Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921 – Ciudad de México, 2003)
Sevilla, 9/VIII/2026 – 10:04 h CET (UTC+2)
No se habla de otra cosa en el país, que si el eclipse se verá mejor en tal sitio o en tal otro, pagando una millonada, que será un día histórico, que si las mejores gafas para contemplarlo son de tal marca, que si patatín, que si patatán. Eso sí, todo controlado por el poderoso caballero don dinero, bajo los mandatos de una mercadotecnia arrolladora y no inocente.
En este contexto astronómico, con la que de verdad está cayendo en el país, en una cuenta atrás democrática casi olímpica, he recordado un microrrelato de Augusto Monterroso, El eclipse, que recomiendo leer con atención, porque nos deja mensajes muy sabrosos para estos segundos estelares del próximo 12 de agosto. Pasen y vean. Lo he leído en muchas ocasiones, sobre todo como símbolo de lo que verdaderamente ensombrece la Hispanidad, tan traída y llevada con Latinoamérica. Para estos momentos estelares, también es válido.
El eclipse
Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlos. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitivamente. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles.
Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de ese conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
Los mayas sabían mucho de su pasado presente, igual que los aimaras o los aztecas en México. No les hacía falta la insolencia divina y humana del fraile sabiondo que quiso remedar al sabio sol de aquellas tierras, intentando predecir su futuro personal, cuando los que le rodeaban solo conocían el pasado presente a través de los siglos. Al buen entendedor, pocas palabras bastan, porque la inculturación de la mal llamada “conquista de América”, es la que sabemos que ocurrió y no con las mejores artes por parte de la Iglesia del siglo XV y siguientes, es decir, el proceso de integración de muchos territorios “conquistados” para la Hispanidad, en la cultura y en la sociedad de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con la que entró en contacto desde el descubrimiento de América por los españoles, cuando no se respetaron las culturas y creencias propias que ya estaban allí desde hacía muchos siglos antes de que llegara la evangelización a sus tierras y parentelas. También por reyes conquistadores que asolaron tierras fértiles y con personas dentro.
Al final, un eclipse acabó con aquella aventura de Guatemala, por la insolencia del poder divino sobre el rey Sol de toda la vida. El eclipse próximo pasará y sería aleccionador quedarnos con el profundo mensaje de Monterroso en su precioso relato. En pleno frenesí del eclipse en España, no deberíamos olvidar la sabiduría del pueblo maya, para bajar nuestros humos científicos y turísticos, porque Monterroso nos enseñó que ellos ya conocíanlas infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Romero Martínez, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, en el salón de actos de la Sociedad Económica de Amigos del País, en Sevilla, el 16 de diciembre de 1927 / Sin firma, atribuida a Pepin Bello y publicada en El Liberal, el 17 de diciembre de 1927
Mas el trabajo humano, Con amor hecho, merece la atención de los otros
Luis Cernuda, A sus paisanos, en La desolación de la quimera (La realidad y el deseo)
Sevilla, 8/VIII/2026 – 17:14 h CET (UTC+2)
El pasado 27 de julio, el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, inauguró en una céntrica calle de esta ciudad, Tetuán, una placa de bronce en homenaje al poeta Luis Cernuda, formando parte del Paseo de los Poetas de la Generación del 27, con el patrocinio en esta ocasión del Colegio de Abogados de Sevilla, recordando la titulación académica del poeta. Está situada allí porque en esa calle se encontraba en 1927 el Ateneo de Sevilla, institución que gracias al buen hacer de su presidente y del responsable de Cultura, José María Romero Martinez (el quinto por la izquierda en la foto de cabecera), con la inestimable y reconocida colaboración del filántropo, dramaturgo y torero, Ignacio Sánchez Mejías, al que se ha dedicado la primera placa ya colocada en el Paseo, propiciaron un encuentro de poetas el 16 de diciembre de 1927, que abrió el camino de reconocimiento desde entonces de un nuevo movimiento literario, los poetas de la generación del 27, en un acto de inauguración del evento celebrado con motivo del tercer centenario del nacimiento del poeta y dramaturgo cordobés, Luis de Góngora y Argote.
Placa en bronce, como homenaje a Luis Cernuda, en el Paseo de los Poetas de la Generación del 27, en la calle Tetuán, en Sevilla
La inauguración de esta placa no está exenta a día de hoy de polémica, al haberse denunciado por parte de herederos del poeta que tiene tres errores: el acento en el nombre “Luís”, la inclusión del segundo apellido, Bidón, al que el poeta no tenía aprecio alguno, como lo demuestran las firmas autógrafas de sus obras y en su vida privada, así como un espacio en blanco antes de la fecha de su fallecimiento, que no figura antes del guion de separación de la fecha de nacimiento. Lamentable, mucho más si recuerdo en este momento unos versos tristes, transidos de dolor, que llevo escritos en mi persona de secreto, dirigidos “a sus paisanos”, sevillanos por supuesto, en La desolación de la quimera, al no valorar su trabajo poético, su obra en general: “Mas el trabajo humano, con amor hecho, merece la atención de los otros”. Sin más comentarios, respecto de la placa actual, en su fondo y forma.
De todas formas, quiero quedarme con el vaso medio lleno de esta iniciativa municipal, el Paseo de los Poetas de la Generación del 27 (yo incluiría también a las Poetisas, que haberlas hubo), que como se comunicó oficialmente, “es un homenaje impulsado por el Ayuntamiento de la ciudad […], en la calle Tetuán, escenario histórico de los encuentros que dieron origen al movimiento literario más trascendente del siglo XX en lengua española. Esta iniciativa, puesta en marcha a través de la Gerencia de Urbanismo, se integra dentro del programa de actividades diseñado por el Consistorio para conmemorar el centenario de una de las generaciones más brillantes de la cultura española contemporánea. […] Queremos que esta celebración trascienda a las instituciones y se convierta en una tarea compartida por universidades, academias, fundaciones, entidades culturales, empresas y ciudadanos. Que toda Sevilla se sienta partícipe de una efeméride que reivindica nuestro pasado, pero que también mira al futuro. Queremos que la ciudad vuelva a ser referente cultural y literario de primer nivel, la gran capital de las letras en España”.
Igualmente, se ha comunicado que el Paseo de los Poetas del 27 es un proyecto mediante el que se propone “transformar el propio pavimento de esta emblemática vía del casco histórico, donde estuvo ubicado el histórico Ateneo de Sevilla, en un espacio de memoria viva. A lo largo de la calle se dispondrán placas de bronce de 35 x 35 centímetros, integradas en el suelo, en las que figurará el nombre de cada uno de los miembros de la Generación del 27. De este modo, el paseo urbano se convertirá en un recorrido cultural y emocional, en el que vecinos y visitantes caminarán literalmente sobre la huella de quienes renovaron la poesía, el teatro y el pensamiento estético del siglo XX. Cada placa recogerá el nombre del poeta o poetisa homenajeado, sus años de vida y los símbolos que identifican tanto a la ciudad como a la conmemoración centenaria. El proyecto tiene un carácter participativo: instituciones, empresas, colectivos y ciudadanos patrocinarán las placas de los distintos miembros del grupo.
Comunicado lo anterior, me interesa señalar hoy que la conmemoración oficial del aniversario del centenario del encuentro histórico que dio origen al grupo del 27, se celebrará el 16 de diciembre de este año, coincidiendo con la apertura de la Casa Luis Cernuda, uno de los grandes proyectos patrimoniales y literarios del Ayuntamiento, después de un tortuoso recorrido que he recogido en este cuaderno digital en años anteriores, para respetar la memoria histórica del proyecto controvertido de la Casa Luis Cernuda (sin Bidón, su malogrado segundo apellido).
Está previsto que a partir de esa fecha emblemática, 16 de diciembre de 2026, se llevará a cabo una programación “que incluirá la gran exposición que acogerá la Real Fábrica de Artillería, en colaboración con la Junta de Andalucía, y un congreso organizado conjuntamente con la Universidad de Sevilla, el Ateneo de Sevilla y la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. El programa se extenderá hasta diciembre de 2027”.
