Ramón de Campoamor (1817-1901), en Las dos linternas, 1846:

Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

A título de información positiva y creadora sobre esta realidad actual en torno al color del cristal con el que cada uno, cada una, contempla la vida, mejor dicho, este mundo al revés, aporto una publicación importante sobre esta metáfora, de la escritora Victoria Finlay, Color, analizando los orígenes de una de sus partes esenciales, la denominación primitiva de los colores, antes de que llegara el poderoso caballero don dinero a ellos y lo convirtiera todo en mercancía pura y dura, cuya sinopsis de la editora nos atrae como por ensalmo: “En este cautivador viaje a través de los colores de la paleta de un artista, Victoria Finlay nos lleva a una apasionante aventura alrededor del mundo y a través de los tiempos, desentrañando cómo los colores que elegimos han determinado la historia de la propia cultura. ¿Cómo viajó el preciado color azul ultramar desde las remotas minas de lapislázuli de Afganistán hasta el pincel de Miguel Ángel? ¿Cuál es la relación entre la pintura marrón y las antiguas momias egipcias? ¿Por qué Robin Hood vestía de verde de Lincoln? Finlay explora los materiales físicos que colorean nuestro mundo, como los minerales preciosos y la sangre de los insectos, así como los significados sociales y políticos que el color ha tenido a lo largo del tiempo. Los emperadores romanos solían llevar togas teñidas de un color púrpura que se fabricaba con un oloroso marisco libanés, lo que probablemente significaba que su olor les precedía. En el siglo XVIII, el tinte negro se hacía con palo de Campeche, que crecía a lo largo de la Tierra Firme. Algunas de las primeras plantaciones de índigo fueron iniciadas en América, sorprendentemente, por una chica de diecisiete años llamada Eliza. Y el popular cuadro de Van Gogh Rosas blancas en la National Gallery de Washington tuvo que ser rebautizado después de que un investigador descubriera que las flores estaban hechas originalmente con una pintura rosa que se había desvanecido hacía casi un siglo. El color está repleto de personas, acontecimientos y anécdotas extraordinarias, pintadas de forma aún más deslumbrante por el atractivo estilo de Finlay”.

Los colores, en definitiva, no son inocentes. En mi matusalénica edad, que diría Mario Benedetti, he conocido la dialéctica existencial del rosa y el azul, que aún pervive. Hace dieciocho años publiqué un artículo en este cuaderno digital, Estereotipo sexista: “Tú rosa, yo azul”, que sigue teniendo una actualidad impecable y en el que afirmaba que “no todo es cuestión del color del cristal con el que mire la vida. El mercado es implacable y con su visión guadianesca proverbial, aprovecha la debilidad del rosa femenino para captar el nuevo público objetivo y vender las mercancías envueltas en el rosa psicológico. En el pulso dialéctico azul-rosa empieza a ganar por goleada el derivado del rojo mezclado con el blanco, en una debilidad básica por hacer la vida más “humana” según las multinacionales de cualquier sector. Muchas veces estoy tentado de soñar en la acromatopsia, la enfermedad maravillosamente descrita por Oliver Sacks en su obra “La isla de los ciegos al color”, tantas veces citada en este cuaderno digital. Aunque tuviera que pasar fragmentos de la película de mi vida en blanco y negro, donde las tonalidades de gris me permitieran soñar que el color es una versión amable de la vida que los seres humanos podemos captar en toda su gama, sin limitaciones. Surge entonces la pregunta del doctor Sacks en su fascinante libro, cuando se refiere a la persona ciega al color: “¿nos considerarían acaso seres singulares, engañados por aspectos irrelevantes o triviales del mundo visual, o insuficientemente sensibles a su verdadera esencia visual?” (2). Esa es la cuestión a dilucidar en la niña o niño “coloreados” de azul o rosa que, todavía, algunas o algunos llevamos dentro…, porque es verdad que no depende todo del color con el que el mercado, más allá del cristal, nos obliga casi siempre a mirar la vida. El mercado de gafas de color único, denunciado hoy por El Roto.

Una cosa más. Pantone nos anima a escuchar música pensando de forma unidireccional en su color del año, “Brillante, ligero, suave y claro. Canciones que captan la esencia de Cloud Dancer”. Sin comentarios.

(1) Heller, E., Psicología del color. Cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón. Barcelona: Gustavo Gili, 2004.

(2) Sacks, O., La isla de los ciegos al color. Barcelona: Anagrama, 1999, p. 22.

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UCRANIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¿Qué responsabilidad tengo yo, tenemos, en los tribunales de las bocas mudas, de los olvidos y silencios cómplices?

¿Y qué importancia tengo yo
en el tribunal del olvido?
¿Cuál es la representación
del resultado venidero?

[…]

Pablo Neruda, Libro de las preguntas, LX.

