Hoy me acuerdo de un maestro que prometió a sus alumnos ver el mar, antes del 18 de julio de 1936

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, enero de 1936

Sevilla, 18 de julio de 2026, en el 90 aniversario del comienzo de la guerra civil en nuestro país 

El texto que figura en la cabecera de este artículo lo escribió Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El MarVisión de unos niños que no lo han visto nunca, editado artesanalmente en enero de 1936. Si hoy lo rescato es para simbolizar de nuevo, con las palabras que aún nos quedan (Blas de Otero, dixit), un pequeño homenaje a las personas que sufrieron en nuestro país el escarnio de la guerra civil durante casi tres años y, posteriormente, durante casi cuarenta años de dictadura franquista, víctimas del mal llamado “glorioso alzamiento nacional”, que comenzó el 18 de julio de 1936 y que tristemente recordamos hoy, con un profundo respeto a la memoria histórica y democrática de este país.

Con este motivo, vuelvo a publicar hoy el núcleo principal del artículo que figura en este cuaderno digital desde el 8 de noviembre de 2023, con un título, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, que encierra en sus palabras un relato que sobrecoge y da a conocer razones de fondo para amar, 90 años después y con todas nuestras fuerzas, la democracia y no las guerras propiciadas por el fascismo y las ultraderechas de todo tipo.

Por mi aprecio y respeto a la memoria democrática de mi país, hoy me acompaña en la cabecera, como música de fondo, una obra preciosa de Salvador Bscarisse, Romanza, el segundo movimiento del Concertino para guitarra y orquesta en La menor, compuesta en 1952. Me conmueve y sobrecoge ante tanto ruido de la derecha extrema y ultraderecha en mi Comunidad, en mi país. Bacarisse la sufrió hasta su exilio en Francia durante la guerra civil, para nunca más volver, falleciendo en París en 1963. Tampoco lo olvido.

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En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible

En mi singladura diaria por el mar abierto de mi vida, he llegado a una isla desconocida por mí, la vida y obra de Antoni Benaiges Nogués, un maestro olvidado por la España que, todavía hoy, siempre hiela el corazón, que decía Antonio Machado, una persona de las imprescindibles de Bertolt Brecht, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente mediante este pequeño homenaje que deseo tributarle con palabras, que nos quedan, en este cuaderno digital, pero no sólo a él, sino a miles de maestros y maestras que fueron maltratados de mil formas indeseables, incluso con la muerte, durante la guerra civil y años posteriores de dictadura.

Esta localización extraordinaria la he podido llevar a cabo gracias al cine, ¡bendito cine!, a una película,  El maestro que prometió el mar, que se presentó en la Semana Internacional del Cine (SEMINCI), de Valladolid, en octubre pasado, dirigida por Patricia Font y cuya sinopsis ya es atractiva, de por sí, para almas inquietas: “Ariadna, descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar”, poniendo en valor la lucha de tantas familias que todavía buscan a sus familiares enterrados anónimamente en fosas comunes a lo ancho y largo de este país. He procurado buscar antecedentes históricos de esta historia verdadera, porque en esta ocasión cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, al estar basado el guion en la vida y obra de un maestro, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Gracias a la búsqueda citada, he localizado también una obra imprescindible para conocer detalles necesarios para comprender el alcance de la vida y obra de Antonio Benaiges, El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, junto a textos de Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con trabajo de documentación y fotografías de Sergi Bernal, en una coedición llevada a cabo por las editoriales Blume y Ventall, que ha servido de base para el guion de la película, cuya sinopsis amplía la intrahistoria de esta vida ejemplar llevada al cine: “Antoni Benaiges, un maestro de Mont-roig del Camp, Tarragona, fue destinado a la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, en 1934. Gracias a una metodología de enseñanza pionera y revolucionaria para la época, basada en la participación activa de los niños y el uso de la imprenta, comenzó a transformar la vida de sus alumnos y la del pueblo. A finales de julio de 1936, el maestro desapareció. Durante más de 75 años, su trabajo y personalidad permanecieron en la intimidad del recuerdo de sus antiguos alumnos y su familia, hasta que, en agosto de 2010, a pie de fosa, un vecino de Bañuelos haría emerger la figura del maestro asesinado en 1936 y la conmovedora historia de una promesa que no se pudo cumplir. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos».

Me ha sobrecogido conocer algo que deseo compartir con quienes me acompañan a menudo en esta singladuras hacia islas desconocidas. Se trata del pequeño homenaje que el 18 de julio de 2021 se celebró en el cementerio de Bañuelos de Bureba, al levantarse un cenotafio, un pequeño monumento funerario dedicado a este maestro inolvidable, imprescindible, sin su cadáver, porque no se sabe dónde está, en un nicho en el que depositaron objetos y recuerdos actuales sobre su vida y obra, el guion de la película citada, por ejemplo y en el que sobre una lápida roja se colocó una inscripción que todavía, al escribirla, me emociona y conturba: “ANTONI BENAIGES NOGUÉS, MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA.  Nos dejó ser niños, antes de ser hombres, nos enseñó el valor de la palabra, nos prometió el mar”.

Como una premonición de la censura que viene y que ya está presente en las ciudades y pueblos gobernados por la derecha y su más allá en este país, la ultraderecha intolerante por principio, esta historia real llevada a una producción teatral dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero, El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, fue vetada durante el verano pasado por el alcalde de Briviesca (Burgos) del Partido Popular, recién formado el nuevo gobierno de la localidad, aludiendo a razones “económicas y técnicas”, cuando con el consistorio anterior todo habían sido facilidades para su representación. 

Para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de Antoni Benaiges Nogués, ni siquiera un momento, hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

 

Sobre el fútbol, ¡disculpen mi ignorancia!

Diego Armando Maradona (1960-2010)

Maradona cobró mucho y mucho pagó, cobró mucho por las piernas, pagó con el alma.

Eduardo Galeano, en El fútbol a sol y sombra

Sevilla, 17/VII/2026 – 08:00 h CET (UTC+2)

Tengo que reconocer que mi ignorancia sobre el fútbol es supina. Ahora y con motivo del Mundial 2026, mis nietos me dan una clase diaria de nombres de jugadores del equipo de España, cómo juegan, bien o mal según ellos, con un pronóstico inapelable: España ganará este Mundial, lo que supondrá, según me informan también, que podrán lucir una segunda estrella dorada de cinco puntas en su camiseta. Lo dicho, lección diaria, ante un fenómeno deportivo que seduce a millones de seguidores que encuentran en el fútbol un sentido a sus vidas. Y la FIFA haciendo caja, con pausas de hidratación no inocentes.

En este contexto, recuerdo unas palabras que escribí en noviembre de 2020 en una fecha simbólica para aficionados a este deporte, porque había fallecido Diego Armando Maradona. Voy a utilizar hoy el hilo conductor de aquellas palabras, porque siguen vivas en mi persona de secreto. Verán por qué.

Cuentan los sabios del lugar que en cierta ocasión preguntaron a Jorge Luis Borges qué opinaba acerca de Maradona, a lo que el escritor -argentino como él- respondió: ¡Disculpen mi ignorancia! Cuando se lo contaron al jugador, hizo una jugada verbal perfecta y le devolvió la ironía de origen preguntando en qué equipo de fútbol jugaba Borges. Al escritor, todo lo relacionado con el fútbol lo sacaba de sus casillas: “La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”. No llego a ese extremo de juicio, pero tengo que reconocer que el fútbol no me apasiona, aunque me asombra el seguimiento que tiene por millones de personas y el dinero que mueve, con frases de asombro vinculadas casi siempre a las cifras astronómicas derivadas de la “compraventa” de jugadores en los mejores mercados del mundo. Me reafirmo, una vez más, en el aserto machadiano de que “todo necio confunde valor y precio”.

Tengo que reconocer que este deporte, junto a la música militar, nunca me supo levantar. Soy respetuoso con la vida y milagros del jugador y mucho más desde conocí aquel año la ausencia a su cielo particular. No me gustan los panegíricos sobre él, que se prodigan todavía hoy por tierra, mar y aire, donde se envuelve con palabras elogiosas su enorme capacidad para hacer magia con el balón, aunque de su auténtico persona de secreto sepamos poco. Así ha sido, hasta que un día se cruzó determinada condición humana en su vida, con el sobrenombre de adicción en sus variadas versiones, convirtiendo su figura en una máscara que escondía su verdadera condición humana, a la que siempre respeto por su base existencial y dado que nada humano me es ajeno.

Volviendo a Borges, recuerdo ahora que escribió en 1967 un cuento junto a Adolfo Bioy Casares con un título críptico, Esse est percipi (Ser es ser percibido, en Crónicas de Honorio Bustos Domecq), pero evidente en nuestros tiempos modernos y de coronavirus. He vuelto a leer un fragmento del mismo: “El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone”. Porque, agrega: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

Reconozco que soy un espectador ignorante del fútbol. Ya lo decía Hans Magnus Enszerberger, cuando hablaba de la ciudadanía “ignorante y molesta”, al referirse a las personas alejadas de las tecnologías de la información y comunicación, que no es mi caso, aunque hace ya mucho tiempo que entré -a juicio de muchas personas- en el colectivo de ovejas descarriadas de lo que está pasando y están viendo a través del fútbol: ¿No te has enterado? ¡Ha muerto Maradona! Hoy, por ejemplo, ¿No te has enterado de qué equipos van a jugar la final del Mundial 2026?

Soy consciente de que Maradona ya no está con nosotros, en medio de estadios vacíos y ligas imposibles. Seguimos ensalzando el gran espectáculo de su fútbol en un mundo que ya no es lo que era, porque Maradona fue una ilusión colectiva cuando los estadios representaban un género dramático, donde unos ganaban y otros perdían, con gran dolor de Borges. Ahora, todo es diferente en un mundo totalmente al revés, pero siempre nos quedarán los sueños mágicos de Maradona en la malla pensante de la humanidad. O los de Messi, Mbappé, o según mis nietos, los de Unai Simón, Cucurella, Oyarzábal o ¡cómo no!, Lamine Yamal, entre otros.