El Ateneo de Sevilla, institución que hizo posible aquel encuentro fundacional de 1927, será junto al Ayuntamiento uno de los principales actores de esta conmemoración. El alcalde hizo hincapié en el carácter colectivo del proyecto: “Este homenaje no puede ser solo del Ayuntamiento, sino de toda Sevilla».
Una cosa más, porque es justo y necesario reconocerla hoy. El Estado, a través del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, publicó al comienzo de este año, en el Boletín Oficial del Estado, un Real Decreto (53/2026, de 28 de enero), por el que se creaba y regulaba la Comisión Nacional para la conmemoración del Centenario de la Generación del 27. Su exposición de motivos es muy clarificadora en su responsabilidad institucional de Estado en relación con este evento: “En 2027 se cumplen cien años del acontecimiento que dio nombre a un grupo poético de enorme significado y relevancia en la historia y la literatura españolas: la Generación del 27. La celebración del III Centenario de la muerte de Góngora en el Ateneo de Sevilla reunió a una serie de escritores dispares en edad, intereses y estilos, pero de una extraordinaria inteligencia, sensibilidad y poder expresivo. Aunque la literatura fue su principal dedicación, sus inquietudes los empujaron a relacionarse con otras artes, como el cine o la pintura, y su cosmopolitismo favoreció una estimulante apertura a las vanguardias que por entonces recorrían Europa. Todos compartieron un fuerte amor por la cultura y el ser humano, y también destacaron por un sólido compromiso con su tiempo y, en su momento, con la República, como demuestra la participación de varias de estas personas en las Misiones Pedagógicas o el proyecto de La Barraca. La Guerra Civil y la represión posterior marcaron un fin abrupto a una generación inolvidable; algunas personas acabaron asesinadas, como Federico García Lorca, y otras se vieron obligadas a partir al exilio, contribuyendo así a la riqueza cultural de los países de acogida. Hacía tres siglos que no confluía en la literatura española un grupo creativo de un talento tan indiscutible. En el caso de la Generación del 27, a su contribución a la cultura se sumó su gran relevancia e influencia en la vida cultural, social y política de su tiempo. Las circunstancias históricas, con el exilio masivo de los supervivientes y el largo periodo de la dictadura, no han permitido que se haya rendido un homenaje a la altura de sus méritos a toda la generación en su conjunto, si bien su talento fue distinguido a título individual de muchas maneras, incluido el Premio Nobel de Literatura concedido a Vicente Aleixandre en 1977. Este real decreto pretende, además, poner especial énfasis en la recuperación y visibilización de las mujeres escritoras y creadoras de la Generación del 27, que fueron preteridas por su condición de mujeres, colocándolas en el centro del centenario: «Las Sinsombrero».
Lean esta disposición completa, que ayuda a comprender el contexto del Paseo de los Poetas de la Generación del 27, creado en Sevilla. Luis Cernuda está ya presente en nuestra calle Tetuán, nos abrirá las puertas de su casa en esta ciudad en la calle Acetres el próximo 16 de diciembre y será la ocasión de que esta ciudad le demuestre que “sus paisanos” le reconocen su trabajo, “con Amor hecho” y que lo respetarán y cuidarán con esmero.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Hoy se recuerda amargamente el ochenta y un aniversario del ataque nuclear a Hiroshima en 1945. En Nagasaki se repitió el ataque el día 9. Con este motivo tan especial y con profundo respeto a la memoria histórica y democrática mundial, vuelvo a recuperar las palabras que escribí en 2017 recordando un hecho insólito, la recuperación de un piano que fue testigo de aquella tragedia, entregándonos metafóricamente su alma, como la de los violines cuando nos entregan también su esencia a través de ella, como pieza clave de ese bello y frágil instrumento.
En estos momentos difíciles para la democracia mundial, vuelvo a escucharlo con una canción de fondo muy querida por el pueblo japonés, Furusato (El pueblo donde nací), porque nos recuerda que debemos volver cada día a nuestro rincón de paz. El piano, la intérprete, los niños y niñas que cantan y la propia canción tienen alma. Y ¿qué es el alma? No hace mucho tiempo, descubrí una respuesta a través de la literatura, en un libro precioso escrito por Mario Satz, “El alfabeto alado”: “Entre el alma humana y las mariposas existe un estrecho parentesco: lo que en una es oscilación y ascenso en las otras es aleteo y color. Aristóteles fue el primero en acuñar la palabra «psique» para designar ese nexo, y, tras él, poetas y pintores representaron el alma alada, frágil e inasible pero hermosa». Lo asombroso es que el piano de Hiroshima también tiene alma: oscilación y ascenso en sus notas, pero también aleteo y color.
oOo
El piano de Hiroshima
Sevilla, 14/XII/2017
Hay noticias que pasan sin pena ni gloria a pesar de su trascendencia. El pasado domingo se entregó en Oslo el premio Nobel de la Paz a la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares. El día siguiente, se celebró un concierto en honor de los ganadores del premio Nobel en el que hubo un protagonista especial, un piano Yamaha superviviente del ataque nuclear de Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Me parece un homenaje con música a un hecho vergonzante para la humanidad y que pervive en la mente del pueblo japonés a pesar del tiempo transcurrido. Como testigo de cargo, el piano todavía mantiene niveles bajos de radiación y se observan en su lacado negro restos de cristales que saltaron por la onda expansiva de la bomba al estar en su radio de acción.
Creo que es una imagen preciosa para recordarnos algo que pervive a través de los siglos, como expresión de paz en momentos de sufrimiento para las personas: Musica laetitiae comes, medicina dolorum, es decir, la música es compañera en la alegría y medicina para el dolor. Lo sigue siendo en ambos mensajes porque ese piano, testigo vivo de una historia que no se debería haber contado jamás, nos entrega alegría a través de composiciones interpretadas por manos maestras. Al mismo tiempo, es medicina para el dolor de la memoria no olvidada.
Mitsunori Yagawa (65 años) ha manifestado recientemente (1) que «Durante el bombardeo de Hiroshima, todo lo que había en los dos kilómetros de la zona cero fue quemado y destruido. Este piano estaba dentro de este límite y sobrevivió milagrosamente». Él ha restaurado el piano y ha tocado en innumerables conciertos por la paz.
El piano tiene un nombre propio: Hibakupiano (el piano bombardeado). Para que no lo olvidemos, aunque se esfuerza, en los conciertos actuales, en entregarnos algo que siempre lleva dentro desde su fabricación en 1938. Los supervivientes que estaban cerca del piano callan todavía hoy porque no quieren hablar de aquella desolación. Entre ellos, el padre de Mitsunori Yagawa. Pero él nos muestra a través de la música la otra cara del horror, con objeto de que no se repita esa página tan triste en la historia de la humanidad.
En el vídeo que encabeza este post, se interpretan en el piano Hibaku tres obras breves de Chopin y Teiichi Okano. Me he detenido en la última porque es una canción que todos los niños y niñas japoneses aprenden en la escuela pública. Se llama Furusato (el pueblo donde nací) y es sobrecogedor cómo las personas asistentes a este concierto acompañan a la pianista Aimi Kobayashi con una letra de recuerdos especiales para todos, cantando al mundo cómo debemos volver cada día a nuestro rincón de paz:
Perseguía conejos en aquella montaña. Pescaba pececillos en aquel río. Aún hoy retornan aquellos sueños. No puedo olvidar mi pueblo natal.
Padre, madre, ¿se encuentran bien? ¿Estarán bien mis viejos amigos? Hasta cuando la lluvia cae y el viento sopla, afloran los recuerdos de mi pueblo natal.
Algún día, cuando haya hecho realidad mis sueños, volveré. Donde las montañas son verdes, a mi pueblo natal. Donde las aguas son claras, a mi pueblo natal.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Imagen oficial de la UMFP (Unión Marroquí de Futbolistas Profesionales)
Sevilla, 5/VIII/2026 – 11:16 h CET (UTC+2)
Faten Ben Omar El Azizi, con tan sólo veinte años, que jugaba al fútbol en el club Moghreb Atlético Tetuán, murió el pasado jueves, cuando intentaba alcanzar a nado la costa de Ceuta en busca de un futuro mejor. Nunca será una noticia de portada, pero gracias a un reportaje publicado hoy en elDiario.es, he podido conocer un ejemplo conmovedor de la auténtica cruz del fútbol mundial, frente a la cara que circula hoy de Lamine Yamal, aunque sólo sea por aproximación de origen.