Sevilla, 19/I/2026 – 12:05 h UTC (CET+1)

Me hago estas preguntas de Neruda siempre que me enfrento ante situaciones clamorosas de silencios cómplices, en esta ocasión ante los desmanes del presidente Trump, el avance sin control del imperialismo americano, en clave totalitarista, y la deriva de nuestro país hacia la ultraderecha y derecha extrema, que ven cada vez más próxima su llegada al Gobierno del país. Por ello, denuncio las bocas mudas, así como los olvidos y los silencios cómplices, porque son una de las mayores amenazas para la democracia. Me refiero, concretamente, a los que siempre derivan en olvidos, respaldados además por tribunales especializados en apoyar el silencio injusto, países todopoderosos, para entendernos, del Este y del Oeste, del Norte y del Sur, de todas las latitudes, Señores y Señoras de Negro, Bancos Mundiales injustos por definición, Mercados Benefactores de las Guerras, gobiernos totalitaristas encabezados por Trump y Putin, cada uno a lo suyo, gracias a sus mercancías preferidas, las armas mortíferas y cada vez más sofisticadas, todos ellos como pilares fundamentales que propician el ocaso de la democracia.

En tal sentido, recuerdo una vez más a Eduardo Galeano en su lectura del mundo patas arribaal revés: “Olvidar el olvido: don Ramón Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo. Recordar el pasado, para liberarnos de sus maldiciones: no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos, se decía recordar para decir despertar, y todavía la palabra se usa en este sentido en algunos campos de América latina. La memoria despierta es contradictoria, como nosotros; nunca está quieta, y con nosotros cambia. No nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión.

Quienes estamos atentos ante lo que está ocurriendo en este mundo al revés, olvidadizo y cómplice al mismo tiempo, tomamos conciencia de lo que significa permanecer callados o denunciar cada uno, cada una, de la mejor forma que pueda, lo que estamos viendo y está pasando. De ahí la pregunta concreta de esta reflexión en alta voz: ¿Qué responsabilidad tengo yo, tenemos, en los tribunales de las bocas mudas, de los silencios y olvidos cómplices? Basta escuchar o ver a diario lo que está pasando y estamos viendo, para tomar conciencia de cómo se propagan con silencios cómplices internacionales y de países limítrofes, noticias falsas o manipuladas del neototalitarismo de Trump y Putin, que hoy pueden trastocar el llamado orden mundial. Existen silenciadores diplomáticos que justifican el todo vale en tiempos de guerra y lo que menos importa es la población anónima a la que siempre le toca sufrir el eufemismo de los llamados «daños colaterales». Los tribunales del olvido abundan por doquier, justificando en estos momentos lo que no tiene nombre, por lo que creo que es urgente descubrirlos y desenmascararlos, porque hacen mucho daño a todo y a todos. Es una ocasión para reivindicar el papel que deben jugar las personas dignas ante esos tribunales del olvido. 

Estoy convencido que la mejor respuesta ante estas preguntas de Neruda para salir de los silencios y olvidos cómplices, de las bocas mudas, radica en rescatar las ideologías dignas, basadas en creencias, porque asistimos a una clamorosa ausencia de ellas en el mundo en general. Recuerdo una canción de mis años jóvenes, Ausencia, que cantaba María Dolores Pradera extraordinariamente bien, con sentimiento pleno, sobre todo su estribillo final: Ausencia / quiere decir olvido / Decir tinieblas, decir jamás / Las aves pueden volver al nido / Pero las almas no vuelven más. La ausencia de valores está configurando una forma de ser y estar en el mundo muy diferente a cuando están presentes en cada acto humano. Los echamos de menos y es un hilo conductor en la razón ética de las personas dignas. Es lo más parecido a la ausencia de seres queridos, familiares o amigos del alma, cuando se alejan de nosotros por razones físicas, psíquicas o sociales. También, cuando se constata el olvido palmario de las ideologías, de la conciencia de clase, incluso del sentimiento de pertenecer a un grupo social donde nos podemos entender mejor todos los que participan de una ideología que busca sólo el interés general. Es lo que está pasando en nuestra sociedad actual, que lo revestimos de palabras y frases eufemísticas tales como desafección, desencanto y desmovilización. Nada se puede ver afectado, encantado o movilizado, si no hay ideología o creencias, que José Ferrater Mora, de quien tanto aprendí, resumía en cuatro para entendernos: personas, naturaleza, sociedad o dios o dioses. Todas legítimas, todas accesibles, todas necesarias, todas imprescindibles como horizonte en la vida, atendiendo a la pregunta siguiente de Neruda, que reitero de nuevo, si somos capaces de dar respuesta digna al indeseable tribunal del olvido: ¿Cuál es la representación del resultado venidero? Porque lo dicho anteriormente vale cuando se trabaja, como el campo, en un frente popular y salvando siempre el interés general.

Hoy he recordado también a un cantor de mi juventud, Silvio Rodríguez, que me aportó ideología y compromiso en mi azarosa vida, bastante enfrentada al tribunal del olvido. Se trata de su canción Ausencia, que me compromete a seguir creyendo que “Hay ausencias que son como el olvido / que empolvan madrugadas y semillas / que se fueron perdidas en sus mares / donde nunca podrán hallar la orilla…”. Y sigue su canción de una forma que aclara definitivamente que decir olvido es decir ausencia de casi todo:

Hay ausencias que rozan con el alma,
mariposas celosas del espacio,
austeras prisioneras de las flores,
que te ponen su miel para los labios.