De verdad, recordando a Borges, ¡disculpen mi ignorancia futbolera!

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Escribo cavando el pozo de mi alma con una aguja

Sevilla, 15/VII/2026 – 10:17 h CET (UTC+2)

En plena travesía personal de desierto anímico, por la deriva política de derechización ultramontana de mi Comunidad, obviamente de mi país, si el despertar democrático de las libertades alcanzadas hasta hoy no lo remedia, he vuelto a mirar por el retrovisor de este cuaderno digital, tomando conciencia de que llevo más de veinte años escribiendo artículos, con paciencia turca, unos detrás de otros, más de tres mil, a veces copiando lo que ya he dicho, reafirmando mi pensamiento circular que lo envuelve todo. Siempre vuelven a mi inteligencia particular unas palabras del Premio Nobel de Literatura en 2006, Orhan Pamuk, cuando nos explicó qué significaba en su vida un dicho de su tierra con un valor especial: “escribir es como cavar un pozo con una aguja”, expresión fantástica a la que dediqué un artículo con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro en el año 2017, que reproduzco a continuación.

En aquella ocasión dediqué aquellas palabras a las personas que desde que abrí por primera vez este cuaderno digital, en diciembre de 2005, se acercan a este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, a cuantos sienten el placer de leer libros y palabras unidas en otros formatos, que dan sentido a sus vidas; a quienes descubren el sentido de la existencia a través de autores concretos, a las personas que se sienten acompañadas por libros de cabecera que nunca les abandonan, a quienes confían en que quienes escriben tienen la paciencia turca de cavar pozos con una aguja, porque solo desean transformar la realidad poco a poco para poder soportarla. Hoy, sigue teniendo el mismo valor esta dedicatoria, que reafirmo en todos sus términos.

Después de muchos años de oficio vital, creo que comprendí qué significa escribir cuando leí a Pamuk en su memorable discurso en el acto de recepción del premio Nobel: “[…] el secreto del escritor no es la inspiración, pues nunca se sabe de dónde viene, sino la obstinación y la paciencia. Hay una hermosa expresión turca, “cavar un pozo con una aguja”, y a mí me parece que fue inventada pensando en nosotros, los escritores. Para mí, ser un escritor significa observar con atención las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o casi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte consciente de nuestra escritura y nuestra identidad. Ser escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, ofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar”.

Con el hilo conductor de transmitir una idea circular en este blog desde su primer día de vida literaria, vuelvo a utilizar aquellas palabras, salvando lo que debo salvar simplemente por la actualización temporal, aspecto de forma que no de fondo, recordando a José Manuel Blecua, ex director de la RAE fallecido recientemente, cuando dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. En esta ocasión, lo hago copiando de mí mismo, porque estos siguen siendo mis principios y, si no gustan, no tengo otros, separándome por un momento de mi admirado Groucho Marx. En un tiempo en el que se arrojan valores por la ventana desde nuestro vehículo vital, vuelvo a hacer una declaración de principios sobre por qué escribo en este blog, en una etapa de jubilación en la que sigo asumiendo, cada día que pasa, que lo nuestro es pasar, con ardiente impaciencia personal y social, sabiendo que ahora tengo un compromiso intelectual con la sociedad en la que vivo

Les explico a continuación esta declaración de principios. Gracias anticipadas si está interesado o interesada en leer unas palabras necesarias en mi vida, casi imprescindibles para seguir escribiendo.

Un día ya lejano, aprendí el significado de un dicho turco, escribir es como cavar un pozo con una aguja, leyendo el discurso de Orhan Pamuk en el acto de entrega del Premio Nobel de Literatura en 2006, publicado después con un título muy sugerente, tanto como las palabras escritas en su dilatada vida: La maleta de mi padre (1). Es verdad que la vida de un escritor se hace poco a poco, horadando la persona de secreto que todos llevamos dentro, aunque no todos lo descubran, es decir, cavando el pozo del alma con una aguja virtual a imagen y semejanza de cada uno. Esa es la razón de que existan pocos escritores que aporten al mundo sus pozos con agua, porque es su misión, no la de estar secos.

El día 23 de abril de cada año se celebra el Día Internacional del Libro en lugares concretos, una de las preocupaciones de más de veinticinco años de soledad de Pamuk en Estambul, buscando su lugar ansiado de escritor, encerrado en una habitación con fronteras domésticas. En este día, cada año vuelvo a hacer la reflexión que acompaña a este autor a lo largo de su vida, todavía hoy: ¿por qué escribo? Y he buscado las razones de Orhan Pamuk cuando hablaba de la maleta que un día le entregó su padre y que reflejaba lo que había aprendido de él y de una premonición hecha hacia él después de un abrazo de silencio: “…me dijo de repente y como si tal cosa que algún día me darían el premio [Nobel de Literatura] que hoy recibo con gran alegría”.

Pamuk, en ese delicioso discurso, confesó por qué escribía y hoy lo he recordado: “¡Escribo porque quiero hacerlo, con toda el alma! Escribo porque a diferencia de otros, no me siento a gusto con un trabajo común y corriente. Escribo para que libros como los míos sean escritos y para poderlos leer. Escribo porque estoy molesto con ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me complace enormemente sentarme en un cuarto a escribir sin descanso. Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla. Escribo para que el mundo entero sepa cómo yo, cómo nosotros en Estambul y en Turquía hemos vivido y vivimos. Escribo porque amo el olor del papel, de la pluma y de la tinta. Escribo porque creo más en la literatura, en el arte de la novela, que en cualquier otra cosa. Escribo porque es un hábito, una pasión. Escribo porque tengo miedo de ser olvidado. Escribo porque me gusta la celebridad y toda la notoriedad que el escribir conlleva. Escribo para estar solo. Escribo en la esperanza de entender por qué estoy furioso con ustedes, con todos. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo para terminar de una vez por todas esta novela, este texto, esta página que en algún momento comencé a escribir. Escribo porque todos esperan que escriba. Escribo porque tengo una fe infantil en la inmortalidad de las bibliotecas y en el lugar que mis libros tendrán en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo es increíblemente bello y maravilloso. Escribo porque gozo traduciendo en palabras toda la belleza y la opulencia de la vida. Escribo, no para contar historias sino para construir historias. Escribo para liberarme del sentimiento de que siempre existe un lugar al que -como en una pesadilla- jamás podré llegar. Escribo porque nunca he conseguido ser feliz. Escribo para ser feliz”.

Otro día, yendo del timbo al tambo, en expresión muy querida por Gabriel García Márquez, me atreví a responder también a esa pregunta, ¿por qué escribo?, que reproduzco a continuación como justificación personal e intransferible de por qué lo hago, siendo consciente de que tengo que volver a leer las palabras de Pamuk para aprender de él cómo se cava, con una aguja, un pozo literario de secreto en mi alma. Lo hago porque es una pregunta a la que todavía no había dado respuesta, como a tantas preguntas de mi vida, sobre todo tres que superan con creces a ésta (Eclesiastés, 3, 1-22), a veces sintiendo profundamente aquellas palabras de aquél ejemplar ciudadano llamado Jesús, “triste está mi alma hasta la muerte”, que me cuesta descifrar en el terco día a día: ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca el hombre de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará al hombre a contemplar lo que ha de suceder después de él? A día de hoy, la única respuesta que me sigue pareciendo coherente es la del propio Eclesiastés, un auténtico líder de las asambleas: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida: es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper.

¿Por qué escribo? En primer lugar, porque es la forma de expresar de forma especial, con palabras, la esencia de mi persona de secreto, interpretando la realidad que rodea permanentemente mi vida de forma voluntaria pero no inocente. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Cada vez que me enfrento a esta realidad, recuerdo algo que aprendí hace ya muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).

En segundo lugar, porque considero que escribir es un acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea como privilegiada zona de confort y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretando la responsabilidad como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad al escribir (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, en segundo lugar, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que he llamado a veces “uso de razón científica”, nos pasamos toda la vida “decidiendo”. Cuando tienes la “suerte” de conocer las interioridades del dilema al escribir, ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada o la de “los de abajo” que dicen ahora. La de los nadies organizados, también.

En tercer lugar, porque me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero si le falta alma, no es nada: Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “Esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión.

José Manuel Blecua, ex director de la RAE, dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo del alma con una aguja.

(1) Pamuk, Orhan (1997). La maleta de mi padre. Barcelona: Random House Mondadori.

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¡Paz y Libertad!

Hojas sueltas / y 20. En defensa de Manu Sánchez, al que tanto aprecio

RTVE – Momento en el que Manu Sánchez, durante la entrevista a Paula Vázquez, cuenta en su programa «El perro andaluz» (9 de julio de 2026), las amenazas que está recibiendo en diferentes medios y redes sociales

En todas partes he visto / caravanas de tristeza, / soberbios y melancólicos / borrachos de sombra negra, / y pedantones al paño / que miran, callan, y piensan / que saben, porque no beben / el vino de las tabernas. / Mala gente que camina / y va apestando la tierra…

Antonio Machado, He andado muchos caminos, 1903

Sevilla, 11/VII/2026 – 13:27 h CET (UTC+2)

Finalizo hoy la serie que inicié el pasado 24 de mayo, bajo el título “Hojas sueltas”, páginas escritas en este cuaderno digital a lo largo de veinte años y que he escogido en este tiempo de silencio en el que vivo en la actualidad, recordando reflexiones y mirando siempre hacia adelante, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de Federico García Lorca, en “Así que pasen cinco años”, para mí veinte: hay que recordar hacia mañana.

Hoy pongo punto final a esta recogida saludable de reflexiones a lo largo de veinte años, con una “hoja suelta” que quiero dedicar a Manu Sánchez, un humorista, cómico y payaso de profesión, andaluz por más señas, al que admiro como personaje hecho a sí mismo y que está luchando de forma ejemplar y con la ayuda de profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía, junto a las personas que quiere, para vencer su cáncer, un “zaratán”, como lo llamaba Juan Ramón Jiménez en un relato conmovedor homónimo.