Una frase de la madre, expresa con profundo dolor lo ocurrido: “Yo sabía que mi hija quería ir a Europa, lo estaba intentando a través de su pasión, el fútbol. Jugaba desde los siete años. Tiene que quedar claro: no he enviado a mi hija a cruzar la frontera. ¿Tú crees que todas las madres que lloramos su pérdida o desaparición han mandado sus hijas a morir? Faten no solo era mi hija, también era mi amiga”.
Con la resaca del mundial y con el importante resultado final para nuestro país, he creído justo y necesario recordar hoy a esta jugadora marroquí de fútbol, que creyó que otro mundo futbolístico era posible en Europa, lanzándose al mar en una aventura hacia lo desconocido, pero que refleja la situación de desamparo juvenil que atraviesa el país vecino, sufriéndolo ella en su condición de mujer que abraza un deporte de corte profundamente masculino en su país. En Marruecos las mujeres no pueden vivir del fútbol, tal y como cuenta la madre de Faten Ben Omar El Azizi: “A ella solo le pagaban algo cuando ganaban algún partido. Si perdían, nada. Le ponía muy triste”.
La migración es un hecho irreversible en el mundo al revés actual. Por eso estoy muy preocupado con la deriva de nuestro país, donde la derecha con piel de cordero y la ultraderecha han tratado el problema de Ceuta de forma despiadada, apoyados por la Unión Europea en un acto que deja ver las costuras antiinmigracionistas europeas de forma cruel y descarnada.
Otro aviso más ante el ocaso de la democracia en nuestro país. Lean el reportaje citado, como homenaje póstumo a esta joven jugadora de fútbol marroquí, que soñó que llegando a nado a Ceuta podía comenzar un futuro prometedor. También, a los casi 90 jóvenes y niños que han muerto, junto a ella, en el intento de alcanzar algún día algo tan importante como poder vivir dignamente en un mundo mejor.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
[…] El tema 83, la democracia, el ácido sulfúrico, los ceros, el tacón, las hambres, el casamiento orgánico.
De este mundo los dos sabemos poco. Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo.
Rafael Ballesteros, Ni yo tampoco entiendo
Sevilla, 4/VIII/2026 – 11:13 h CET (UTC+2)
He escrito bastantes veces, en este cuaderno digital, sobre algo que me preocupa en estos difíciles días para el país, porque mi generación sabe mucho de desconcierto existencial bajo el yugo de una dictadura, en la que teníamos claro que el país sólo tenía interés personal y social si iba hacia adelante, hacia la consolidación plena de la democracia. Ya la tenemos, sin lugar a dudas, pero malherida y en pleno ocaso mundial y nacional, lo que nos lleva a un nuevo desconcierto político en este país tan dual y cainita, trufado de corrupción reciente desde la izquierda, que tanto nos duele, aunque Terencio nos recuerde cada segundo vital que “nada humano nos es ajeno”.
Lo he manifestado públicamente en este cuaderno digital a lo largo de sus veinte años de amable existencia: en el álbum musical de mi vida ocupa un sitio privilegiado una canción muy breve interpretada por Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo, con letra del poeta malagueño Rafael Ballesteros, que procuro aplicarla todos los días por su mensaje final. Estamos viviendo unos momentos dramáticos para el país, para su supervivencia democrática pura, por la corrupción en la cúpula directiva y algunos asociados, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) o la causa abierta contra el expresidente Zapatero, que afectan directamente a la credibilidad del Presidente del Gobierno, por razones obvias, por decirlo claramente y sin medias tintas.
Por esta situación, vemos inmerso el país en un desconcierto político mayúsculo, de consecuencias todavía desconocidas por el avance de las alianzas PP-VOX, pero que intuimos que no es para nada bueno. Por estas razones también, creo que los demócratas, sin excepción, estamos obligatoriamente obligados a entendernos: partidos políticos y ciudadanía, casi por igual, tanto monta monta tanto, porque frente a lo que está pasando, en democracia somos dueños de nuestro destino, algunos con más ensoñación democrática de su destino que otros, cada uno con su cadaunada, con su ideología y su búsqueda de puntos de encuentro, constitucionales por supuesto, para romper el bloqueo político actual, que se evidencia en el Congreso, que nos lleva al estancamiento insufrible en el que nos encontramos, por la obstrucción permanente de la oposición en su creencia lamentable de que el actual gobierno “no es legítimo” y corrupto.
Los más antiguos del lugar recordarán una preciosa canción de Aguaviva, Ni yo tampoco entiendo, en sus estrofas finales sobre nuestro destino: “De este mundo los dos sabemos poco. / Y sin embargo, estamos aquí, obligatoriamente obligados a entenderlo”. En tal sentido, recuerdo lo que dijo el escritor Manuel Rivas en una columna del superdomingo electoral de mayo de 2019, en el diario El País, hablando de lo que hace verdaderamente daño a la política, nacional y europea: “Hay mucha gente desencantada de la política, tal vez porque tenía de ella una visión providencial. Yo no estoy desencantado, ni encantado, porque no espero milagros. Me parece suficiente milagro una política que no haga daño. Aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”.
Aquella canción nos dejaba inquietos ante el permanente mundo al revés, tan frecuente en nuestras vidas:
Ni yo tampoco entiendo si se me abre el grifo y sale una bala tras otra bala, si abro la puerta y se nos entra el fusilado y cierro y se me queda fuera el dedo, si unto amor en el labio entreabierto y nada, si miro al muro y todavía distingo los boquetes
Todo lo que viene ocurriendo estos días atrás, trufado de continuos informes elaborados por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, bajo supervisión judicial, echan por tierra la ideología que la izquierda, representada en este caso por el PSOE, que estaba obligatoriamente obligado a proteger y defender siempre: prestar los mejores servicios públicos a la sociedad, de forma limpia y transparente, teniendo en cuenta -solo y exclusivamente- el interés general de la población a la que el gobierno constituido sirve, teniendo en cuenta sobre todo a los más débiles, a los que menos tienen, a los que no tienen trabajo, a los que necesitan estructuras sanitarias públicas saludables para vivir y llegar a ser mayores con todas las garantía sociales que ofrece el Estado de Bienestar.
Creer en el interés público, el general, en el que tanto insiste la Constitución actual, por encima del personal o el de partido con siglas concretas, es la única solución para caracterizar la dignidad de un partido político, en este caso el PSOE y por extensión a quien ostenta en nombre de ese partido la presidencia de este país, aunque siga personalmente creyendo en su limpieza ética de gobierno. Merece la pena que la izquierda se entienda urgentemente en este galimatías de corrupción, incluso con la aceptación de una convocatoria de nuevas elecciones para que el pueblo decida ante la situación actual insostenible, aunque nos duelan desde la izquierda los presagios de una llegada en tromba de la derecha ultramontana, porque en la izquierda digna se sabe que mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pasen las personas libres para construir una sociedad mejor. Palabras de Allende y ¿por qué no?, nuestras. Para quien las quiera seguir escuchando y practicando a pesar de todo. A mí, me quedan.
Las estructuras tradicionales de la política en este país a través del bipartidismo han desaparecido, por mucho que a algunos votantes les cueste creerlo. El multipartidismo ha venido para quedarse definitivamente en el Congreso y en el Senado. Tenemos que reconocer que de este mundo de la política de pactos, legítimos por supuesto, frente a sus detractores, sabemos poco, pero estamos aquí obligatoriamente obligados a entenderlo. Por encima de todo, amamos una política que no haga daño, “aunque imperfecta, que no cause desperfectos. Que no penalice la libertad, que no normalice la injusticia, que frene la guerra contra la naturaleza. Una política que no se nos caiga encima”. La izquierda constitucional está obligatoriamente obligada a entenderse por el bien de todos los ciudadanos que vivimos en este país tan heterogéneo por sus territorios, lenguas, creencias y culturas, y que, con el día a día de nuestro voto, aspiramos a vivir en paz en él y sin hacernos daño.