Ausencia, remoto fantasma que violas las puertas
que cantas, que gritas al cielo esa voz
que has llevado contigo
que escribes tú la canción que falta
que siempre nos recuerda la distancia

Hay ausencias gaviotas que te salvan
que desdeñan fronteras y estaciones,
que rondan las paredes, las palabras
dibujando la fe con sus creyones.

Hay ausencias que te hablan de un mañana,
que se tornan de todos los colores,
que te ponen el mundo en la ventana
y de esperanza llenan los balcones.

Ausencia, remoto fantasma
que violas las puertas, que cantas,
que gritas al cielo esa voz
que has llevado contigo,
que escribes tú la canción que falta
que siempre nos recuerdas la distancia

La representación del resultado venidero, en relación con las actuaciones de Trump este último año, si no atacamos de frente los silencios cómplices, el olvido y sus tribunales por doquier, es que volveremos a sufrir mucho si no hacemos un esfuerzo especial por recobrar las ideologías que nos ayuden, de nuevo, a recuperar el sentido de la vida, porque sabemos que el olvido es siempre ausencia de alma, tinieblas, el jamás, sabiendo como sabemos que las aves pueden volver al nido, pero que las almas de quienes sufren los desmanes de Trump o Putin, no vuelven más. Aunque hoy podamos escribir la canción que falta y que siempre nos permitirá recordar la distancia que nos separa todavía de la dignidad que toda persona merece. De lo que estoy convencido es de que si se callan…, el cantor, el compositor, el escritor, el soñador, el bloguero, el político digno, el artista o el ciudadano anónimo, no conformes con las injusticias que pasan en nuestro mundo cotidiano al revés, olvidándolo todo mediante ausencias y silencios cómplices, se calla la vida y la palabra. También las denuncias necesarias, que debemos proclamar a los cuatro vientos.

De acuerdo con Eduardo Galeano, los que amamos la democracia para vivir en libertad, en estos tiempos tan difíciles, sabemos que la memoria democrática que llevamos dentro “no reniega de la nostalgia: pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron”. Excelente reflexión para olvidar el olvido, las bocas mudas y los silencios cómplices, tan cerca de nosotros…

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hay que leer de nuevo la carta abierta y crítica de Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, a María Corina Machado, por su designación como Premio Nobel de la Paz 2025

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980 – María Corina MachadoPremio Nobel de la Paz 2025

Sevilla, 17/I/2026 – 15:15 h UTC (CET+1)

Tres meses después de haber publicado un artículo en este cuaderno digital sobre la carta abierta que dirigió Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, a María Corina Machado, al conocer que había recibido el correspondiente a 2025, vuelvo a publicarlo hoy íntegramente, porque no debemos callarnos ante el espectáculo de indignidad a escala mundial que ha supuesto la entrega al presidente Trump, el pasado jueves en la Casa Blanca, por parte de la actual Premio Nobel de la Paz, de la Medalla de Oro recibida en Oslo el 10 de diciembre de 2025, enmarcada con un mensaje de gratitud del pueblo venezolano por sus “acciones” para “lograr su libertad”.

La imagen de este acto ignominioso vale más que mil palabras. Es la razón de la razón y del corazón por la que publico de nuevo la carta abierta y crítica de Adolfo Pérez Esquivel, digno Premio Nobel de la Paz 1980, sorprendido por la designación de María Corina Machado como Premio Nobel de la Paz 2025, que le otorgó el Comité Nobel.

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Carta abierta de Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, a María Corina Machado, con reflexiones críticas sobre su designación como Premio Nobel de la Paz 2025

Adolfo Pérez EsquivelMaría Corina Machado

Sevilla, 14/X/2025 – 15:10 h (CET+1)

He leído con atención casi reverencial la carta abierta que ha dirigido Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, a María Corina Machado, que ha recibido el correspondiente a este año. Reproduzco a continuación el texto completo, en el que coincido plenamente por la denuncia que hace por las maniobras de aproximación al presidente Trump, con el broche puesto al enviarle un mensaje ese día tan especial, en el que le manifestaba que cuenta con él para conquistar la libertad de Venezuela (la negrita es mía). Es muy importante leer esta carta, porque a través de sus palabras se puede comprender bien el significado actual de ese Premio, entregado a la opositora venezolana, tan codiciado por el emperador Trump, el Presidente de la Paz, tal y como se presenta desde la Casa Blanca.

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Carta abierta de Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, a María Corina MachadoPremio Nobel de la Paz 2025

Te envío el saludo de Paz y Bien que tanto necesita la humanidad y los pueblos que viven en la pobreza, conflictos, guerras y hambre. Esta carta abierta es para expresarte y compartir algunas reflexiones.

Me sorprendió tu designación como Premio Nobel de la Paz que te otorgara el Comité Nobel. Me vino a la memoria las luchas contra las dictaduras en el continente y en mi país bajo dictaduras militares que soportamos desde 1976 hasta 1983 y resistimos las cárceles, torturas y el exilio con miles de desaparecidos, niños secuestrados y desaparecidos y los vuelos de la muerte de los cuales soy un sobreviviente.