La hoja suelta de hoy, ¿Qué pasa en el cerebro de las personas polarizadas, que mienten más que hablan para hacer daño a los demás?, trataba en 2024 de explicar la maledicencia humana desde una perspectiva científica, porque siempre me ha obsesionado conocer por qué existen malas personas, como por ejemplo las que son capaces de atacar a Manu Sánchez, la mala gente que camina / y va apestando la tierra, como las señaló Antonio Machado en un poema inolvidable.

Me ha conmovido conocer que en el programa del pasado jueves de El perro andaluz, presentado por Manu Sánchez, dijo que desde que lo estrenó está viviendo un acoso continuo: “Llevo cinco semanas, desde que se estrenó el programa, recibiendo amenazas de muerte, deseos de que el cáncer haga su trabajo y yo me muera pronto y mal. Amenazas a mi familia, padres, hijos, mujer, entorno… por hacer mi trabajo”. Igualmente, cuando comentó durante el programa que hay que dejar de utilizar la palabra cáncer cuando quieren decir algo malo. Déjennos luchar a los que estamos librando esta batalla», en referencia a las lamentable comparación que hizo el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, recientemente, criticando duramente el absentismo laboral como un «cáncer» para la economía del país, entre otras perlas incalificables, que no se sostienen y sin fundamento alguno. Una auténtica vergüenza, fruto del avance de la maledicencia citada en nuestro país, con protagonistas de la derecha vestida con piel de cordero, extrema y de la ultraderecha envalentonada, con amplio apoyo de sectores capitalistas y medios de comunicación asociados, que utilizan las redes sociales como máquinas de fango contra personas del espectro progresista, sin freno y compasión alguna.

Yo no me callo y quiero salir en defensa de Manu Sánchez y de tantos comunicadores como él, que son coherentes alzando la voz contra las injusticias y tropelías que se cometen a diario en este país por personajes perfectamente identificados, por el mero hecho de defender la verdad y nada más que la verdad, pagando un precio muy alto por hacer muy bien su trabajo. ¡Basta ya de silencios cómplices, que tanta soledad y daño gratuito hacen a las personas dignas que se comprometen a diario con defender la democracia, la ideología progresista y de izquierdas en nuestro país!

Porque deseo construir siempre en democracia crítica, mi última «hoja suelta» creo que puede ayudar a comprender qué pasa en el cerebro de esas malas personas que insultan, amenazan, abrazan bulos y se convierten en profesionales de la mentira, demostrándose -lo diré una y mil veces- que son mala gente que camina, que va apestando la tierra.

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¿Qué pasa en el cerebro de las personas polarizadas, que mienten más que hablan para hacer daño a los demás?

Sevilla, 19/XI/2024 – 09:00 (UTC+1)

No es la primera vez que me aproximo a través de la ciencia a esta pregunta tan inquietante o lo que es lo mismo, ¿qué pasa por el cerebro de la personas que se convierten en agentes del mal? En los tiempos de maledicencia que estamos viviendo en la actualidad y que hemos podido comprobar de primera mano con  la DANA de Valencia, con mentiras y bulos para todos los gustos, por parte de instituciones y personas que las representan, medios de “incomunicación” y redes sociales muy próximas a las derechas ultramontanas, desinformación en estado puro, maledicencia expresa también a través de agentes anónimos del mal escondidos en esas redes sociales que la mayoría sabe cuáles son y quiénes son sus jefes, o los que sin ningún rubor dan la cara sin escrúpulo alguno, con fondos monetarios detrás de todo tipo que los financian, porque se sienten seguros a tenor de la desenvoltura con la que se mueven a diario, sin mezcla de control democrático alguno que amortigüe su maldad intrínseca, aparece algo de luzcuando leemos entrevistas científicas, como la que recientemente se ha publicado en el diario El País, con la neurocientífica Clara Pretus (Barcelona, 1988), que manifiesta sin ambages que  “hay agentes del mal que están sacando rédito al generar este nerviosismo”, estudiando “cómo las personas caen en el extremismo y cómo el cerebro procesa la desinformación en situaciones polarizadas”.

Me ha interesado entrar al detalle de sus manifestaciones y, sobre todo de sus trabajos antecedentes en este ámbito tan preocupante de la sociedad: “En su trabajo más celebrado, escanearon el cerebro de jóvenes que querían participar en actos violentos yihadistas para entender los mecanismos personales y sociales que activaban esa vocación. En un trabajo más reciente, lo que pusieron bajo la lupa fue la materia gris de votantes de Vox para entender por qué difundían mentiras en temas importantes para ellos, como la inmigración: lo que descubrieron es que al planteárselo se activaban áreas de su cerebro social. “No son las típicas zonas de toma de decisiones, sino las que sirven para inferir qué piensan los demás”, explica Pretus, de la Universitat Autónoma de Barcelona. Es decir, difundían bulos teniendo en mente la aprobación del grupo”.

Recomiendo la lectura de esta entrevista, pero adelanto algunas precisiones que me han preocupado bastante, en este caso como profesional de la salud mental, comenzando con la primera reflexión que se expone en la entrevista citada, vinculada expresamente a la DANA pasada: “Cuando estás en peligro, te vale más la pena creer cualquier información que pueda salvarte o que pueda favorecerte”, […] criticando a su vez algo que “se ha utilizado por varios actores políticos para sacar provecho”. Pretus sabe que en situaciones de peligro y ansiedad surgen actores interesados que saben que el uso de palabras de alta carga emocional nos “hackea el sistema nervioso. Debemos tenerlo en cuenta, porque cada vez habrá más emergencias de este tipo, muy propicias para la desinformación y sacar provecho político”, añade. En 2017 abordé ya esta realidad del “jaqueo” de cerebros humanos, cuando escribí que había leído “un artículo inquietante del historiador israelí Yuval Noah Harari, Los cerebros “hackeados” votan, con una entradilla demoledora: “Algunas de las mentes más brillantes del planeta llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para que pinchemos en determinados anuncios o enlaces. Y ese método ya se usa para vendernos políticos e ideologías”. En ese momento recomendé su lectura por activa y por pasiva, utilizando las redes al alcance de mis dispositivos móviles, porque consideré que era de lectura obligada ante la ingenuidad atómica que nos rodea. La verdad es que la lectura del artículo abría unos interrogantes que van dirigidos directamente a la línea de flotación de la humanidad. Creo que estamos avanzando históricamente con bastante falta de altura de conocimiento y libertad, no cuidando una inteligencia propia de los seres humanos a la que vengo llamando desde hace ya muchos años, inteligencia digital, que cubre el ciclo vital completo de todo ser humano, desde que nacemos hasta que morimos, porque nos va a acompañar siempre, llevando desde el equipamiento digital que corresponda a cada persona el manual de instrucciones para conocer el funcionamiento del gran artífice digital de la vida: el cerebro bien informado en mi yo y mis circunstancias.

Clara Pretus aborda también en su entrevista una cuestión fundamental: ¿por qué consumimos desinformación?: “para reafirmar nuestra pertenencia, no solo a nivel abstracto, sino también con nuestro entorno inmediato, la audiencia que tenemos en redes sociales. Estamos motivados a compartir información que sabemos que nuestra audiencia va a recibir bien y nos va a servir para reafirmarnos. Y esto es más importante cuanto más crítica es la información. Por ejemplo, en una emergencia o cuando es muy clave para la identidad de grupo”. Continúa abordando situaciones muy preocupantes en estos momentos y de extrema actualidad, tales como por qué se difunden los bulos de forma deliberada, la aparición de las estrategias de fact-checking (verificación de datos) combatiendo cada bulo, así como la necesidad de que se aprueben a corto plazo leyes contra los bulos.

La entrevista finaliza con una pregunta inquietante, acerca del ejercicio deliberado de desinformación que nos invade “para minar toda la confianza en las fuentes oficiales, ¿lo provocan porque cuando no se cree a nadie, se puede creer cualquier cosa?”. La respuesta de la doctora Pretus no está en el viento, pero plasma un presente muy preocupante: “Claro, todo el mundo está desautorizado, deslegitimado, como fuente de información. Es una muy buena estrategia para hacer un cambio de poder. Si tenemos un statu quo, unas instituciones que han estado décadas, es la mejor manera de dinamitar lo que hay”.

En este contexto expuesto por la doctora Pretus, acudo a la lectura del nuevo libro de Yuval Noah Harari, Nexus, autor al que sigo desde la publicación de Sapiens, una obra magna. La sinopsis oficial ayuda a comprender el hilo conductor de la nueva obra: “En Nexus, Harari contempla a la humanidad desde la amplia perspectiva de la historia para analizar cómo las redes de información han hecho y deshecho nuestro mundo. Durante los últimos 100.000 años, los sapiens hemos acumulado un enorme poder. Pero, a pesar de todos los descubrimientos, inventos y conquistas, ahora nos enfrentamos a una crisis existencial: el mundo está al borde del colapso ecológico, abunda la desinformación y nos precitamos hacia la era de la I.A. Con todo el camino andando, ¿por qué somos una especie autodestructiva? A partir de una fascinante variedad de ejemplos históricos, desde la Edad de Piedra, pasando por la Biblia, la caza de brujas de principios de la Edad Moderna, el estalinismo y el nazismo, hasta el resurgimiento del populismo en nuestros días, Harari nos ofrece un marco revelador para indagar en las complejas relaciones que existen entre información y verdad, burocracia y mitología, y sabiduría y poder. Examina cómo diferentes sociedades y sistemas políticos han utilizado la información para lograr sus objetivos e imponer el orden, para bien y para mal. Y plantea las opciones urgentes a las que nos enfrentamos hoy en día, cuando la inteligencia no humana amenaza nuestra propia existencia”.

Me quedo hoy con la última frase de la citada sinopsis: “La información no es el principio activo de la verdad; tampoco una simple arma. Nexus explora el esperanzador término medio entre estos extremos”. Es lo que busco ahora a bordo de mi patera virtual, en los mares procelosos de la desinformación, de la invasión de agentes del mal, convencido de que entre información y verdad anda el verdadero juego de la vida.