¿Reflexión buenista de un optimista redomado? No, aplicación del principio de realidad de un pesimista bien informado (Benedetti, dixit) sobre lo que está ocurriendo y estamos viendo, con profundo dolor ideológico desde la izquierda digna.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
¿Qué iba a haber escrito desde mi vida? Demasiado he hecho. Queramos o no, el hoy inmediato y el mañana es del pueblo.
Blas de Otero, en una carta dirigida a Vicente Aleixandre en 1955.
Sevilla, 3/VIII/2026 – 08:56 h CET (UTC+2)
La empresa donde tengo alojado mi cuaderno digital, me recuerda a diario lo artículos que escribí tal día como hoy, el año pasado y anteriores. Lo llaman “edición en retrospectiva”. La verdad es que se convierte en un examen temporal para valorar si sigo siendo el mismo, respondiendo a uno de mis grandes principios: verba volant, scripta manent o lo que es lo mismo, las palabras (habladas) vuelan, las escritas permanecen. He vuelto a leer el artículo de 2025 y suscribo todas y cada una de sus palabras, actualizando sólo alguna cuando lo considero necesario. En este caso, ‘verba manent’.
Es verdad que en estos primeros días de agosto me suelo refugiar en la poesía, porque sé que está elaborada con palabras que llevan el alma dentro, que es de lo poco que nos queda como algo personal e intransferible, en el proceso de creación desde el cerebro de cada uno, cada una.
Si a alguien le debo la localización de este refugio anímico es al poeta Blas de Otero, de quien aprendí el valor laico de la palabra, porque en mi infancia en tierras de Castilla, me enseñaron sólo su valor sagrado, en un juego de palabras bastante enrevesado para un niño: el Verbo se hizo Carne. Así, sin más explicaciones, porque todo era un asunto de fe.
Por estas razones, vuelvo a publicar hoy el artículo que en 2023 dediqué a un poeta especial, Blas de Otero y la palabra que le quedaba en agosto de 1955, porque él me enseñó el auténtico valor de la palabra, sobre todo en tiempos difíciles como los actuales, tan maltratada, ninguneada, manipulada, adulterada y utilizada de forma violenta contra todo el que no piensa de forma uniforme, mediocre, capitalista, dictatorial o… fascista, por resumirlo en una palabra.Sobre todo, porque aprendí de él algo que me impactó mucho cuando dijo que, ante las adversidades de su vida, “yo no me desanimo y llegaré a la muerte deshecho pero no vencido”. Hermosas palabras, que en mí quedan.
Buscando islas desconocidas en este mes de agosto tan especial, he encontrado una carta del poeta Blas de Otero (Bilbao, 1916 – Majadahonda, Madrid, 1979) dirigida a Vicente Aleixandre, el 18 de agosto de 1955, que me ha parecido una lección histórica de importancia capital para conocer a este poeta, con una trazabilidad familiar muy compleja y desde el punto de vista existencial también, con pérdida de fe incluida:
Querido Vicente: Te escribo esta carta aunque me da vueltas la cabeza, pero estoy tan solo que necesito hablar con alguien y creo que mejor que contigo… Por eso tu carta me hizo como siempre mucha compañía y además el regalo que me anuncias, yo sé que tú me has visto bien aunque yo me enseño tan poco y por eso lo que escribas estará bien y lo de menos es el estilo que es tan puro («buen sentido…») como he visto en el de Hidalgo. Pero pasa luego que la vida, no acabo de poder con ella, no me tengo a mí mismo, esta es la verdad y encima han sucedido tantas cosas, y las verdaderas son las que no sabe nadie no las que dicen. Pero tú ya sabes que yo no me desanimo y llegaré a la muerte deshecho pero no vencido. Yo no miento pero mi libro que quieren darlo en «Cantalapiedra» no sé qué hacer no me considero al nivel de mi palabra, ojalá fuese cierto lo que en este sentido dicen. Lo de menos es que los poemas sean regulares para mí, pero es lo que publiqué, no para otros, pero la conciencia es cada vez mayor, me está resultando ya monstruosa. ¿Qué iba a haber escrito desde mi vida? Demasiado he hecho. Queramos o no, el hoy inmediato y el mañana es del pueblo. Yo no escogí mi sitio de nacimiento y luego toda esta España, la de los periódicos y la censura que no es broma en mi caso y el no tener ahora un medio de vida todavía, ni la mujer, pero así es más bonito, lo que hace falta es que tenga fuerzas que vencimiento jamás lo tendré. Perdona todo esto, Vicente. Es para ti, claro, por eso lo he hecho. No sé qué contarte de otras cosas, ahora no tengo ganas.
Un fuerte abrazo
Blas
Dámaso no me envió el libro, será el verano, ya lo recibiré.
En el contexto de su situación personal, en una revolución interior constante hacia la poesía social, cuando dice “Cantalapiedra” se refiere a su obra Pido la paz y la palabra, que se publicó ese año, 1955, en Ediciones Cantalapiedra, en Torrelavega (Santander), siendo la palabra lo único que de verdad le quedó siempre y que tan maravillosamente nos legó en un poema de este libro que no olvido, En el principio, que he citado en numerosas ocasiones en este cuaderno digital:
Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada, si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria, si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra.
Al leer varias veces la carta dirigida a su amigo del alma, Vicente Aleixandre, he comprendido mejor que nunca este poema tantas veces citado por mí y que permanece intacto en mi persona de secreto. Aún así, he querido compartirlo hoy de nuevo, comprendiendo la soledad sonora de Blas de Otero: ¿Qué iba a haber escrito desde mi vida? Demasiado he hecho. Queramos o no, el hoy inmediato y el mañana es del pueblo. Para que no se olvide, en momentos de turbación política, ni siquiera un momento, siguiendo sus pasos cuando decía que “yo no me desanimo y llegaré a la muerte deshecho pero no vencido”.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Tengo asociado el mes de agosto con la cultura guanche y por esta razón publico hoy, de nuevo, un artículo que cuando vivo mi agosto particular, siempre lo recuerdo desde hace ya bastantes años, porque no olvido que agosto es «Beñesmer», con una traducción preciosa, «Luna de Agosto», tal y como se conocía en la cultura guanche, porque era la festividad más importante de los aborígenes de las Islas Canarias. Era la fiesta de la cosecha y el día central del año de magos. En él, los guanches ordenaban los asuntos materiales, y festejaban y veneraban las tradiciones culturales y espirituales. Era considerada como el «Año Nuevo Guanche», que coincidía con la recogida de la cosecha.
Esta tradición cultural me parece extraordinaria, junto a otras muchas de nuestro país en este mes de canícula especial, forzada a extremos difícilmente sostenibles por el cambio climático, porque crea una identidad del tiempo en una cultura muy desconocida, teniendo en cuenta que el Imperio Romano apartó e intentó fulminar todas las culturas existentes en el mundo, conociendo, además, que el emperador Augusto hizo una de las suyas estableciendo este mes con su nombre y dedicado sólo por siempre y jamás a él.
La Historia es implacable y como buscador incansable de islas desconocidas, en las que suceden historias con minúsculas que engrandecen el alma humana, vuelvo a publicar el contenido que dediqué en 2020 a esta palabra guanche, Beñesmer, que tiene hoy un sentido pleno en momentos difíciles para el mundo en general. Espero que esta «luz de luna llena» de agosto no se apague en los días y meses venideros, porque el mundo y este país en particular, necesitan salir del planificado ocaso de la democracia, para que podamos emprender un nuevo camino vital con ilusiones temporales que lleven la luz de luna dentro.En este mes, Beñesmer, con más razón todavía, respetando la cultura guanche.