En 1980 el Comité Nobel me otorga el Premio Nobel de la Paz. Han pasado 45 años y continuamos trabajando al servicio de los más pobres y junto a los pueblos latinoamericanos. En nombre de todos ellos asumí esa alta distinción, no por el Premio en sí, sino por el compromiso junto a los pueblos compartiendo las luchas y esperanzas para construir un nuevo amanecer. La Paz se construye día a día y debemos ser coherentes entre el decir y el hacer.

A mis 94 años continúo siendo un aprendiz de la vida y me preocupa tu postura y decisiones sociales y políticas. Por lo tanto, te envío estas reflexiones.

El gobierno venezolano es una democracia con sus luces y sombras. Hugo Chávez marcó el camino de libertad y soberanía del pueblo y luchó por la unidad continental; fue un despertar de la Patria Grande. Estados Unidos lo atacó permanentemente, no puede permitir que ningún país del continente salga de su órbita y la dependencia colonial, continúa sosteniendo que América Latina es su “patrio trasero”. El bloqueo a Cuba por los EEUU durante más de 60 años es un ataque a la libertad y derecho de los pueblos. La resistencia del pueblo cubano es un ejemplo de dignidad y fortaleza.

Me sorprende cómo te aferras a los Estados Unidos y debes saber que no tiene aliados, ni amigos, sólo tiene intereses. Las dictaduras impuestas en América Latina fueron instrumentadas por sus intereses de dominación destruyendo la vida y organización social, cultural y política de los pueblos que luchan por su libertad y autodeterminación. Los pueblos resistimos y luchamos por el derecho a ser libres y soberanos y no colonias de los EEUU.

El gobierno de Nicolás Maduro vive bajo la amenaza y el bloqueo de los Estados Unidos, el bloqueo; basta tener presente las fuerzas navales en el Caribe y el peligro de invasión a tu país. No has dicho una palabra o apoyas la injerencia de la gran potencia contra Venezuela. El pueblo venezolano está listo para enfrentar la amenaza.

Corina, te pregunto: ¿por qué llamaste a los EEUU para que invada Venezuela? Al recibir el anuncio que te otorgaron el Premio Nobel de la Paz, se lo dedicaste a Trump, agresor a tu país, mintiendo y acusando a Venezuela de ser narcotraficante, mentira semejante a la de George Bush que acusó a Sadam Husein de tener “armas de destrucción masiva”, pretexto para invadir Irak y saquearla provocando miles de víctimas, mujeres y niños. Estuve al final de la guerra en Bagdad, en el hospital pediátrico, y pude ver la destrucción y muertes por aquellos que se proclaman los defensores de la libertad. La peor de las violencias es la mentira.

No olvides Corina que Panamá fue invadido por los EEUU provocando muertes y destrucción para capturar un ex aliado, el general Noriega. La invasión dejó 1.200 muertes en Los Chorrillos. Hoy, EEUU pretende apoderarse nuevamente del Canal de Panamá. Es una larga lista de intervenciones y dolor en América Latina y el mundo por parte de EEUU. Aún continúan abiertas las Venas de América Latina, como dice Eduardo Galeano.

Me preocupa que no hayas dedicado el Nobel a tu pueblo y sí al agresor de Venezuela. Creo Corina que tienes que analizar y saber dónde estás parada, si eres una pieza más del coloniaje de EEUU sometida a sus intereses de dominación, lo que nunca puede ser para el bien de tu pueblo. Como opositora al gobierno de Maduro, tu posturas y opciones generan mucha incertidumbre, recurres a lo peor cuando pedís que EEUU invada Venezuela.

Lo importante es tener presente que construir la Paz requiere mucha fuerza y coraje en bien de tu pueblo, que conozco y quiero profundamente. Donde antes había chabolas en los cerros sobreviviendo en la pobreza e indigencia hoy hay viviendas dignas, salud, educación y cultura. La dignidad del pueblo no se compra ni se vende.

Corina, como dice el poeta: Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Ahora tienes la posibilidad de trabajar para tu pueblo y construir la Paz, no provocar mayor violencia. Un mal no se resuelve con otro mal mayor, solo tendremos dos males y nunca la solución del conflicto.

Abre tu mente y corazón al diálogo, al encuentro de tu pueblo, vacía el cántaro de la violencia y construye la Paz y unidad de tu pueblo para que entre la luz de la libertad e igualdad.

(Buenos Aires, 12 de octubre de 2025)

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UCRANIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Sigo buscando el centro de gravedad permanente, al que cantaba Franco Battiato

Busco un centro de gravedad permanente, que nunca cambie lo que ahora pienso de las cosas, de la gente.

Franco Battiato, Centro de gravedad permanente

Sevilla, 17/I/2026 – 08:32 h UTC (CET+1)

Este cuaderno digital me permite casi a diario convertir mis necesidades anímicas en palabras, que entrego a la Noosfera como persona que cree en la creación y difusión de la inteligencia conectiva para ser libres. Ante el mundo al revés en el que estamos viviendo ya de forma apresurada, día a día, teledirigido por el Gran Mercado Mundial y por el neototalitarismo de Donald Trump, busco en mi singladura diaria islas desconocidas que me obliguen a salir de mí, lección magistral aprendida de la mujer zurcidora que citaba José Saramago en su cuento de la isla desconocida: “Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual…” . Hoy, en una singladura especial como nómada de la vida, he recordado una columna periodística en el diario El PaísUna tarde, una canción, que me ha emocionado volver a leerla, porque me siento plenamente identificado con su contenido, ensalzando una canción emblemática de Franco Battiato, Centro de gravedad permanente, que forma parte de la banda sonora de mi vida, tal y como lo he escrito en alguna ocasión en este cuaderno digital.