El cerebro contiene un instinto básico que nos lleva a actuar bien o mal con patrones construidos hace millones de años. La estructura cerebral reptiliana que todavía permanece en nuestro cerebro guarda un gran misterio de millones años que debemos descubrir. Es probable que de esta forma sufriéramos menos en el difícil día a día de nuestra existencia y comprendiéramos mejor nuestros propios actos sorprendentes y, lógicamente, los de los demás, aprendiendo día a día qué es la com-pasión (el sufrimiento con o junto a los otros). Básicamente en términos de responsabilidad personal y social, sabiendo que “responsabilidad” es la capacidad de dar respuesta individual o colectiva, con conocimiento y libertad entendidos como sus dos elementos esenciales, a cualquier situación que se nos presenta en el acontecer diario. Bien o mal, y hasta qué grado de compromiso o consecuencia, es harina de otro costal. Quizá, de un conjunto de estructuras cerebrales en funcionamiento permanente, sin descanso, que todavía no conocemos, bajo el mando del cerebro reptiliano todavía presente en las llamadas respuestas éticas.

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¡Paz y Libertad!

Hojas sueltas / 19. ‘Mira que eres linda’, la canción preferida de la cantora cordobesa María José Llergo

Pepe y su nieta, María José Llergo

A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía.

Federico García Lorca, extracto de la presentación oficial en 1922, en Granada, del l Concurso de Cante Jondo.

Sevilla, 10/VII/2026 – 12:17 CET (UTC+2)

Hoy me ha regalado la vida una crónica sobre la actuación ayer de la cantora María José Llergo (Pozoblanco (Córdoba), 1994), en Los Encuentros de El País, presentando su nueva obra «El juego», dedicada a su abuelo Pepe, sabiendo que cantor es el que «debe» y cantante el que «puede» hacerlo, diferencia clave para comprender el compromiso social de los artistas, tal y como aprendí en su día de Facundo Cabral. En los tiempos que corren, conocer su presencia ayer en estos Encuentros es un bálsamo sanador, porque María José Llergo rompe muchos esquemas actuales para enfrentarnos a sobrevivir a duras penas en este mundo hostil.

Lean esta crónica, de la que destaco ahora una frase de María José Llergo, refiriéndose a su nueva entrega musical: «Hago una canción del amor más puro que he tenido, que es el que me ha hecho estar aquí y cantar como canto”, explicó. Se refería a su abuelo Pepe, figura esencial en su vida, que falleció el pasado noviembre. “Tuve el privilegio de crecer en un entorno humilde, en el que mis abuelos vivían de lo que ellos mismos cultivaban”, señaló. “Crecer en un entorno libre de ruido hizo que naciera la música”. Contó que, de pequeña, cuando se enfadaba o entristecía, su abuelo le consolaba con Mira que eres linda, del cubano Antonio Machín. Entre el llanto y la risa, Llergo confesó que durante años creyó que aquella canción la había escrito su abuelo».

En este contexto de recuerdos, he escogido hoy una «hoja suelta» de mi cuaderno digital, en la que escribí en 2022, El enigma de un andaluz, al trasluz de su nieta cantora, una reflexión profunda sobre esta artista andaluza, porque me conmovió conocer la intrahistoria de su vida, también la de su abuelo Pepe. Creo que merecía la pena divulgarla hoy de nuevo. Confieso que soy un «escuchaor» de su vida y obra musical, respetando a Antonio Mairena, ¨[…]  la actitud experimental, la búsqueda, la inquietud y la curiosidad, son cualidades imprescindibles para ser y hacer flamenco. La cantaora y el bailaor, la guitarrista o el fotógrafo que intenta captar el duende inaprensible, así como el oyente o escuchaor -que diría Antonio Mairena- buscan -o deberían buscar- no salir indemnes de la experiencia. Quiero decir con ello que el flamenco no resbala por la piel, sino que la modifica para siempre. Es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación del impacto” (1).

He aprendido mucho de ella, de su sencillez profunda, cubriendo la superficie espiritual de Andalucía, como nos recordó Federico García Lorca en la presentación oficial en 1922, en Granada, del l Concurso de Cante Jondo.

(1) Ordóñez Eslava, Pedro, Flamenco y vanguardia. En un instante, un quejío y un anhelo, en Andalucía en la historia, 74, 2022, p. 41.

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El enigma de un andaluz, al trasluz de su nieta cantora

Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. / Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. / Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz.

Luis Cernuda, El andaluz, en Como quien espera el alba, 1947

Sevilla, 28/II/2022, en el Día de Andalucía, como homenaje a cada persona de bien que vive en esta tierra, como «escuchaores» del dolor y quejío de los que menos tienen, pero más son, simbolizado en un abuelo andaluz que con su cante sigue transmitiendo lo que muchos andaluces sufrieron y sufren debajo de su piel.

Se llama Pepe, es de Pozoblanco (Córdoba) y es el abuelo de la cantora María José Llergo, porque de acuerdo con Facundo Cabral, no es lo mismo que cantaora, ya que no sólo tiene el oficio de cantaora, porque puede hacerlo, sino que también debe cantar y no callar lo que le transmitió su abuelo. Él no tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir en la España que tenía helado su corazón en el siglo pasado, pero según su nieta tiene más sabiduría que muchos eruditos, porque “tiene corazón”. Reproduce lo que tantas veces he señalado en este cuaderno digital, al referirme a la tradición oral, cuando en los pueblos ribereños del Tigris y el Éufrates, en la actual Iraq, se transmitía la sabiduría y la cultura ancestral a las nuevas generaciones, de padres a hijos y, sobre todo, de abuelos a nietos, hasta que llegó la palabra. Así durante muchos siglos, hasta descubrir una experiencia relatada recientemente por María José Llergo, cantora andaluza, en una entrevista realizada por María Casado en el programa “Las tres puertas”, en RTVE, el pasado miércoles 22 de febrero.

María José Llergo ha ganado recientemente el Goya a la Mejor canción por Te espera el mar, en la banda sonora de Mediterráneo. Ha sido la oportunidad de que el gran público la conozca por sus señas de identidad reflejadas en su manera de cantar ante la sombra de su abuelo, tal y como lo ha contado a María Casado: “Yo aprendí a hablar con sus canciones, es una persona que ríe todos los días de su vida y para mí es un ejemplo; canta por tangos, serranas, livianas, por peteneras, por soleá y se sabe un montón de cantes que no sabe ni cómo se llaman”; “yo lo único que quiero es ser libre, no canto por ambición o un afán de protagonismo: canto porque si no me muero de pena, es una necesidad, es como si a un pajarillo le quitas su canto, es mi manera de conversar con el momento en el que vivo, con la sociedad en la que vivo, es decir, lo que siento, lo que me duele y lo que me gusta, lo que me hace feliz; a veces parece que si hablas de algo que no te gusta pero que no haces nada por arreglarlo no sirve de nada. Entonces, yo canto para ver si así, entre todos, nos damos cuenta de lo que nos duele y nos sanamos”. A continuación, casi sin respiro después de estas profundas palabras, explicó el contenido de su canción “Tu piel”, que interpretó en directo: la canción “habla de que lo que hay debajo de tu piel no es simple, que las apariencias pueden decir lo que quieran pero que lo que importa en tu esencia, lo que tienes aquí dentro, que las pertenencias van y vienen, pero que lo que hay aquí dentro (señalándose la frente) nadie te lo puede arrebatar”:

Lo quе hay debajo de tu piel no еs simple
Lo quе hay debajo de tu piel no еs simple
Lo que hay debajo
Lo que hay debajo
Lo quе hay debajo de tu piel no еs simple

No
No es simple

Tu corazón vacío y tus bolsillos llenos
Todo el mundo quiere ser rico, nadie quiere ser bueno
No existe nada que compre un corazón sincero
Me da lástima del pobre que solo tiene dinero

Ella confiesa que quiere poner de moda “ser buenos”, porque “al final es lo único que te hace vivir y morir tranquilo”. Su abuelo, sus padres y Andalucía son su inspiración: “mi Andalucía”, a través de la luz y el agua que son «mi vida». Todo ello se llama respeto, gracia, dignidad, “se llama Andalucía”. Ha soñado bonito desde que era niña y se imagina que de aquí en adelante va a cantar siendo feliz junto a los suyos, que le han dado tanto. Quiere llenar el mundo de sensibilidad y alegría y dice algo extraordinario: “que no se nos olvide: el amor es lo que importa al final, porque es lo que queda cuando nos vamos”. Ella lo ejemplifica con un fandango de Pepe, su abuelo: Toda la vida trabajando / trabajando para guardar / pero cuando yo me muera / no me voy a llevar ná.

María José se ha pasado la vida escuchando a su abuelo, porque aprovecha cada segundo cuando lo tiene cerca, porque él tiene cuatro columnas bien alineadas: lo que piensas, lo que dices, lo que sientes y lo que haces: “es la persona más coherente que conozco”. María José nos ha hablado de una esencia del ser andaluz, ser escuchaores de la vida. Un abuelo de Andalucía, Pepe, nos lo ha enseñado a todos y Federico García Lorca lo argumentó de forma especial en la presentación oficial en Granada del Primer Concurso del Cante Jondo, que se celebró el 19 de febrero de 1922, en nombre del Centro Artístico, al que la prensa conocía también como la “Simpática Sociedad”, mediante una Conferencia que llevaba por título “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”, cuyas palabras finales no olvido: “A todos los que a través de su vida se han emocionado con la copla lejana que viene por el camino, a todos los que la paloma blanca del amor haya picado en su corazón maduro, a todos los amantes de la tradición engarzada con el porvenir, al que estudia en el libro como al que ara la tierra, les suplico respetuosamente que no dejen morir las apreciables joyas vivas de la raza, el inmenso tesoro milenario que cubre la superficie espiritual de Andalucía y que mediten bajo la noche de Granada la trascendencia patriótica del proyecto que unos artistas españoles presentamos”. Sé que mi deber como andaluz es convertirme en “escuchaor” de lo que Andalucía canta a través de su dolor, de su quejío.