En la cultura guanche el mes de agosto se conocía como Beñesmer (Luna de Agosto). Dejamos por un momento la romanización del calendario, al haber dedicado este mes al emperador Octavio Augusto, que hizo lo indecible para que agosto no tuviera menos días que su antecesor, Julio, dedicado al emperador Julio César, porque entre emperadores estaba el juego, mejor dicho, el prestigio. Soy una persona enamorada de aquella tierra, Canarias, especialmente de Lanzarote, donde muchos veranos he recuperado su belleza lunar, su mar y su malpaís, algo tan contradictorio pero que César Manrique lo convirtió en algo muy bello. Recuerdo cómo Rafael Alberti expresó su impresión personal al describir aquella isla en una intervención inolvidable que hizo en 1979, en un acto cultural junto a Nuria Espert, en Los Jameos del Agua. Allí leyó un poema dedicado a César Manrique, que reproduzco íntegro por su belleza:
Lanzarote. Primera estrofa (31 de mayo de 1979)
A César Manrique, pastor de vientos y volcanes
Vuelvo a encontrar mi azul, mi azul y el viento, mi resplandor, la luz indestructible que yo siempre soñé para mi vida.
Aquí están mis rumores, mis músicas dejadas, mis palabras primeras mecidas de la espuma, mi corazón naciendo antes de sus historias, tranquilo mar, mar pura sin abismos.
Yo quisiera tal vez morir, morirme, que es vivir más, en andas de este viento, fortificar su azul, errante, con el hálito de mi canción no dicha todavía.
Yo fui, yo fui el cantor de tanta transparencia, y puedo serlo aún, aunque sangrando, profundamente, vivamente herido, lleno de tantos muertos que quisieran revivir en mi voz, acompañándome.
Más no quiero morir, morir aunque lo diga, porque no muere el mar, aunque se muera. Mi voz, mi canto, debe acompañaros más allá de las edades.
He venido a vosotros para hablaros y veros, arenales y costas sin fin que no conozco, dunas de lavas negras, palmares combatidos, hombres solos, abrazados de mar y de volcanes.
Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo. Siento que va a habitarme el fuego que os habita.
En 2014 publiqué un libro en este cuaderno digital, La Tegala de Saramago, dedicado al premio Nobel portugués, que vivió hasta su fallecimiento en Tías (Lanzarote), en un lugar que visité días después de su ausencia definitiva de esa tierra volcánica en 2010. Saramago, desde su tegala particular, nos ha dejado un legado de compromiso literario inolvidable. ¿Por qué la tegala de Saramago? Sencillamente, porque a él le gustaba incardinarse en la tierra que le acogió en 1993, en cualquier tierra que le respetara, y la tegala es un lugar de referencia para la población canaria, un lugar en altura suficiente para que los guanches pudieran comunicarse con señales de humo. Señales que desde Tías, desde la calle donde habitó y habitará por muchos años, La Tegala, Saramago hizo y hace al mundo entero para que nos comprometamos con la esencia de la vida, dejándonos llevar por el niño o la niña, ¿inocentes?, que todos llevamos dentro.
Mesa de trabajo de José Saramago, Tías (Lanzarote), agosto de 2010 / JA COBEÑA
Recuerdo como si fuera ayer la estancia en su biblioteca personal, que amablemente nos dejaron visitar. Su sencilla mesa de trabajo, unos libros con páginas marcadas por Pilar del Río, la manta roja de Ikea reposando en el brazo izquierdo del sillón que tantas veces lo acogió, diccionarios, bolígrafos, mapas, las mesas con correspondencia pendiente de responder, las estanterías llenas de escritura impresa facilitada por Saramago, traducida por Pilar del Río, en ese esfuerzo por entregarnos sus palabras a todas horas, para que todos lo comprendiéramos muy bien, levantándonos de cada suelo particular, en la interpretación de la ética que hizo en su momento López Aranguren, entendiendo la ética como el suelo firme en que se basan todas nuestras actitudes, la “solería” que vamos poniendo en nuestras personas de secreto a lo largo de la vida. Elefantes, libros, revistas, ediciones maravillosas de uno de mis libros preferidos: El cuento de la isla desconocida, que tantas veces regalo, incluso como ideario para familiares, amigos y funcionarios que en su día compartieron responsabilidades públicas en mi vida profesional.
En este beñesmer recuerdo los que he vivido durante bastantes años en aquella tierra tan acogedora que no olvido. Hoy he unido dos mensajes esclarecedores de Alberti y Saramago en referencia a la cultura guanche respetada hasta nuestros días. También, la obra ciclópea de César Manrique que siempre respetó la trazabilidad histórica del pueblo guanche que le permitió hacer su beñesmer tan particular. He leído muchos cuadernos de Saramago, en formato atómico y digital. Mi aprecio por la isla de Lanzarote me ha llevado siempre a buscar en cada página escrita en ellos, lugares y menciones específicas a una isla que tanto respeto por la vida y obra de César Manrique, pastor de vientos y volcanes, omnipresente en cada paso que das por sus dunas de lava negra, en la acertada expresión que le regaló Rafael Alberti, en una visita que hizo a Manrique en su casa, hoy Museo, de Taro de Tahiche: He venido a vosotros para hablaros y veros, / arenales y costas sin fin que no conozco, / dunas de lavas negras, / palmares combatidos, hombres solos, / abrazados de mar y de volcanes.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Estamos viviendo unos momentos complejos de incendios en nuestro país, en nuestra Comunidad, echando de menos la posibilidad de experimentar sensaciones amables en la oferta de pausas que ofrece el verano y que nos pueden aportar felicidad si la sabemos buscar. En este contexto desapacible, pero también de oportunidades, recuerdo que en 2021 escribí un relato amable sobre esta ciudad, mi cuna de nacimiento, que publiqué en este cuaderno digital como muestra de la maravillosa intrahistoria que lleva dentro y que deseo recuperar hoy como un conjunto de señas de identidad para realzar su auténtico valor multisecular. Su título, “Una sonrisa en el rostro de la vida”, realzaba una característica que recogió el gran escritor Stefan Zweig en una visita que hizo a Sevilla en 1905.
Vuelvo a publicarlo hoy, incorporando en su título la identidad del mismo, la ciudad de Sevilla, en la que su sonrisa muestra también otra reflexión de Zweig sobre ella: aquí se puede ser feliz.
El protagonista de este relato aprendió en su desembarco en la Gran Ciudad, Sevilla, en una orilla de su Río Grande, que allí podía ser feliz y que pasear por sus aceras jacarandosas le permitía, en su aparente soledad sonora, encontrar una preciosa sonrisa en el rostro de la vida. Sin olvidar la cara menos amable de la ciudad, donde sabía que la pobreza severa y exclusión social, con gran afectación en la población infantil, hacía estragos en barrios en los que su población sigue añorando hoy esta sonrisa en el rostro de su ciudad, junto a la ausencia de felicidad sentida.
oOo
Una sonrisa en el rostro de la vida
El paseante solitario de esta gran ciudad había llegado desde una isla desconocida con un libro, el único que le había permitido llevar consigo su nueva forma de vida y con una idea muy clara al alcanzar su nuevo destino: aquí se podía ser feliz. Mantenía en su memoria de secreto algo que había leído con respeto reverencial en su querido libro, porque al deambular por sus calles desconocidas y sentir como si de todos los rincones te acudieran los recuerdos, tenía la sensación de que le llamaban voces amigas en su nueva soledad sonora. Había leído que “el rostro de esta ciudad -porque las ciudades pueden ser como las personas: tristes y viejas, risueñas y jóvenes, amenazadoras y gráciles, dulces y afligidas-, le podía llegar a sonar como de una ciudad hermana, o de una imagen, de un libro, de una canción que ya había paseado, visto, leído o escuchado antes”. Todo era cercanía en esta acogedora ciudad, Sevilla.
Y se dio cuenta que era así, que todo lo que veía recordaba a otra ciudad, Salzburgo, que podía ser su hermana gemela, porque Mozart ya se había acordado de ella en una de sus obras. En ese paseo solitario había una contradicción de fondo, porque la vida que se respiraba a cada momento en un día de sol radiante y con un cielo azul de hermosa luz con su tiempo dentro, tenía un ritmo muy vivo, mostrando su gente una sangre muy viva a pesar del dolor por el que estaba atravesando en ese momento de la visita, una ciudad azotada por una pandemia reciente con problemas sociales que se podían apreciar en muchas esquinas. Pero Ella brillaba con su portentoso colorido, resplandeciente de alegría y estrechándote la mano a cada paso, lanzando al mundo un gran mensaje: aquí se puede ser feliz.