La última vez que escribí palabras de elogio para Battiato fue en 2024, citando la columna anterior y recordando su fallecimiento en 2021, porque aquél día sentí un estremecimiento interior debido a que su música y, sobre todo, sus letras de canciones inolvidables, siempre me han inspirado otra forma de entender la vida, haciendo camino al andar, como nómada en vida: Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo / la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino. / Bajo el tránsito de la aparente dualidad, / la lluvia de Septiembre despierta el vacío de mi cuarto / y los lamentos de la soledad aún se prolongan.

Aprendí hace ya muchos años, junto a la escritora india Anita Nair (Las nueve caras del corazón, 2006), que la alondra encrestada, la vanampaadi, permite convertir las necesidades en palabras. Al fin y al cabo, amor a lo desconocido, como una de las caras del amor en la primera expresión del kathakali, representación teatral a la que se incorporan danzas indias que tuve el honor de conocer por primera vez de la mano de Franco Battiato (Quiero verte danzar, 1982), cantor que conocí cuando yo vivía en Roma, en el año 1976, siendo para mí un verdadero prodigio en la escenificación de historias de vida a través de sus canciones. Después, en 1982, volví a conectar con él a través de un disco emblemático, La voz de su amo, en la que cantaba su famoso “Centro de gravedad permanente”, que he cantado junto a mi hijo Marcos en mis brazos, cuando era muy pequeño, deletreando un estribillo que nunca he olvidado: Busco un centro de gravedad permanente, que nunca cambie lo que ahora pienso de las cosas, de la gente. Lo sigo buscando todavía hoy, en un tiempo convulso y complejo.

Es curioso constatar que la NASA recoge en sus páginas web una referencia al asteroide que lleva su apellidoBattiato, descubierto en 1979, con una reseña que hoy es una premonición: “Franco Battiato (b. 1945), artista siciliano poliédrico, es miembro honorario de la Asociación Astrofili Ionico-Etnei. Convierte sus sentimientos en música, pintura y cine. A través del telescopio observa el Universo, obteniendo inspiración para sus canciones”. Es verdad, porque hoy, más que nunca, sigue dándonos sentido a la vida terrenal desde su cielo particular.

En un libro de Nuccio Ordine muy apreciado por mí, Clásicos para la vida, hay una referencia a una obra para no olvidar, El mercader de Venecia, de William Shakespeare, en un pasaje seleccionado por el autor, que me parece útil en cualquier momento de la vida: ¡Atiende a la música!: “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se mueve por la concordia de dulces sonidos está inclinado a traiciones, estratagemas y robos; las emociones de su espíritu son oscuras como la noche, y sus afectos, tan sombríos como el Érebo: no hay que fiarse de tal hombre. ¡Atiende a la música!”. La obra de Shakespeare es un tratado contra la usura y la defensa de los valores humanos. Venecia representa hoy al mercado controlado por los hombres de negro, incapaces de poner música en vida alguna. Ordine termina este breve pasaje de Shakespeare citando obras que le conmueven el alma, porque atendiendo la música se puede buscar “la esencia de la vida en aquellas actividades que pueden ennoblecer el espíritu, que pueden ayudarnos a hacernos mejores, que privilegian la esencia sobre la apariencia, el ser sobre el tener”, citando finalmente a Franco Battiato, quizás para que no cambiemos, para que estemos siempre muy atentos a la música, para que seamos firmes en mantener criterios y valores sobre la dignidad de la vida, de las cosas, de la gente…, defendiendo hoy desde su cielo particular el anhelado centro de gravedad permanente que necesitamos todos, ahora más que nunca y sin dejar a nadie atrás.

Gracias, Franco Battiato. Sigo atendiendo tu música, para que nunca cambie lo que ahora pienso de las cosas, de la gente. Por coherencia pura, nada más, en un mundo al revés que nos quita el sueño y que necesitamos recuperar en su centro de gravedad democrática permanente.

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UCRANIA, GAZA, LÍBANO, SIRIA, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El discreto encanto de los negativos de la vida

Sergio Larraín, La Novia / Mascarona de Neruda en su casa de Isla Negra (Chile)

Sevilla, 16/I/2026 – 10:12 h UTC (CET+1)

Dedicado al fotógrafo chileno Sergio Larraín, que admiro, con motivo de la exposición “Sergio Larrain. El vagabundo de Valparaíso. Chile”, que se verá en la sede de Foto Colectania en Barcelona del 22 de enero al 24 de mayo. Lo escribo en estos días de ardiente impaciencia nerudiana, que siento así por la sorprendente, dolorosa e incomprensible llegada de la ultraderecha al gobierno absoluto de Chile.

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En estos primeros días del año, he vuelto a valorar la importancia de discernir lo positivo de lo negativo en el acontecer diario, intentando dar color a la vida, buscar vasos medio llenos más que medio vacíos, huyendo de la acromatopsia (ceguera al color) social que nos invade por culpa del nuevo emperador, Donald Trump. En definitiva, intento saber “revelar” mentalmente y poner color a los “negativos” diarios que nos ofrece este mundo al revés en el que nos toca vivir.