He comprendido bien que escuchar el dolor actual de esta tierra es un elogio de la caricia o, si quieren, una exaltación de su impacto en mi alma de secreto, para honra de Andalucía y sus gentes, tal y como lo aprendí de las palabras de García Lorca pronunciadas en Granada hace tan solo cien años. O de las que el miércoles pasado expresó María José Llergo, con el alma de su abuelo dentro: “yo lo único que quiero es ser libre, no canto por ambición o un afán de protagonismo: canto porque si no me muero de pena, es una necesidad, es como si a un pajarillo le quitas su canto, es mi manera de conversar con el momento en el que vivo, con la sociedad en la que vivo, es decir, lo que siento, lo que me duele y lo que me gusta, lo que me hace feliz; a veces parece que si hablas de algo que no te gusta, pero no haces nada por arreglarlo, no sirve de nada. Entonces, yo canto para ver si así, entre todos, nos damos cuenta de lo que nos duele y nos sanamos”.

Sigo viviendo con la esperanza de que el dios que corresponda comprenda qué significa hoy ser andaluz o andaluza en Andalucía, más allá de los que nos llevan al diccionario de uso del andaluz corriente como una sola palabra, cuando lo que necesitamos es una definición urgente como personas con luz interior, pero con un enigma de fuego y nieve dentroescuchaores y escuchaoras por definición cuando el pueblo canta y clama a través de sus “palos”, como palabras hilvanadas en la melodía del dolor diario. Como Cernuda soñó un día esperando el alba de su tierra que, muchos años después, seguimos esperando para todos, sobre todo para los que menos tienen y no pueden salir a día de hoy de las jaulas de pobreza en que viven. Con una realidad exasperante, casi un millón de parados y otro millón de pensionistas en el umbral de pobreza, junto con miles de niños viviendo en pobreza severa, sin ir más lejos, que están entre los andaluces que llevan la soledad dentro, tal y como lo expresó Cernuda, nuestro paisano, que siempre soñó con el despertar del alba de la libertad y dignidad en Andalucía: “Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. // Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. // Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda / al andaluz. Con las letras de su cante jondo, desgarrado, al que escucho hoy con atención reverencial para seguir luchando y viviendo en pleno siglo XXI: no te creas si te dicen que ya no sufre [Andalucía], mi pueblo, porque aunque los pobres reímos y algunas veces cantamos, la procesión va por dentro (Ricardo Cantalapiedra), porque el quejío del flamenco, como escuchaor, no resbala por mi piel, ni debajo de ella, sino que la modifica para siempre.

María José Llergo, Te espera el mar, Goya 2022 a la mejor canción

Lo que recomiendo hoy, Día de Andalucía, es seguir de cerca a García Lorca, como escuchaores de él y de María José Llergo, acompañados por el alma que entrega ella a su abuelo, a través de cada canto, por el dolor y el quejío que llevan dentro. Un ejemplo de coherencia andaluza por lo que piensa, dice, siente y hace, las cuatro columnas bien alineadas de su abuelo Pepe, de Pozoblanco, en Córdoba, en Andalucía, sin ir más lejos.

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Hojas sueltas / 18. El filósofo Byung-Chul Han nos enseña cómo podemos sobrevivir en la sociedad del cansancio

La sociedad del cansancio

Sevilla, 9/VII/2026 – 10:09 h CET (UTC+2)

Acusamos cansancio existencial por la pérdida de valores en este mundo al revés. He tratado este problema en varias páginas de este cuaderno digital y hoy he elegido una especial por lo que significa aprehender bien el constructo “sociedad del cansancio”, analizado de forma magistral por el filósofo coreano Byung-Chul Han.

Pasen y lean. No les va a defraudar, porque como afirmaba el año pasado, la lectura de “La sociedad del cansancio” nos invita a tomar conciencia del “desacuerdo” íntimo con lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, que nos cansa por su tozudez, siendo curiosamente el verdadero motor para salir de ese cansancio cansino, que nos lleva a actuar para vencer las situaciones sociales que ocasionan este mal físico, psíquico y social.

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Byung-Chul Han nos explica qué significa sobrevivir en la sociedad del cansancio

Sevilla, 23/X/2025 – 07:13 h (CET+2)

Continúo hoy con la pequeña serie dedicada al filósofo coreano, nacionalizado alemán, Byung-Chul Han (Seúl, 1959), con motivo de la entrega del Premio de Comunicación y Humanidades 2025, mañana, en el Teatro Campoamor de Oviedo, en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias.

El segundo artículo de este pequeño homenaje personal, publicado en el mes de enero de este año en este cuaderno digital, se centra en otro hilo conductor de su obra, el abordaje de una “sociedad cansada” y la búsqueda de respuestas a este fenómeno acuciante, porque “detecta que en las últimas décadas se ha producido en nuestras sociedades occidentales avanzadas un cambio de paradigma y que la anterior sociedad disciplinaria –basada en imperativos y prohibiciones externos– ha pasado a ser una sociedad del rendimiento, en la que los individuos se afanan por explotarse a sí mismos. Si antiguamente el quebrantamiento de la norma acarreaba el castigo, ahora el incumplimiento del anhelo provoca frustración”.

Abordar este nuevo paradigma es un reto ético y existencial. De ahí la importancia que otorgo a sus planteamientos filosóficos, en los que aplica siempre el principio de realidad freudiano sobre lo que está pasando y estamos viendo a diario. En la identificación urgente del sentimiento o de la conciencia de “clase cansada” o no, está la cuestión de dar la mejor respuesta a este enemigo público número uno de la democracia.

Vivimos en la sociedad del cansancio

Sevilla, 15/I/2025

La locución verbal coloquial “estar cansado o cansada” hace estragos en nuestro país. Yo, tú, él, ella, nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, ellos y ellas, demostramos a diario que no falta nadie para participar en el mantra que se propaga a diario con una etiqueta a modo de locución también: estamos cansados y todos formamos parte de la sociedad del cansancio. En este contexto, sigo compartiendo con la Noosfera las tesis del filósofo coreano Byung-Chul Han, casi un clásico popular ya en este cuaderno digital, en esta ocasión haciendo referencia a una publicación suya, La sociedad del cansancio, emblemática e iniciática en su trayectoria de conocimiento compartido, ahora en torno a este espinoso asunto.

Como suelo hacer habitualmente para no caer en espóiler, utilizo la sinopsis oficial de la obra para dar a conocer su hilo conductor: “La sociedad del cansancio puede considerarse una de las obras más emblemáticas de Byung-Chul Han. En ella, con una visión casi profética, se presentan los grandes temas que el filósofo surcoreano desarrollaría luego durante más de una década, alcanzando celebridad mundial. En conmemoración de toda esa trayectoria filosófica, y por su rotunda actualidad, volvemos a presentar ahora esta obra en una nueva traducción. Byung-Chul Han detecta que en las últimas décadas se ha producido en nuestras sociedades occidentales avanzadas un cambio de paradigma y que la anterior sociedad disciplinaria –basada en imperativos y prohibiciones externos– ha pasado a ser una sociedad del rendimiento, en la que los individuos se afanan por explotarse a sí mismos. Si antiguamente el quebrantamiento de la norma acarreaba el castigo, ahora el incumplimiento del anhelo provoca frustración. Cifrar la plenitud personal y el sentido de la vida en la incesante autoexigencia de rendir cada vez más conlleva como resultados culturales la nivelación de todas las diferencias, el infierno de lo igual y la pura positividad. Como consecuencias psicológicas acarrea cansancio, aburrimiento e indiferencia y como secuelas psiquiátricas ocasiona diversos síndromes: de hiperactividad, impaciencia, desatención y agotamiento. De este modo, el precio vital exige la renuncia al ánimo festivo, a la pura celebración de la vida”.

Para comprender desde el principio el significante y significado del cansancio humano, Byung-Chul Han presenta en el Prólogo un prototipo histórico: Prometeo extenuado: “EL mito de Prometeo se podría reinterpretar como una escenificación de la estructura psíquica del hombre contemporáneo: un sujeto que, viéndose forzado a aportar rendimiento, se inflige violencia y guerrea contra sí mismo. Aunque este sujeto forzado a aportar rendimiento se figura que es libre, lo cierto es que, en realidad, está tan encadenado como Prometeo. Un águila devora su hígado, el cual se va reproduciendo constantemente conforme es devorado. Esa águila es el alter ego del sujeto contemporáneo, y este guerrea contra aquel. Si lo pensamos así, la relación entre Prometeo y el águila es una relación del sujeto consigo mismo, una relación de autoexplotación. En principio, el hígado sería un órgano insensible, pero aquí sí sufre un dolor, que es el cansancio. Es seguro que a Prometeo, como sujeto que se explota a sí mismo, lo acometerá una fatiga infinita. Prometeo es el arquetipo de la sociedad del cansancio”.

Lo verdaderamente sorprendente viene a continuación en este prólogo: “En su críptico relato «Prometeo», Kafka hace una interesante relectura del mito: «Los dioses se cansaron. Las águilas se cansaron. La herida, de cansancio, se cerró». Kafka está pensando aquí en un cansancio curativo, en un agotamiento que no abre heridas, sino que las cierra. La herida, de cansancio, se cerró. Inspirado por esa misma idea, también este ensayo es una invitación a meditar sobre una fatiga lenitiva: un agotamiento que no es la irritada extenuación que nos entra cuando nos ensoberbecemos desaforadamente, sino la sana lasitud que nos sobreviene cuando deponemos cordialmente nuestro ego”.

Lo que me preocupa de verdad es la somatización hasta límites enfermizos, de esta manifestación humana, fabricada por un mundo que agota al más listo de la clase, porque cada día hay que tener más y más y poseer la última versión de todo, aunque de verdad no se comprenda nada de lo que está pasando y así, miles de veces, hasta la extenuación. El filósofo coreano nos invita a tomar conciencia del “desacuerdo” íntimo con lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, que nos cansa por su tozudez, siendo curiosamente el verdadero motor para salir de ese cansancio cansino, que nos lleva a actuar para vencer las situaciones sociales que ocasionan este mal físico, psíquico y social.