Todo lo anterior le recordaba algo que había leído en un libro de viajes de Stefan Zweig, con ocasión de una visita que hizo a una ciudad en 1905, de cuyo nombre quiso acordarse ahora, Sevilla, pensando que efectivamente “aquí se puede ser feliz” a pesar de todo. Y de forma decidida comenzó a buscar rincones que ya conocía por la obra de Mozart, pensando que la barbería de Fígaro iba a devolverle la comprensión de la relación de Don Juan y Carmen. En ese solitario libro que acompañaba a nuestro paseante por las aceras amables de esta gran ciudad, lee que Zweig “va en busca de la jovial barbería de Fígaro, suspirando por identificar, entre las numerosísimas casitas centelleantes, aquella en la que tuvo Don Juan esa encantadora y enrevesada aventura que nos relata Lord Byron en su poema. Aquí entona Fígaro sus cancioncillas, se oye a Carmen tararear sus habaneras, el arte ha repartido por estas calles sus símbolos más alegres, calles por las que ya trotó en su día el ingenioso hidalgo Don Quijote a lomos de su dócil Rocinante […] Sevilla no es el símbolo de España, pero sí su sonrisa”. ¡Qué hermosa definición de esta ciudad!
Nuestro paseante solitario recuerda también el paso de la civilización árabe por Andalucía, por esta ciudad, en la que es un oficio “el arte de vivir”, con huellas indelebles de este pasado cultural a lo largo de los siglos, detallando las casas y su distribución exterior e interior, con la incorporación de ventanas y balcones “rompiendo las paredes cerradas de los árabes”, llenando de luz las estancias. Fachadas de colores claros, puertas (abiertas, a falta de recelo y desconfianza), pasillos con azulejos, patios, flores, fuentes, “incluso en la judería”, cerca de la casa natal de Murillo. Había leído también que había que prestar una especial atención a la mujer de esta tierra y sobre todo en sus fiestas de primavera que, como las flores, tienen algo así como su belleza efímera, deslumbrado por la gracia en la forma de bailar flamenco. Lo pudo comprobar directamente, porque el baile -recordaba bien como lo decía Zweig- “es aquí lo que siempre ha de ser: un arte que surge de forma natural de la gracilidad del cuerpo, de sus movimientos, de sus gestos de deseo, de la excitación que produce el ritmo; no es un arte limitado al juego de piernas, sino que busca el placer y la alegría de ir trazando líneas, la flexibilidad y el cimbreo, un arte que trata de desarrollar todas las formas de belleza a que puede aspirar el cuerpo humano”.
A la vuelta de una esquina, en este paseo de los descubrimientos en una ciudad descubridora por historia, se acercó a un hamán sorprendente, con luceras o claraboyas por las que entraba la luz, intentando descifrar su forma estrellada de ocho puntas, aunque también detectó otras cuatro formas más de la simbología arquitectónica árabe, sirviendo a la vez de respiraderos de cada sala. También conoció los lazos en almagra, las pinturas de lacería que no son frecuentes en este tipo de construcciones árabes. Pasó bajo las cúpulas ocultas de la sala templada (conservando el nombre romano: tepidarium), en la entrada principal, así como en la sala contigua que correspondía a la sala fría (frigidarium), comprobando que quedaban algunos vestigios de la sala caliente (caldarium) y la entrada real de los baños, que hacían ensalzar la cultura árabe recorriendo estas instalaciones almohades.
El paseo por sus aceras y calles estrechas le recordaban que esta ciudad, como sonrisa del rostro de la vida, esconde un pasado lleno de sobriedad y grandeza. Sabía que Zweig conoció su Semana Santa, dedicando también unas palabras hermosas a la panorámica que ofrece la ciudad desde lo alto de su torre cristiana de nombre Giralda: “Al contemplar tamaña riqueza cromática se entiende bien que Velázquez y Murillo sean hijos de esta ciudad, pregoneros eternos de su belleza, de la misma manera que los dramas de Lope de Vega han dado testimonio de su historia, y los músicos han sabido expresar su jovialidad”.
A este paseante solitario esta gran ciudad le ofrecía muchas cosas: “el disfrute de una vida llena de colorido, el ritmo vivo que marca los acontecimientos y ese allegro que revela una felicidad profunda”. Y sabe que es también vanidosa, porque quien no la ha visto, no ha visto lo maravillosa que es y no es capaz de reprochárselo porque: “¿no es una maravilla el hecho de que los hombres y el destino trabajen juntos durante siglos para construir una ciudad, y al final resulte una sonrisa en el rostro de la vida?”.
Decidió dar una vuelta por los barrios antiguos de esta gran ciudad que, poco a poco, recuperaban su vida propia, volviendo la alegría en sus calles. Le hablaron de un artista muy querido en la ciudad de antes, El Pali, al que podrían susurrar a su oído, donde quiera que esté, alguna sevillana que se le pudiera ofrecer en clave de canto a la posibilidad de ser en la ciudad, en sus aceras de siempre: Ya no pasan cigarreras / por la calle San Fernando / con flores en la cabeza / y los mantones bordaos. / ¡Ay, Sevilla de mi alma! / que lo estás perdiendo todo, / los niños en la plazuela / cuando jugaban al toro. Muy pensativo, se preguntaba en su persona de secreto ¿por qué cantar esto en esta tierra donde se puede ser feliz? Pensó entonces en la magia de las ciudades y de sus barrios, que viene siempre desde abajo, desde su historia pasada y presente, desde las aceras de los encuentros ilusionados de personas que van y vienen alrededor de sus asuntos, haciendo un uso íntimo de ellas acompañados de una sucesión de miradas (Jane Jacobs).
El paseante solitario descubrió algo insólito: podía pisar una alfombra de color azul violáceo, elaborada con flores de jacarandá. Sevilla se llena de alfombras de esta flor dos veces al año, gracias al árbol traído desde América a través del Río Grande, el Guad-al-quivir. Comprobó que tenía que pasear con cuidado para no estropear estas obras de arte de la naturaleza en el amanecer precioso, cuando se ponen las aceras, en una ciudad diseñada por personas que fueron respetuosas a través de su historia multisecular con la naturaleza, la sociedad, sus habitantes y… Dios o dioses, cuatro creencias necesarias cuando se atraviesa cualquier encrucijada de la vida. Comprobó que por aquí y por allá se llenan las aceras de un manto de flores azules con tonos violáceos, acampanadas, que se entregan a millares como un regalo fuera de la dinámica de los mercados, porque todavía no es mercancía. Pudo observar que cualquiera puede recogerlas del suelo y preparar un ramillete de libre composición donde lo único que cuenta es la sensibilidad del respeto a un bien entregado por la propia naturaleza, que sabe lo que entrega aunque es probable que ella dude de qué es lo que este paseante solitario recibe.
Avanzando por sus aceras, constató que las flores de jacarandá disputan su posición en la ciudad con las buganvillas ante miles de ojos buscadores de otra forma de admirarse y ver como transcurre la cotidianidad de la vida vestida con vistosos colores, a modo de almas aladas como ocurre con las mariposas, porque saben que Antonio Machado recomendó cómo utilizar el campo de la visión personal e intransferible: “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”. Con él, este paseante solitario pisó las aceras-alfombras de jacarandá, buscando el sentido de un acertijo ético que escribió junto a su manera de ver a las otras personas, a la vida: Entre el vivir y el soñar hay una tercera cosa. Adivínala. Y entretenido con este deslumbrante paseo, buscando la mejor respuesta, la encontró también en él despertando a nuevas sensaciones en tiempos revueltos, de turbación, donde a diferencia de la recomendación de Ignacio de Loyola, supo que a través de su viaje solitario, desde una isla desconocida y acompañado de un solo libro, podía hacer esa mudanza yendo del timbo al tambo, es decir, de su corazón a sus asuntos: “Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar”.