Los que nacimos en blanco y negro (grises incluidos) y pasamos poco a poco al color por tecnicolor, conocemos bien el discreto encanto de los negativos. Cuando era niño me asombraba lo que ocurría con los carretes de una vieja máquina Agfa que rodaba por casa. El asombro fue mucho mayor cuando pasamos al color, porque era sorprendente obtener unas copias que reproducían fielmente lo que verdaderamente pasó en el momento de fotografiar a personas, paisajes o cosas. Era el realismo mágico de la vida que siempre tenía su valor porque veíamos finalmente el positivo después de una espera inquietante por el revelado que permitía finalmente ordenar y guardar las fotografías seleccionadas, cosa que difícilmente ocurre ahora con la revolución digital.

También me acuerdo, siguiendo la concatenación de los “me acuerdo” de Joe Brainard (1), del patio de mi colegio en Madrid, de aquella escalera mágica de madera que nos permitía contemplar a través del muro medianero que separaba el colegio de la distribuidora de películas contigua, los miles de fotogramas tirados al suelo, de forma desordenada, que podíamos recuperar con mil artimañas de niñez para intentar montar una película imposible, uniendo fotograma con fotograma al trasluz, como suele pasar en la vida real. De alguna forma, queríamos escudriñar los rollos de película de la productora, a la búsqueda de recortes que nosotros montábamos de forma imaginaria en las aceras vecinas con títulos de crédito muy particulares, a modo de estrellas del celuloide madrileño. Yo me convertía en Totó durante ese tiempo, el protagonista maravilloso de Cinema Paradiso, contemplando los cortes obtenidos de la censura y señalados en el visionado con trozos de papel que insertaba en el rollo y que le dejaba ver el proyeccionista una vez cortados, su gran amigo Alfredo.

Lo que me ha pasado por la cabeza en estos momentos mágicos de cada “revelado” personal, lo explicaba muy bien Guillermo Altares en 2009, comentando el libro de Brainard, Me acuerdo, como si fuesen los diferentes “negativos” de la vida: “Algunos Me acuerdo son pedazos inocentes de memoria, otros escarban en las partes ocultas de nuestras vidas, algunos tienen sabor, olor, luz, algunos son crepúsculos dorados y otros amaneceres tristes, muchos ni siquiera sabemos dónde han estado escondidos, los hay que son como las magdalenas proustianas y aparecen a borbotones. (¿En el fondo qué es En busca del tiempo perdido si no un gigantesco Me acuerdo?), pero todos ellos son importantes, todos ellos son nosotros. Los Me acuerdo son algo que tenemos que tal vez hayamos perdido, pero que hemos recuperado” (2).

Todo lo anterior viene a cuento porque vuelvo a abrir con profundo respeto (casi reverencial) una de mis cajas de sueños, numeradas, donde me encuentro con centenares de negativos de la gran película de mi vida, una historia jamás contada. Los negativos me impiden ver en directo lo que guardan y digo en el proceso de “descubrir” este tesoro que tiene todo el encanto -a modo de pecio- de ser, quizás, páginas muy importantes de mi vida. En esta fase, he recordado una película de Michelangelo Antonioni (¡ay, el cine!), Blow-up, o Deseo de una mañana de verano (1966), que en el año de su estreno, en plena juventud, me impresionó mucho dejándome la huella de preguntas inquietantes.

La película está basada en el relato de Julio Cortázar, Las babas del diablo, publicado en Las armas secretas, inspirado también por una experiencia parisina que le cuenta el excelente fotógrafo chileno Sergio Larraín a Cortázar y que Antonioni convirtió finalmente en el guion de la película; “En las redacciones periodísticas europeas se codean cuando ven entrar a Larraín: “Ese es el chileno de la Magnum, el fotógrafo de Blow-up”. Los fotógrafos de la agencia Magnum (la legendaria cooperativa fundada por Robert Capa y Henri Cartier-Bresson) no eran coquetos fotógrafos de moda, como el de la película de Antonioni. Eran los que mostraban al mundo lo que era imprescindible ver: las guerras, la miseria, la otra cara de la noticia. Pero eran épocas de leyendas, y la historia de Larraín daba de sobra para la leyenda” (3). Es el recuerdo imborrable que tengo de Larraín al volver a contemplar las fotografías de un libro suyo precioso, Una casa en la arena, tan querida por Neruda, viendo la imagen de la mascarona La Novia, para que la contemple durante mucho tiempo y comprender mejor su piel de cáscaras y pétalos, rota, como la describió Neruda: La intemperie le rompió la piel en fragmentos o cáscaras o pétalos. Le agrietó el rostro. Le rompió las manos. Le trizó los redondos acariciados hombros. Acariciados por la borrasca y por el viaje. Su mirada penetrante sigue a la espera de palabras bellas para contrarrestar su sufrimiento en el mar, su eterno silencio. Nuestro eterno silencio.

