El recuerdo democrático que no cesa / 2. Josefina Manresa, esposa y musa

Descripción de Josefina Manresa por parte del poeta / Museo Miguel Hernández- Josefina Manresa / Quesada (Jaén)

Satélite de ti, no haga otra cosa,
si no es una labor de recordarte.
¡Date presa de amor, mi carcelera!

Miguel Hernández: estrofa final del primer poema, entregado en mano, a Josefina Manresa, a modo de declaración de su amor hacia ella.

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Sevilla, 27/VII/2026 – 20:19 h CET (UTC+2)

Si hubo alguien que marcó la vida y obra de Miguel Hernández, fue sin lugar a dudas una mujer extraordinaria, Josefina Manresa, cuya descripción demuestra con creces el sentimiento y reconocimiento del poeta hacia ella:

Tus señas particulares son: pelo largo, hecho un puro anillo y negro, negro como un rincón de noche, su piel pálida y graciosa, su boca demuestra una mujer de mucha voluntad y es fina y bien recortada, su nariz copiada de Venus y sus ojos profundos y pensativos y guapos en medio de dos cejas como dos puñaladas de carbón fino.

Dejando atrás su vida iniciática en la poesía, entré en la tercera sala del Museo, dedicada exclusivamente al poeta enamorado, respetando su infancia rural, una obra suya emblemática, El rayo que no cesa (enero 1936) y su controvertida estancia en Madrid desde su llegada en 1931, donde se produce la transformación ideológica tanto personal como literaria, alejándose de su arraigo literario y de creencias religiosas aprehendidas de su amigo del alma, Ramón Sijé, seudónimo de José Marín Gutiérrez, uno de los componentes del grupo que se reunía en la tahona de su amigo Carlos Fenoll, en Orihuela.

Las relaciones que establece con artistas contemporáneos, Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez, que elogió favorablemente en febrero de 1936, El rayo que no cesa y José María de Cossío, entre otros, que le acerca al mundo de los toros, así como la amistad estrecha con la pintora Maruja Mallo, le permiten descubrir nuevas proyecciones personales, literarias y poéticas. Me emocionó ver la dedicatoria de Cernuda, en su libro “La realidad y el deseo”, en mayo de 1936. Quizás fue un gran revulsivo para él la muerte de su gran amigo Ramón Sijé, al que dedicó la famosa elegía, que personalmente recuerdo siempre con especial emoción y sentimiento, creyendo que este hecho marcó un antes y un después en su compromiso social, llevándolo a límites ideológicos insospechados. La escalera de pared que se expone en la sala, junto al rótulo de calle con el nombre de su gran amigo, muerto para él “como del rayo”, simboliza algo importante en su vida: hay que olvidar el olvido de quienes amamos y un día desaparecen de nuestra vida, pero no de nuestra alma de secreto. Es lo que eleva, tramo a tramo, nuestro espíritu.

De allí pasé a la sala cuarta del Museo, dedicada a su obra “Viento del pueblo”, que demuestra el giro copernicano que Miguel Hernández supo dar a su vida, interpretando la fuerza que imprimió en su persona el viento del pueblo, sus demandas democráticas. Fueron unas vivencias vinculadas con el inicio de la guerra civil, que le sorprendió en Madrid, siendo el comienzo de una colaboración directa con la causa republicana. Esta compleja situación la puso en conocimiento de Josefina Manresa diez días después de iniciarse el golpe militar: “Mi muy querida Josefina mía […] ha habido días en los que no he podido salir a la calle de los tiroteos que había en todo Madrid”.

El “poeta del pueblo” se hace muy presente en todos los frentes republicanos y así se le reconoce en la prensa tan leída por los milicianos y milicianas implicados en la defensa de la democracia.

Durante la guerra civil, la presencia de Miguel Hernández en la prensa fue determinante en su compromiso social con las libertades. Fue un excelente periodista en el frente, donde ya era conocido en su trayectoria poética, en revistas tales como La Gaceta Literaria, Estampa, Cruz y Raya y Caballo verde, entre otras.