Un ejemplo de la justificación del “cansancio de clase” mal entendido lo conocí de forma sorprendente hace casi cincuenta años, durante una larga estancia en Italia. Personalmente, ya era consciente de que la tecnificación prometeica estaba jugando malas pasadas al ser humano, porque su secreto más íntimo se resistía a ser calculado a nivel de computadoras. También recuerdo a este propósito mi experiencia en el Hospital Psiquiátrico de Racconigi (Cuneo), pueblo italiano que me enseñó mucho sobre los problemas últimos de la enfermedad mental. Allí tuve la oportunidad de conectar con un eminente neuropsiquiatra turinés, profesor mío, que había trabajado en varios centros psiquiátricos de Turín y Cuneo. En una conversación inolvidable, salpicada de anécdotas escalofriantes, me recordó la realidad del Hospital de lvrea (Turín), un centro psiquiátrico famoso. Este pueblo «vivía» en torno a la fábrica «Olivetti», multinacional en aquella época que fabricaba máquinas de escribir y calculadoras electrónicas. El diez por ciento de los enfermos allí ingresados procedía de la fábrica, en concreto, de un departamento dedicado a la elaboración completa de un determinado tipo de calculadora. El esfuerzo que se exigía al trabajador era tal, azuzado por el famoso acicate del “tú puedes”, que no era raro acabar tarde o temprano en el hospital. Las preguntas que podemos hacemos a tenor de los hechos, afloran casi sin damos cuenta. ¿Es justo que se sacrifiquen cerebros humanos y familias enteras, en aras de alcanzar los mil objetivos que el trabajo o el mercado nos anuncia cada día? Esta anécdota de Olivetti e Ivrea, muy simbólica en el momento actual de la inteligencia artificial, que no deja de ser importante, es un pequeño botón de muestra de la «locura», de los cansancios patológicos que crea la sociedad actual por el atosigamiento continuo del tener frente al ser. Ante esta realidad, ¿debemos seguir aceptando de forma impasible este sinsentido?

Elaborar un esquema electrónico podía costar la vida y el cerebro a trabajadores de Olivetti, porque su cansancio no tenía límite, había que producir a cualquier precio y coste humano, pero elaborar la conducta de personas “cansadas” a través de los programas informáticos, puede llevar a la humanidad, a la sociedad del cansancio, a enfermedades mentales y sociales de todo tipo, mucho más grave cuando estas situaciones provocan discriminaciones terribles en una sociedad ya cansada, que no sabe reaccionar ante el poderoso caballero don dinero o don prestigio, para mí simbolizado perfectamente en aquella pancarta de los universitarios de Padua (Italia), en los años setenta del pasado siglo, que decía así: «Los hijos de los ricos siempre están cansados, pero los hijos de los pobres siempre están locos».

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¡Paz y Libertad!

Hojas sueltas / 17. La mediocridad se instala en la sociedad, protegida por el neofascismo

La rebelión de los maniquíes | Love Valencia

Lo mediocre es peor que lo bueno, pero también es peor que lo malo, porque la mediocridad no es un grado que pueda mejorar o empeorar, es una actitud.

Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir.

Jorge WagensbergAforismos

Sevilla, 8/VII/2026 – 08:28 h CET (UTC+2)

Como primera declaración de principios hoy, manifiesto abiertamente que detesto la mediocridad en todas sus manifestaciones posibles. En tal sentido he escogido una “hoja suelta” de 2021, La mediocridad se ha instalado en nuestras vidas, que mantiene su valor intrínseco ante la proliferación de la mediocracia, también tratada habitualmente en este cuaderno digital.

El aforismo de Jorge Wagensberg sobre la mediocridad y sus agentes, mediocres por definición, me sobrecoge cada vez que lo leo o recuerdo: “Todo mediocre cree haber descubierto lo que es poder: poder es poder hacer sufrir”.

Estamos avisados.

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La mediocridad se ha instalado en nuestras vidas

Sevilla, 22/II/2021

Al ir del timbo al tambo en nuestra vida, algo que frecuentaba García Márquez y que cita expresamente en sus Cuentos peregrinos, nos encontramos con una frecuencia desaforada a una legión de personas mediocres que lo inundan todo por tierra, mar y aire. He escrito en reiteradas ocasiones sobre esta perversidad social y vuelvo hoy a tratarlo porque el mundo camina por derroteros mediocres, a través de determinados políticos mediocres (no todos son iguales) que gobiernan creyendo que lo están haciendo muy bien, en un acusado efecto Dunning-Kruger que supone para ellos mismos creer que lo saben todo sin tener en muchas ocasiones idea de casi nada. Es un mal endémico que hace estragos en cualquier estamento social, no sólo en la política, que acaba afectando a todos los órdenes de la vida. 

Este escalafón tan alto de la mediocridad hace que las personas que la practican en general crean que lo que hacen es siempre lo correcto, sobreestimando su conocimiento, sus habilidades y sus actitudes, en una tríada conductual que da pánico. También, tienen una incapacidad metafísica que les impide reconocer que los demás pueden hacer algo bien y, por último, son incapaces de reconocer de alguna manera que casi todo en su vida es una gran mentira y que son extremadamente insuficientes, es decir, mediocres en estado puro.

El efecto citado de Dunning-Kruger se denomina así en honor a sus descubridores, Dastin Dunning y Justin Kruger, investigadores de la Universidad de Cornell (EEUU), que publicaron un estudio al respecto en el Journal of Personality and Social Psychology, en diciembre de 1999, partiendo de una hipótesis que ya había anunciado Darwin varios siglos atrás: “la ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento”. Es verdad, porque las personas mediocres suelen ser ignorantes en casi todo lo que dicen y tocan. Los dos investigadores exponen en su trabajo científico que las personas tienden a tener puntos de vista excesivamente favorables de sus habilidades en muchos ámbitos sociales e intelectuales, porque las personas que no están calificadas en estos campos sufren una doble carga: no sólo llegan a conclusiones erróneas y toman decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia es tal que les roba la capacidad metacognitiva para darse cuenta de lo que les ocurre.

La mediocridad centrada en el discurso de la ignorancia elevada a categoría suprema y omnisciente me sigue preocupando mucho y cada día que pasa y vemos lo que nos rodea, más todavía por “[…] la situación actual del país y la mediocridad que nos invade en todos los ámbitos posibles, aquí, allá, acullá. He reflexionado en diferentes ocasiones en este cuaderno digital sobre esta lacra social, porque constato que estamos instalados en el reino de la mediocridad. Por esta razón, no hay tiempo que perder y hay que desenmascarar a los mediocres con urgencia vital, dondequiera que estén, porque viven en un carnaval perpetuo. Este país no logra sacar distancia a esta lacra que nos pesa desde hace bastantes años porque ahora, en el país de los tuertos desconcertados, el mediocre es el rey. Es una plaga que se extiende como las de Egipto casi sin darnos cuenta. Los encontramos por doquier, en cualquier sitio: en la política, en las artes, en los medios de comunicación social, en la educación, en los mercados, en las religiones y en las tertulias que proliferan por todas partes en el reino de la opinión. Los mediocres suelen meter la mano en todos los platos de las mesas atómicas y virtuales, en las que a veces nos sentamos, con total desvergüenza. Son personas de “calidad media, de poco mérito, tirando a malo”, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. También, tóxicos o tosigosos, que suelen complicar la vida a los demás por su propia incompetencia”.

Lo repito hoy hasta la saciedad: mediocridad de mediocridades, (casi) todo es mediocridad. Casi todo es de calidad media, tirando a malo, como nos enseña nuestro Diccionario de la Lengua, pero está de moda. Lo digo una y mil veces: los mediocres están haciendo de cada día su día, su mes, su año, de forma silenciosa. Al igual que Diógenes de Sínope, tendremos que coger una linterna ética y gritar a los cuatro vientos ¡buscamos personas dignas y honestas, no mediocres! Es probable que los mediocres salgan huyendo porque no soportan dignidad alguna que les puede hacer sombra, si es que alguna vez tuvieron cuerpo presente de altura de miras, que no es el caso. Ni de los que los eligen para puestos claves en la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que entre tibios, mediocres y tristes anda el juego mundial de dirigir la vida a todos los niveles, nuestro país incluido, con especial afectación en determinados partidos que nos representan. Cuando los mediocres se instalan en nuestras vidas, en nuestra política o en nuestro trabajo diario, hay que salir corriendo porque no hay nada peor que una persona mediocre con poder equivocado, además triste y tibia, sin dignidad alguna. Pero es necesario estar orientados y correr hacia alguna parte, hacia la dignidad en todas y cada una de sus posibles manifestaciones. Es la mejor forma de luchar contra la lacra social de la mediocridad y sus indignos representantes, porque intentan invadirnos por tierra, mar y aire, sin compasión alguna. Cada vez tenemos menos tiempo para descubrirlos, aunar voluntades para ocupar su sitio y, de forma celular, boca a boca, recuperar tejido crítico social para crear nuevos liderazgos en nuestro país, tan dañado en la actualidad y que tanto los necesita.

Me reafirmo en la siguiente actitud proactiva contra la mediocridad: busquemos la nueva linterna de Diógenes para poder encontrar personas dignas, aunque hay que tener claro que no está en los catálogos del mercado, porque no es mercancía, sino en nuestra conciencia individual y social de pertenencia a una ideología de clase, no inocente, que luche por un mundo que merezca la pena vivirlo y compartirlo de la forma más digna posible. Vuelvo a leer ahora un libro que me ayuda a comprender lo que está ocurriendo con esta plaga tan peligrosaMediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, una reflexión seria y fundamentada sobre esta plaga del siglo XXI, que se ha hecho fuerte y pretende tomar el gobierno universal de todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Su autor es Alain Deneault, filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y director del programa del Collège international de philosophie de París. El libro es recomendable para almas inquietas y que estén saturadas de la mediocridad que ha instalado sus bases en nuestros entornos más cercanos. La sinopsis del libro nos aclara su hilo conductor: “Si los de arriba no cuestionan ni imaginan nada, ¿a qué podemos aspirar? El político ambivalente afín a progresistas y conservadores; el profesor de universidad que ya no investiga, sino que rellena formularios burocráticos; el reportero que encubre los escándalos fiscales y hace ruido en la prensa amarillista o el artista revolucionario, pero subvencionado… El rigor y la exigencia han dejado paso al esquema carente de referentes que inspira esta crítica mordaz. Da igual si es el ámbito político, académico, jurídico, cultural o mediático: se mire por donde se mire, se constata el triunfo de lo mediocre. El autor analiza con un estilo ingenioso cómo las aspiraciones mediocres que invaden la sociedad no dan como resultado sino ciudadanos también mediocres”.