El hilo conductor de la película se desarrolla en la ampliación de una fotografía obtenida por un fotógrafo profesional en el Maryon Park de Londres, una escena impactante y una trama por descubrir de muchas formas posibles, cuya trazabilidad se puede analizar de forma detallada en un artículo, Blow UP – Michelangelo Antonioni (Análisis en profundidad), que desgrana el argumento antecedente y consecuente de la película y que recomiendo en una atenta lectura, para no descubrir ahora, nunca mejor dicho, el discreto encanto de un revelado de película y de sus sucesivas ampliaciones (blow-up en estado puro).

Vuelvo a mi caja de sueños que contiene centenares de negativos, para repasar una vida llena de blanco y negro en mi infancia y de un inmenso color después, fundamentalmente porque nunca quise ser ciego al color, como pasaba a los habitantes de las dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, que nos dio a conocer Oliver Sacks en un libro precioso, La isla de los ciegos al color. La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises, porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida sin dejar ninguno atrás, la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a veces a una fotografía o película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, recuperando esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Hasta que un día revelamos los negativos de nuestra vida, guardados con esmero en una caja de sueños, devolviéndoles la vida real que contienen en su discreto encanto del color o del blanco y negro, según la luz del momento, sabiendo en nuestra persona de secreto que tienen el tiempo dentro.

(1) Brainard, Joe (2009). Me acuerdo. Madrid: Sexto Piso.

(2) Altares, Guillermo (2009, 28 de marzo), Cuando un recuerdo es algo que tenemosEl País (Babelia), p. 8.

(3) https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-187760-2012-02-17.html

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¡Paz y Libertad!

La paradoja de la represión en Irán y el vendedor de lápices de colores

Mohamad Rafi – Gran Bazar de Teherán

Sevilla, 13/I/2026 – 08:55 h UTC (CET+1)

Llevo varios días queriendo escribir unas palabras sobre una “buena noticia” de 2025, que recogió el resumen anual que todos los años presenta RTVE en su último informativo de 31 de diciembre, con guion y dirección de un gran profesional de la comunicación, Carlos del Amor.

Me refiero a la que protagonizó el actor Álvaro Morte, en el transcurso del documental, cuando abordó algo muy importante, señalar buenas noticias del año 2025, porque nos dijo que “han pasado cosas buenas, aunque a veces ese adjetivo sea considerado como algo peyorativo. En la vida el color es muy importante, nos hace cambiar nuestra mirada, los cambios de nuestro estado de ánimo”, ofreciendo un claro ejemplo, entre otros, de un vendedor de miles de lápices de colores (individuales, no por cajas), Mohamad Rafi, que lleva más de 35 años regentando una minúscula tienda en el Gran Bazar de Teherán.

Me ha costado mucho escribir estas líneas, emocionalmente hablando, cuando estamos siendo testigos de la terrible represión que está sufriendo una parte del pueblo de Irán, de la que sabemos que ya ha costado centenares de fallecidos y miles de manifestantes heridos, ante un profundo colapso económico y social en ese país.

Indudablemente es una “mala noticia”, una cruel paradoja en referencia a la buena noticia del vendedor iraní de miles de lápices de colores, del Resumen de 2025 elaborado por la televisión pública de nuestro país. Pero, como decía Álvaro Morte, el color es muy importante, porque nos permite “cambiar nuestra mirada”, dando la razón a un gran aserto popular: todo depende del color del color del cristal con el que se mire cada momento de la vida.

Mohamad Rafi

Recuerdo siempre y en este sentido, la puerta de acceso al patio interior de la Casa-Museo del poeta Juan Ramón Jiménez, en Moguer (Huelva), que inspiró un libro precioso y bastante desconocido en nuestro país, Por el cristal amarillo, que tanto me ayudó en la preparación de mis clases en Huelva. O la insignificancia de ese cristal en la isla de los ciegos al color, que magistralmente describió Oliver Sacks en un libro que leo con frecuencia y que lleva ese nombre descriptivo.

Me refiero al color del cristal de la vida como una metáfora que se enriquece con la lectura del libro citado, La isla de los ciegos al color, que en un momento de mi vida me aproximó a su investigación de cómo determinadas personas aprenden a vivir con su enfermedad, la acromatopsia, hasta alcanzar un mimetismo asombroso con ella, porque sufren ceguera del color que no les permite agregar color a la óptica de sus vidas. Todo se ve siempre de color gris en dos islas de la Micronesia, Pingelap y Pohnpei, donde se concentra esta enfermedad, que permiten “experimentos de la naturaleza, lugares benditos y malditos por su singularidad geográfica, que albergan formas de vida únicas”, en frase del propio Sacks.

Ahora, en Irán, todo es gris o negro, según se mire, sin olvidar que en su capital, Teherán, hay un vendedor de miles de lápices de colores, para ofrecer a la vida una imagen con color diferente, necesariamente y en estos momentos, para cambiar las miradas y para asumir mejor nuestros estados de ánimo en la búsqueda de un mundo mejor. La mejor noticia.

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¡Paz y Libertad!

Donald Trump, líder confeso del neototalitarismo mundial

Hannah Arendt, Sobre la naturaleza del totalitarismo

Para combatir el totalitarismo, solo es necesario comprender una cosa: se trata de la negación más radical de la libertad.