Era ya la hora malva de Sevilla. Tenía el paseante solitario una referencia grabada en su corazón: no dejes de entrar en la Casa del Gobernador Al-Mutamid, del Palacio de la Bendición (Dar al-Imara) en esta gran ciudad o lo que es lo mismo, sus Reales Alcázares, porque él había reconocido que en su ciudad “transmitía nobleza su gente”. Allí se mostraban azulejos que cubren una faja de la fachada de ese hermoso palacio, con una simbología muy especial. Pudo comprobar que la geometría que muestran a la perfección sus azulejos, se encuentra en las estrellas centrales de ocho puntas que figuran por doquier en el citado paño, en octógonos perfectos compuestos por dos cuadrados. Sabía que reflejan la importancia de los edificios de base cuadrada que representan la estabilidad tanto terrenal como cósmica, porque de la prolongación hacia el infinito de las líneas de esta estrella van surgiendo otras de distintos tamaños que además configuran otros cuerpos que podríamos juzgar de menor importancia, pero sin los cuales no se reproducirían periódicamente los principales.
Para apreciar bien esta constelación tuvo que dar unos pasos atrás para tener una perspectiva más amplia de este maravilloso mensaje de la interdependencia para realzar la unión cósmica. Y había que volver al sitio descrito anteriormente, tan cercano que se podría tocar para creer su mensaje, porque este plano tan próximo de las líneas que se observan en sus múltiples estrellas y octógonos, le ayudó a comprender que son posibles distintos caminos para llegar a cualquier punto del paño de azulejos, simbolizando la realidad de las más variadas interpretaciones para alcanzar la comprensión de la vida. La verdad es que nuestro paseante solitario entendió que se puede alcanzar un objetivo desde muy diversos puntos y que la verdad se esconde entre diversas perspectivas, porque muchos son los senderos para llegar a ella.
Aquella faja de azulejos le propuso un mensaje: los seres humanos se necesitan con orden y concierto, porque la libertad de estas líneas múltiples permiten dibujarla en nuestra vida a la medida de cada uno, de cada una.
Salió de Dar al-Imara con la lección aprendida, comprendiendo que sus antepasados árabes le recordaban con esa visita que lo que allí hicieron era una oportunidad para ser más libres, en una representación preciosa de la epifanía del cosmos. Dijo adiós a un palacio de la bendición en el que Mutamid habitó cerca de las estrellas de los azulejos que todavía hoy siguen presentes y al que cantó en su destierro en Agmat, cerca de Marrakech: “El palacio de Al Mubarak (“de la Bendición”) llora sobre las huellas de Ibn Abbad / como llora sobre las de las gacelas y los leones / Su Al Turayyá (sala de las Pléyades) llora y sus estrellas ya no están sumergidas por las lluvias vespertinas y matinales producidas por las Pléyades… Quisiera saber si pasaré todavía otra noche teniendo delante y detrás de mí un jardín y un estanque. Sobre una tierra que hace crecer los olivos, que transmite nobleza y en la que se arrullan las palomas y gorjean los pájaros…”.
Aquél paseante aprendió en su desembarco en la Gran Ciudad, en Sevilla, en una orilla de su Río Grande, que allí podía ser feliz y que pasear por sus aceras jacarandosas le permitía, en su aparente soledad sonora, encontrar una preciosa sonrisa en el rostro de la vida.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana. Al fin del milenio, el mundo al revés está a la vista: es el mundo tal cual es, con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies.
Eduardo Galeano, en Patas arriba. La escuela del mundo al revés.
Sevilla, 29/VII/2026 – 08:50 h CET (UTC+2)
Ante la tragedia de los incendios que asolan nuestro país, vuelvo a escribir hoy sobre el temido “negacionismo”, en este caso del cambio climático, una realidad abrumadora que me ocupa y pre-ocupa (con guion, no inocente), actualizando reflexiones anteriores recogidas en este cuaderno digital. Pero, ¿qué significa “negacionismo” en general, en 2026? Para empezar a emitir juicios bien informados sobre esta palabra tan contaminada, nada mejor que conocer lo que dice al respecto el Diccionario de la Lengua Española (RAE), en la edición del Tricentenario y en su actualización de 2024, que define el “negacionismo” (1) como una “actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes, especialmente el holocausto”.
El lema se incorporó en la vigésimo tercera edición, correspondiente a 2014. Aborda una realidad sin paliativos, que sobrevuela todos los días sobre nuestras vidas y que da pavor: la vinculación con un hecho histórico tan lacerante como el exterminio de los judíos por el nazismo, quizás para que se comprenda bien desde su raíz la intrahistoria de este fenómeno tan en boga en este tiempo de guerras tan cruentas y genocidas como en Gaza, ¡qué dura realidad inversa actual con el pueblo gazatí, ya olvidada!, trumpismo negacionista en ámbitos tan delicados como el cambio climático, las vacunas, fundamentalmente desde la pandemia del coronavirus, así como la desafección política generalizada que niega el valor demostrado de la democracia como realidad y verdad inexorable, a lo que hay que añadir la marabunta de la ultraderecha experta en negacionismos de casi todo lo que se mueve a nuestro alrededor y no les gusta, negando por sistema tanto la realidad como la verdad. También se utiliza en este ámbito tratado, la palabra “negacionista” como adjetivo y con el siguiente significado: “Perteneciente o relativo al negacionismo. Partidario del negacionismo”.
Asimismo, el buscador urgente de dudas (Fundéu RAE), explica como extensión del lema en el DLE, que este lema “normalmente se ha empleado en relación con el Holocausto y puede aplicarse también, como extensión de este sentido, a la negación de otros hechos que no son necesariamente históricos, en particular científicos, como ocurre con el cambio climático”.
Aunque efectivamente el término es de uso relativamente reciente, la realidad que transmite es muy antigua, casi como la vida misma, a través de la dialéctica histórica y científica del creacionismo y del evolucionismo, por ejemplo. Sé que nos adentramos en terrenos pantanosos, pero conviene que hablemos de ello para no seguir participando de silencios cómplices que no ayudan a nadie. También es conveniente que no se asimile el término “negacionista” con el de “negación” a secas, porque la carga ideológica que lleva ser “negacionista” no es lo mismo que “negar” algo sin más, que tiene sobre todo un sesgo psicológico de amplio espectro, es decir, la negación se trata como mecanismo de defensa del yo. Sabemos que las ideologías no son inocentes y el negacionismo como tal actitud tiene un componente grupal sobre todo, más que el de la mera negación que casi siempre es una actitud individual. En este sentido creo que es importante señalar la distinción que establece el antropólogo Didier Fassin (2) entre “negación”, definida como «la observación empírica de que la realidad y la verdad son negados», y “negacionismo”, que él define como «una posición ideológica a través de la cual el sujeto reacciona sistemáticamente contra la realidad y la verdad».
La dialéctica expuesta coopta un nuevo término, denialismo, a tener en cuenta en este preocupante debate, caracterizado por la negación de la realidad y de la verdad porque se convierten en algo incómodo para la conducta humana. Uno de sus mejores exponentes ha sido Edward Skidelsky, académico de filosofía de Universidad de Exeter, que ha sugerido que la palabra denial (negación) “puede tener sus orígenes en el antiguo sentido de deny, relativo a rechazar (como cuando el apóstol Pedro negó a Jesús), cuyo antecedente más reciente proviene del sentido freudiano de negar como un rechazo a aceptar una verdad dolorosa o humillante. Escribió: «Una acusación de “negación” es seria, pues implica ya sea deshonestidad deliberada o autoengaño. La cosa negada es, por inferencia, tan obviamente cierta que el negador debe actuar motivado por la perversidad, malicia o ceguera obstinada». Sugiere que, por la introducción de la etiqueta «negacionista» en áreas profundas de debate histórico o científico, «uno de los grandes logros de la Ilustración -la liberación de la investigación científica e histórica del dogma- es silenciosamente revertida», y que debiese ser motivo de preocupación para las personas de mente liberal (3).