Todo muy medido, donde las personas somos a veces maniquíes que como el rey del cuento de Andersen vamos desnudos ante la intemperie de la mediocridad imperante, mucho más cerca de nosotros de lo que realmente pensamos. Estamos avisados.

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¡Paz y Libertad!

En Andalucía, vivimos horas amargas por la firma del Acuerdo de Gobierno PP-VOX para esta legislatura

Rótulo de la calle Andalucía amarga, en el barrio de El Cerro del Águila, en Sevilla, al que tanto amó Salvador Távora (Sevilla, 1930-2019) / JA COBEÑA

 Sevilla, 6/VII/2026 – 07:53 h CET (UTC+2)

No me refiero hoy de manera formal a la obra que Salvador Távora (Sevilla, 1930-2019) hizo famosa en 1979, Andalucía amarga, de feliz recuerdo ideológico por su acerado trato de la emigración en general y andaluza en particular, que también viene bien recordarlo, sino a una realidad lacerante de fondo, amarga por supuesto, por la firma el pasado jueves del Acuerdo de Gobierno PP-VOX en Andalucía.

Lo he leído y analizado detenidamente a través de sus 60 páginas, que contienen tres apartados: las bases del acuerdo, 150 medidas en quince títulos (Fiscalidad, Inmigración y Energía, Industria y Empleo, Familia, Cultura y Turismo, Vivienda, Movilidad y transporte, Educación, Justicia, Sanidad, Sector Primario, Medio Ambiente, Gasto superfluo, Leyes ideológicas y una Cláusula final), con sus plazos correspondientes y, por último, la distribución de responsabilidades, que se concretan en una macroconsejería de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local, más una vicepresidencia primera en la Mesa del Parlamento y la designación autonómica de un Senador.

Cabecera y firma conjunta del Acuerdo de Gobierno PP-VOX en Andalucía

Estas son las mimbres del Acuerdo, cuyas bases descubren el verdadero sentir de la derecha vestida con piel de cordero y su abrazo descarado con la ultraderecha a través de 150 medidas, bordeando en bastantes casos la Constitución y la legalidad vigente. Comenzando por las Bases, dicen algo que es una verdad democrática incuestionable, al referirse a los resultados “irrefutables” de las elecciones del pasado 17 de mayo, conseguidos por ambas formaciones, que les permite alcanzar este Acuerdo al haber obtenido conjuntamente una mayoría suficiente de 68 escaños sobre 109, que al sumar el 62,4% del total, también supone las 3/5 partes del Parlamento, cifras importantes para la toma de decisiones transcendentales en esta legislatura.

Por ello, en el Acuerdo se afirma que “hoy se ofrece a los andaluces un pacto de gobierno llamado a hacer de Andalucía un modelo de convivencia, sentido común y firmeza frente al modelo de la mentira que tiene su mayor exponente en el Palacio de la Moncloa”. Creo que esta última expresión junto a otras muchas del Acuerdo, reflejan que la denominada “vía andaluza” de moderación y buenas formas, personalizada en la marca “Juanma Moreno”, tan cacareada por el PP, ya es una “vía muerta” con la firma de este Acuerdo de gobierno y estabilidad para Andalucía.

Además, ambas formaciones coinciden en algo sustancial:

También me ha llamado la atención la siguiente declaración de principios, porque leyendo detenidamente en este documento palabras tales como “dignidad”, “humanidad”, “justicia” e “igualdad”, suenan hoy terriblemente huecas por mucho que el presidente, en su toma de posesión ayer, quiera ahora justificar la firma del Acuerdo: “La dignidad inherente a todo ser humano es un postulado irrenunciable y un compromiso ético absoluto y permanente para los firmantes de este acuerdo. En este sentido, la política social de este Gobierno estará fundamentada en los principios de justicia, igualdad y humanidad, que son los que defiende la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía para Andalucía”. Casa mal esta base del acuerdo con las medidas previstas en un denominador común a las 150 medidas acordadas, la “prioridad nacional”, cuando se abordan medidas sociales de todo tipo frente a la inmigración, por ejemplo hasta 12 en el segundo apartado del Acuerdo. Cualquiera de las doce medidas de este apartado es un despropósito legal y humanitario, pero es en la medida 18 donde adquiere signos dramáticos la denominada prioridad nacional, que se desarrolla sin rubor alguno y con un plazo de implantación muy claro, “desde los primeros avances del inicio de la legislatura”: “El acceso a todas las ayudas, subvenciones y prestaciones públicas se inspirará en el principio de prioridad nacional, que procure la asignación prioritaria de los recursos públicos a quienes mantienen un arraigo real, duradero y verificable con el territorio”.

Igualmente, otra vuelta de tuerca en la prioridad nacional está presente al desarrollar las medidas de vivienda, cuando se aborda la medida 49 referida al acceso a la vivienda protegida y el alquiler social. Más adelante, leo con estupor la medida 64 sobre el “Fin del Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí (PLACM)”, por entenderse por parte de los firmantes que es un ejemplo de adoctrinamiento en las aulas de Andalucía, como una injerencia a combatir.

Quizá me ha dolido más la medida 100, en el apartado de Sanidad, junto a otras más generalistas y nunca inocentes, como meras declaraciones de intenciones, referida a la realización de una “Auditoría anual del coste sanitario derivado de la atención a extranjeros en Andalucía”, donde vuelven a aparecer las personas sin residencia legal acreditada y urgencias, entre otras tipologías a auditar, señaladas una vez más como oscuro objeto de deseo político en este Acuerdo.

Por deformación profesional, me he detenido especialmente en el apartado de Sanidad, que contiene 28 medidas, en un todo revuelto como meras declaraciones de principios, de muy difícil concreción, porque el problema radica en la falta de creencia de los firmantes en la verdadera esencia de la sanidad pública, como una de las piedras angulares del Estado de Bienestar. La colaboración público-privada sobrevuela este apartado, con una inquietante referencia a acudir a ella “cuando sea útil para reducir listas de espera, pruebas diagnósticas o actividad asistencial demorada”. ¿Dónde queda la Proposición de Ley, de iniciativa legislativa popular, de recuperación de los niveles de calidad del sistema sanitario público en Andalucía, aprobada por el Parlamento en el mes de noviembre pasado? Sé que VOX se abstuvo, no lo he olvidado, pero es una gran propuesta que se debería rescatar con urgencia.

Respecto de las medidas relativas al apartado de “Gasto superfluo”, qué injusto es leer el contenido de la 144 sobre eficiencia en el uso de los recursos públicos, cuando expresa lo siguiente: “se impulsarán las reformas necesarias para avanzar de forma progresiva en la reducción, hasta su eliminación, de aquellas subvenciones o ayudas públicas que no contribuyan de forma directa y verificable a la mejora de la calidad de vida de los andaluces, con atención especial a las destinadas a la cooperación internacional al desarrollo”. De nuevo, el mantra de la “prioridad nacional”. ¿Dónde está la humanidad y la solidaridad en esta medida?

Por último, quiero resaltar el apartado sobre “leyes ideológicas”, con dos medidas, la 148 y 149, que me producen una indignación total, al acordar la primera la aprobación de una “Nueva Ley de Concordia” antes de que finalice este año, que derogará y sustituirá a la actual Ley andaluza en materia de memoria histórica. La medida 149 se refiere a revisar y, en su caso, derogar, entidades públicas, ayudas y leyes ideológicas, garantizándose que “toda la acción de gobierno de la Junta de Andalucía se inspirará en los principios de libertad, eficiencia y austeridad, renunciando expresamente a todo intento de imprimir cualquier sesgo ideológico o condicionar el libre pensamiento y juicio de los ciudadanos”. Verdaderamente sorprendente y vergonzoso.

Quedan sin citar aquí otras muchas medidas muy preocupantes, por ejemplo respecto del cambio climático, aceptando plenamente este documento el negacionismo en este ámbito y el blindaje del sector primario en relación con la Agenda 2030, alejando cada vez más de Europa a nuestra Comunidad, que tanto nos da en Fondos de Desarrollo Regional. El Acuerdo tiene ausencias clamorosas, por ejemplo sobre la violencia de género, pero creo que nuestra obligación democrática es divulgarlo para que se conozca, dado el ocultismo con el que se ha tratado, haciéndose público sólo media hora antes de la celebración del pleno parlamentario para votar la elección del nuevo presidente de la Junta de Andalucía.

Al buen entendedor democrático, con las 150 medidas del Acuerdo, basta para denunciarlo y divulgarlo para general conocimiento de la ciudadanía andaluza. Es la única forma de que en democracia se puedan emitir juicios bien informados. Estamos avisados.

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Hojas sueltas / 16. Egeria fue una viajera gallega muy curiosa

FRESCO POMPEYA
Fresco de Pompeya de una mujer romana antes de escribir

Como soy un tanto curiosa, quiero verlo todo

Egeria, en Itinerarium ad Loco Sancta (siglo IV d. C.)

Sevilla, 28/VI/2026 – 14:28 h CET (UTC+2)

El verano es un tiempo propicio de viajes, que nos permite hacerlos con libros a modo de buenos compañeros de aventuras y si es posible, como recomendación personal, buscando “islas desconocidas”, siguiendo al pie de la letra el cuento homónimo de José Saramago. Con tal motivo, he recordado una “hoja suelta” de este cuaderno digital, publicada en tiempos difíciles de la pandemia de 2020, porque me permitió descubrir una historia preciosa de Egeria, una viajera gallega y peregrina por más señas.