Hannah Arendt, en Sobre la naturaleza del totalitarismo. Ensayo de comprensión.

Sevilla, 8/I/2026 – 09:20 h UTC (CET+1)

Lo que acaba de suceder en Venezuela, con la “extracción” (detención, secuestro) de su presidente Nicolás Maduro, por mandato expreso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, eufemismo insultante para el sentir democrático con conciencia de clase y contado al mundo como una película de terror americano, exportada al orbe terráqueo como aviso para navegantes demócratas, nos debería llevar a una reflexión profunda sobre el neototalitarismo liderado por el artífice de esta acción impresentable, Donald Trump, desde el respeto debido a la integridad política y territorial de los Estados, del Derecho Internacional, no debiéndose admitir de forma alguna esta forma de proceder, una violación flagrante del derecho de soberanía de un Estado.

Para este ejercicio de comprensión de lo sucedido, me he puesto manos a la obra, recordando dos obras maestras sobre el totalitarismo mundial escritas por Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo (1951) y una segunda, Sobre la naturaleza del totalitarismo (1994), editada por Jerome Kohn, que es la que leo de nuevo con interés casi reverencial, que contiene dos artículos de la autora publicado el primero en 1954 y el segundo sin datar, que ayudan a comprender el significado de esta realidad política que nos invade en la actualidad por tierra, mar y aire, en los que “Arendt profundiza en el análisis del fenómeno totalitario y en los rasgos que lo distinguen de las formas tradicionales de la tiranía, el despotismo y la dictadura, y, mediante el diálogo con Montesquieu y Kant, aborda el papel que en el totalitarismo desempeñan el terror, la ideología y el aislamiento del individuo” (1). ¿Nos suenan estas palabras, terror, ideología y aislamiento individual, al conocer lo sucedido en Venezuela con el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro?

Con independencia de la catadura personal, política y ética del expresidente Maduro, del que no comparto nada, es más, detesto, lo sucedido es una muestra evidente del neototalitarismo que ejerce sin rubor alguno el presidente de Estados Unidos, que contiene una ideología compatible con lo expuesto por Arendt en la obra referenciada.

Si aplicamos lo expuesto por Arendt a la realidad política mundial, tras el primer año terrible del emperador Trump, coronado de nuevo con lo ocurrido en Venezuela, vemos que el fenómeno neototalitario que nos asola cumple todos los principios enunciados por Arendt. Respecto del terror, se aplican nuevas formas sofisticadas como es inocular en el mundo, a través de los medios de comunicación y redes sociales controlados por el nuevo régimen americano, la sorpresa diaria del miedo por lo que se le ha ocurrido hoy a Trump y al entorno MAGA (¡Que América vuelva a ser grande!), sin saber qué pasará mañana, porque hace unos días fue la maniobra “impecable” en Venezuela, pero ayer fue la muerte de una inmigrante tiroteada por agentes federales en Minneápolis, en una más de las redadas antiinmigración ordenadas por Trump, que tanto daño viene haciendo a esta población tan extendida en el territorio americano. En los días próximos, iremos viendo también cómo se desarrollan los avisos dados acerca de la posible intromisión MAGA en Groenlandia, Colombia o Cuba, sin ir más lejos, sin olvidar la invasión geopolítica y financiera en Gaza y, dentro de poco, en Ucrania, así como los terribles daños colaterales derivados de todas las firmas de órdenes ejecutivas implacables sobre aranceles y contra los que menos tienen, pobres propios y ajenos (desaparición de la USAID) e inmigrantes presentes en todo el país, desde su toma de posesión el 20 de enero de 2025.

Respecto de la ideología, está muy claro que el manual MAGA, justifica todos y cada uno de los desmanes totalitaristas trumpianos, que forman parte de su ideario, que se cuentan por miles desde que Trump llegó al poder, caiga quien caiga y cueste lo que cueste, todo bajo el eslogan ¡Que América vuelva a ser grande! Es obvio que la doctrina neototalitarista MAGA de Trump necesita difundir la nueva concepción de su figura como dictador, normalizado como salvador del mundo, asunción política que ejerce a diario sin pestañear un solo segundo.

El tercer principio neototalitarista, referido al aislamiento del individuo, trata de reconvertir el concepto de Estado, de comunidad, de derechos, quedando distorsionados hasta lo irreconocible. El individuo queda desprotegido de todo por parte del Estado, solo ante el peligro de lo que decida un ser supremo, como Trump, como nuevo salvador del mundo porque él, solo él, está capacitado para definir el nuevo orden mundial. Arendt lo deja muy claro en Sobre la naturaleza del totalitarismo. Conviene leerlo de nuevo, no sólo para estar preparados, sino para saber “comprender” lo que está sucediendo y reaccionar ante tan lamentable espectáculo totalitarista mundial, del que desgraciadamente algún día podremos ser protagonistas directos en Europa y, obviamente, en nuestro país, como víctimas propiciatorias de un nuevo orden mundial, por la tibieza mostrada por los dirigentes políticos actuales, ante lo que estamos viendo y está pasando a diario.

(1) Hannah Arendt, Sobre la naturaleza del totalitarismo, Barcelona: Página Indómita, p. 9. Traducción de Roberto Ramos Fontecoba.

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