El negacionismo climático, que tanto se escucha hoy en relación con los incendios letales de nuestro país, es un ejemplo claro de la negación por antonomasia de la realidad científica, que además causa graves daños a la Humanidad. Podemos poner muchos ejemplos de la actualidad, pero he escogido una exposición científica divulgativa que me parece aclarar de fondo y forma qué significa en la actualidad el negacionismo que nos asola por tierra, mar y aire. Me refiero a un artículo que publicó Mark Hoofnagle en 2009, doctor en Fisiología por la Universidad de Virginia y experto en denialismo, describiendo el negacionismo como «el empleo de tácticas retóricas para dar la apariencia de argumento o debate legítimo, cuando en realidad no lo hay». Es el proceso que funciona usando una o más de las siguientes cinco tácticas con el fin de mantener la apariencia de una controversia auténtica (4):
1. Teoría de conspiración. Desestimar la información o la observación sugiriendo que los rivales participan en «una conspiración para esconder la verdad».
2. Falacia de evidencia incompleta. Seleccionar un artículo aislado apoyando su idea, o usar artículos obsoletos, defectuosos o desacreditados para hacer parecer la postura opuesta como si estos apoyaran sus ideas en una investigación débil.
3. Expertos falsos. Pagarle a un experto en el campo, o en otra área, para que dé evidencia de apoyo o credibilidad.
4. Cambiar las reglas. Desestimar la evidencia presentada en respuesta a una afirmación en específico, solicitando continuamente otra pieza de evidencia.
5. Otras falacias lógicas. Usualmente, una o más falsas analogías, tales como argumento ad consequentiam (los prejuicios cognitivos), falacia del hombre de paja (nunca se toca el argumento de fondo), o red herrings (maniobras de distracción).
El debate actual en torno al negacionismo, no se debe plantear como ciencia sí o no, en clave negacionista, porque es erróneo y conduce a ninguna parte. El debate se centra en el poder actual de los medios de comunicación intervenidos por el capital y las tecnologías de la información, en su exponente tan preocupante de redes sociales no inocentes, para contaminar y manipular a sus seguidores de forma violenta e intrusiva en lo más preciado que tiene, el cerebro, es decir, la sede del comportamiento humano y su forma de actuar ante el cambio climático, por ejemplo, las vacunas o el ocaso de la democracia. También en la salud y en la enfermedad. Creo que hay que hacer un esfuerzo en estos días por romper las barreras del conocimiento humano y dejarse llevar por lo que la ciencia nos demuestra a diario y de forma amable y didáctica a través de investigaciones dignas.
Hay que descubrir urgentemente a los negacionistas de nuevo cuño, que nos rodean a diario. Conocemos sus tácticas y frente a ellos debemos unirnos para defender la verdad del principio de realidad, apoyándonos en las evidencias científicas, como ocurre por ejemplo con el cambio climático, que ya expuse en 2021 y lo ratifica día a día la investigación científica. Son peligrosos porque normalmente son un ejército de mediocres, a los que he descrito ya en múltiples ocasiones en este cuaderno digital. Ya sabemos que no es lo mismo negar una verdad, que cargar esta negación de ideología, porque tendrá un significado muy diferente. No lo olvidemos: “negación”, es “la observación empírica de que la realidad y la verdad son negados», y “negacionismo” es «una posición ideológica a través de la cual el sujeto reacciona sistemáticamente contra la realidad y la verdad». No es lo mismo. El negacionismo es un gran aliado del mundo al revés, al que he dedicado una serie en este cuaderno que busca islas desconocidas de felicidad legítima para todos. Recomiendo su lectura, porque el negacionismo encuentra su verdadero caldo de cultivo en su expresión continua en un mundo al revés que suele estar diseñado por los negacionistas de la Vida. Sólo hay que recordar la sistemática negación de la realidad y la verdad que los negacionistas difunden a través de las falsas noticias, bulos y contaminación indigna y perversa de todo lo que nos sucede a diario y que a ellos les agrada en su ideología de que cuanto peor esté el mundo al revés, mejor para ellos.
(1) REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. <https://dle.rae.es; [29/07/2026].
(2) Didier Fassin, When bodies remember: experiences and politics of AIDS in South Africa, Volume 15 of California Series in Public Anthropology, University of California Press, 2007, p. 115.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL
Carrito original para Manolillo, segundo hijo de Miguel Hernández y Josefina Manresa, construido en la cárcel de Ocaña, en 1941, con la ayuda de un compañero
Sevilla, 28/VII/2026 – 16:06 h CET (UTC+2)
Esta visita íntima al Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa, me permitió recordar y conocer determinados detalles de los últimos años compartidos al finalizar la guerra, así como las dolorosas consecuencias para ellos y para Manuel Miguel, el segundo hijo con sólo tres años de vida al morir el poeta, hijo muy querido después del fallecimiento, con sólo diez meses, de su primer hijo, Manuel Ramón. A Manuel Miguel fue a quien el poeta dedicó sus famosas Nanas de la cebolla desde la cárcel y a quien le construyó un carro de madera que pude contemplar en una vitrina del Museo. Me sobrecogió.
Entré en la quinta sala con cierto desasosiego, porque lo sucedido con el poeta fue una ignominia en su fondo y forma, un fiel retrato de las consecuencias del golpe de Estado del 1936, sus terribles ajustes de cuentas al finalizar la guerra y su proyección implacable en la dictadura. Se ha comentado en algún lugar que esta sala está dedicada al “poeta mártir”, bajo el protagonismo de su Cancionero y Romancero de Ausencias (1939-41). Fue una etapa durísima para Miguel, Josefina, los hijos de ambos y, obviamente, para sus familias.
Identificación personal de Miguel Hernández en el Reformatorio donde falleció en 1942
Así presenta la sala el programa de visita: “Con el final de la guerra civil, Miguel comienza un dramático vía crucis carcelario. Sin embargo, ni la prisión, ni su delicado estado de salud, merman su esperanza por un mundo mejor. Así lo transmite a Josefina y a su hijo en diversas cartas”. Pude contemplar la recreación de una lúgubre celda similar a la que ocupó en Rosal de la Frontera (Huelva), aunque no he logrado borrar de mi mente la visita que me permitieron hacer en los años ochenta del pasado siglo, a la que ocupó en los sótanos del Ayuntamiento de Galaroza, también en Huelva, en su periplo hasta su encarcelamiento en Huelva capital, tras su triste detención en su huida a Portugal. Como se recoge en el programa citado, la cárcel, tras serle conmutada la pena de muerte, “sirvió al poeta para escribir algunos de sus más hermosos versos, como Nanas de la cebolla”:
Vuela niño en la doble luna del pecho: él, triste de cebolla, tú, satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.
Pasé finalmente a la última sala, en este encuentro fugaz pero eterno, por los recuerdos en la lucha por la democracia que, como el rayo, no cesan todavía hoy, espacio que explica en un clima de presente y futuro, por qué debía realizar la visita, su auténtico sentido. El legado de Miguel Hernández y Josefina Manresa, muy cuidado por los herederos, acabó finalmente en la Diputación de Jaén en 2012, tras múltiples vicisitudes en la tierra de origen del poeta, siendo Quesada un lugar digno para no olvidar la memoria democrática de una vida entregada a la lucha por un mundo mejor.
Mi agradecimiento es pleno. En la sala pude hojear publicaciones diversas del poeta y sobre su obra poética en general. Una sala llena de luz y vida. Como muestra, la posibilidad de escuchar sentado en cubos mágicos, diversas interpretaciones musicales de poemas del poeta, que forman parte de la banda sonora de nuestro país, por mucho que les pese a algunos. Elegí, con los auriculares bien ajustados para no perder nota y letra alguna, un poema interpretado por Joan Manuel Serrat, Hijo de la luz y de la sombra, que me sumió en un silencio atronador:
Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos, seguiremos besándonos en el hijo profundo. Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos, se besan los primeros pobladores del mundo.
Eres la noche esposa, eres la noche esposa, yo soy el mediodía. Eres la noche esposa, yo soy el mediodía.
Me despedí en esta visita con gratitud plena, porque es un museo que hay que visitar para vivir una experiencia inolvidable de respeto a la memoria histórica y democrática de nuestro país. Gracias a Miguel Hernández y Josefina Manresa, creo que soy mejor persona y que luchar incansablemente por un mundo mejor es posible para curar las tres heridas de todos, la de la vida, la de la muerte, la del amor.
Gracias, lector, lectora, por acompañarme en esta experiencia vital, una isla desconocida si no salimos de nosotros mismos para encontrarla, a pesar de todo.
CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.
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