Egeria escribió una obra, Itinerarium ad Loco Sancta, a modo de guía de viaje a los llamados “lugares sagrados”, 37 folios en pergaminos, tal y como lo afirma su descubridor, el investigador José Eduardo López Pereira, catedrático de Filología Latina y autor de Viaje de Egeria. Es maravilloso constatar cómo una mujer revolucionó la forma de conocer el mundo en un siglo tan controvertido: “La importancia de estas averiguaciones es evidente. Estaríamos, posiblemente, en presencia de la primera escritora española de nombre conocido cuya obra haya llegado a nuestras manos. Y su relato, el primer libro español de viajes”.

En un mundo imaginario de cultura ética viajera, que también existe, “compren” hoy este billete para un viaje especial, acompañados por Egeria, una “viajera muy curiosa”. No les defraudará.

Instituto Cervantes / Egeria, la primera viajera escritora hispana

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Egeria, una viajera muy curiosa

Sevilla, 10/VII/2020

Les presento a Egeria, una gran desconocida en nuestro país. No se conservan piezas teselares ni pinturas que nos permitan reconocerla y me ha parecido interesante rescatar la imagen que preside estas palabras para representarla de la mejor forma posible, que corresponde a un fresco precioso de la ciudad de Pompeya, en el que aparece una mujer romana en una posición reflexiva e inquietante antes de escribir. En tiempos de coronavirus y cuando estamos dando los primeros pasos en la nueva normalidad veraniega, puede ser reconfortante conocer una historia apasionante, la de una mujer viajera muy curiosa, de origen gallego (de la Gallaecia), que nació y vivió en el siglo IV (d. C.) en esta provincia, una de las cinco en las que el Imperio había dividido Hispania en tiempo del emperador Diocleciano (a. 298): Lusitania, Tarraconense, Cartaginense, Bética y la propia Gallaecia.

Su espíritu aventurero lo reconocía ella misma en las primeras páginas que se han encontrado de su obra, Itinerarium ad Loco Sancta, que se descubrió en 1884 por el investigador italiano Gian Francesco Gamurrini en la Biblioteca della Confraternitá dei Laici (o de Santa María) en Arezzo (Italia), un códice en pergamino de 37 folios y escrito en latín popular tardío: “Como soy un tanto curiosa, quiero verlo todo”, a modo de declaración de intenciones dirigida en formato de carta a sus compañeras, en las que detalla hasta la saciedad todas sus andanzas: “Al parecer, la redactora escribía a unas lejanas dominae et sorores (“señoras y hermanas”) que habrían quedado muy lejos, en la patria común, a la cual ella confiaba en volver, según indicaba al final de su relato. La autora había realizado un largo periplo, desde «tierras extremas» hasta los lugares bíblicos, y describía estos a sus remotas destinatarias con una frescura y candor de lenguaje que cautivaban desde el primer momento: aquella era una obra singular” (1).

Egeria inició su viaje en Gallaecia, “[…] y tras recorrer el Sur de la Galia y el Norte de Italia, llegó a Constantinopla en el año 381 después de cruzar en barco el mar Adriático. De Constantinopla se trasladó a Jerusalén, visitando también Jericó, Belén, Nazaret y Cafarnaúm. Viajó a Egipto en el 382, donde visitó Alejandría, Tebas, el mar Rojo y el monte Sinaí. Posteriormente Egeria se desplazó a Antioquía, Edesa, Mesopotamia y Siria antes de volver a Constantinopla, donde se pierde su pista” (2).

Es una historia apasionante que recomiendo como libro iniciático de viajes en estos días especiales de estío. Es interesante conocer que «El de Egeria es el primer viaje de sacrificio y peregrinación de la historia. Antes había habido otros viajes literarios o de recreo, pero no de peregrinación». Así lo ha afirmado el catedrático de Filología Latina e investigador José Eduardo López Pereira, uno de los mayores especialistas en la figura de la peregrina gallega y traductor de su Itinerarium, que se puede conocer con detalle en la presentación que hizo de esta viajera en el I Fórum del Camino de Santiago, celebrado en Santiago de Compostela en octubre de 2015.

Si animo a conocer a Egeria es porque supone un hallazgo que debemos compartir en la Noosfera, en esta singladura a la que invito a formar parte de su tripulación virtual cada vez que nos subimos a “La Isla desconocida”, tal y como lo explicita el autor de Viaje de Egeria. Sobre todo porque es maravilloso constatar cómo una mujer revolucionó la forma de conocer el mundo en un siglo tan controvertido: “La importancia de estas averiguaciones es evidente. Estaríamos, posiblemente, en presencia de la primera escritora española de nombre conocido cuya obra haya llegado a nuestras manos. Y su relato, el primer libro español de viajes. Porque, aunque fuera redactado con otros propósitos, concretamente desde la piedad religiosa, lo cierto es que el texto de Egeria constituye un auténtico diario de ruta, que anticipa en bastantes siglos lo que algunos exploradores medievales convertirían en género literario, y no digamos los viajeros románticos, mucho después. Incluso el vehículo formal de sus observaciones y anotaciones —la forma epistolar— es un molde adoptado por escritores viajeros de todas las épocas”.

Su personalidad es apasionada y apasionante, esencialmente curiosa en el buen sentido de la palabra “curiosidad”: “cuidado y diligencia que se pone para hacer alguna cosa con perfección y hermosura” (RAE A 1729, 708,2). Lo que Egeria hizo y escribió en su cuaderno de notas sigue aportando sentido a la vida, lo que la hace más hermosa cada día. El placer de la curiosidad sabia no es transmisible automáticamente a los demás, sino que es imprescindible adquirir el conocimiento liberador, trabajarlo internamente a través del esfuerzo de cada persona a la hora de plantearse gozar de los que algunos llaman placeres inútiles para alejarlos del poderoso caballero don dinero. Así lo reconocía hace ya muchos siglos Sócrates en su diálogo Banquete: “Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros. Como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de las más llena a la más vacía”, porque siempre está presente en almas curiosas la dialéctica del valor y precio de lo que se descubre, de lo que se admira y de lo que se goza a cambio de nada. Utilidad de lo inútil en estado puro porque la curiosidad es sólo, a veces, un hilo de lana tratado con perfección y hermosura.

(1) Pascual, Carlos. Viaje de Egeria: El primer relato de una viajera hispana, 2017. Madrid: La Línea del Horizonte, p. 14.

(2) https://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/egeria-la-primera-peregrina-de-la-historia

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Hojas sueltas / 15. Hay cerebros ciegos al color de la vida

CEREBROS CIEGOS
El día de salida. Ammar Awad (REUTERS) – 25-03-2011

¿Ciego a qué?
No a la luz:
a la vida.

Ángel González, Ciegos

Sevilla, 27/VI/2026 – 12:34 h CET (UTC+2)

Hoy he escogido una “hoja suelta” publicada hace quince años, Los cerebros ciegos al color, porque no ha perdido actualidad alguna, ante el mundo gris y al revés en el que estamos instalados.

Este cuaderno digital tiene muchas páginas dedicadas a la acromatopsia, la enfermedad de los ciegos al color, declarada formalmente por un maestro en mi vida, el neurólogo Oliver Sacks, tan presente en estas páginas. Si la rescato hoy de nuevo es porque creo que también existe su vertiente ética y política, la de aquellas personas y líderes políticos que todo lo ven gris y son ciegos al color de la vida en todos sus matices posibles.

Lo dije en 2011 y lo repito hoy: la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas, permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada.

Para lo que sirva, escrito está en este cuaderno, con palabras que aún nos quedan. Vuelvo a entrar en mi clínica del alma (mi biblioteca) y leo unos versos preciosos de Ángel González:

¿Ciego a qué?
No a la luz:
a la vida.

¿Sordo a qué?
No al sonido:
a la música.
Abre los ojos,
oye:
nada ve,
nada escucha.

Como si al mundo entero
una nevada súbita
lo hubiese recubierto
de silencio y blancura.

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Los cerebros ciegos al color

Sevilla, 26/III/2011

La foto que antecede estas líneas me ha recordado una enfermedad que estudié hace años, la acromatopsia [ceguera del color, enfermedad que no permite agregar a la óptica de la vida el color], atraído por la lectura de un libro excelente, La isla de los ciegos al color, de Oliver Sacks, que ya presenté en noviembre de 2009, con motivo de la experiencia sentida por una foto de Erick Lessing, que comenté en un post: Nuevas sonrisas, nuevas lágrimas

Mujeres, vestidas de negro, en actitud de oración y sumisión. Todas menos una, con una gorra blanca, teléfono con cámara digital en mano, que se levanta simbólicamente, captando un mensaje de necesidad de progreso en el conocimiento, en la libertad: manifestantes contra la tiranía en Yemen. También aparece un niño, con camiseta azul, buscando algo perdido: ¿libertad? Es una imagen que sugiere muchas interpretaciones, sobre todo la que representa la necesidad de integrar la vida en todas sus capacidades cromáticas. Porque en el mundo árabe, el color siempre fue interpretado con matices de belleza, con policromías que hemos heredado en este país, por ejemplo, por las cerámicas tan maravillosamente trabajadas con las manos. 

La vida es algo más que el blanco y negro, que los grises. Porque el cerebro está preparado para interpretar todos los matices cromáticos de la vida en libertad, sin dejar ninguno atrás, como reflexionaba en el post citado: la vida de cada una, de cada uno, que es lo más parecido a una película en blanco y negro, con la acromatopsia ética que corresponda, permite descansos, para recuperar esos momentos que tanto nos reconfortan y que nos devuelven felicidad. Pero también sabemos que la dialéctica de las sonrisas y las lágrimas, permite apartarnos junto a una pared de la vida personal e intransferible, sentir el abrazo de los que nos quieren, aunque inmediatamente nos llamen mediante megafonía para seguir rodando, viviendo en definitiva, en la filmación jamás contada. O para protestar, en clave religiosa, como el símbolo fotográfico de esta mujer de Yemen. Toda una lección.

NOTA: La imagen de cabecera, El día de salida, recoge la instantánea de una mujer usando su teléfono móvil para filmar a manifestantes durante una concentración que exigía la destitución del Presidente Ali Abdullah Saleh, de Yemen (Fotografía recuperada de El País, el 27 de marzo de 2011).

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