Considero por último, en estas reflexiones sobre esta sala del Museo, que es imprescindible recordar que Miguel Hernández fue enviado a Jaén como Jefe del Altavoz del Frente Sur republicano, siendo una publicación suya en un periódico del Partido Comunista, El Altavoz del Frente, en su número 1, un poema, Aceituneros, que para Jaén y nuestra Comunidad Autónoma tiene un valor incalculable. Contemplé con respeto reverencial esta imagen del poema:

En ese momento recordé con especial afecto la versión de Jarcha. No la olvido, porque forma parte de la banda sonora de mi vida. Alguna lágrima me recordó momentos transcendentales para preservar la democracia en nuestro país. Me sentí más cerca que nunca de Miguel Hernández y de su sufrimiento humano hasta la muerte, compartido con Josefina Manresa.

Personalmente, escucho con frecuencia la voz de Miguel Hernández, en el único archivo sonoro que se conserva, que invito a escucharla de nuevo, en una grabación realizada por Alejo Carpentier en París en 1937, cuando Miguel iba camino de Moscú. El poema que recita es la “Canción del esposo soldado», publicado primero en El mono azul y después en Viento del pueblo, dedicado a su compañera de vida, Josefina Manresa, embarazada de su hijo Manuel Ramón.

Canción del esposo soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera,

he prolongado el eco de sangre a que respondo, 

y espero sobre el surco como el arado espera:

he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos. 

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,

tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos 

de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado;

temo que te me rompas al más leve tropiezo, 

y a reforzar tus venas con mi piel de soldado 

fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,

te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. 

Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, 

ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho, 

sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa, 

te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho 

hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa

mi frente, que no enfría ni aplaca tu figura,

te acercas hacia mí como una boca inmensa

de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera;

aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, 

y defiendo tu vientre de pobre que me espera, 

y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, 

envuelto en un clamor de victoria y guitarras

y dejaré a tu puerta mi vida de soldado

sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.

Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,

y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo

cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas, 

y tu implacable boca de labios indomables,

y ante mi soledad de explosiones y brechas

recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.

Y al fin en un océano de irremediables huesos

tu corazón y el mío naufragarán, quedando

una mujer y un hombre gastados por los besos.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El recuerdo democrático que no cesa / 1. Quesada o Jándula

Imagen representativa del Museo dedicado a Rafael Zabaleta y Miguel Hernández-Josefina Manresa, en Quesada (Jaén) / JA COBEÑA

Miguel estaría hoy muy orgulloso de volver a esta tierra y quedarse para siempre

Palabras de Lucía Izquierdo, nuera de Miguel Hernández, acerca del Acuerdo de los herederos del poeta con la Diputación Provincial de Jaén, al adquirir esta institución, en 2012, la titularidad del legado hernandiano, compuesto por más de 5.400 registros entre manuscritos, poemas, objetos personales y cartas del poeta a amigos y familiares.

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Sevilla, 26/VII/2026 – 16:29 h CET (UTC+2)

Siento la necesidad de compartir con la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, unos recuerdos que no cesan en mi alma democrática, de Miguel Hernández y Josefina Manresa. En este contexto, he cumplido un sueño al visitar recientemente un lugar, Quesada, recuperado ahora como Jándula, el epicentro de una obra ciclópea de David Uclés, La península de las casas vacías, que estoy leyendo poco a poco, porque son setecientas páginas que necesitan reposo anímico para interiorizarlas y sentirlas como propias, en la clave de respeto a la memoria democrática de la guerra civil en este país. Más pronto que tarde, publicaré en este cuaderno digital mis reflexiones sobre esta obra encomiable.

He ido a Quesada (Jaén), buscando un encuentro personal con la vida y obra del poeta del pueblo y de su fiel compañera de vida, a pesar de momentos turbulentos en su relación como pareja, como lo demuestra una carta mecanografiada que leí durante mi visita a la exposición permanente sobre el poeta en Jaén capital, dirigida en 1936 al padre de Josefina, explicando su separación temporal “por cosas de muy poca importancia” y buscando una reconciliación con ella, si todavía “no estuviera comprometida con otro hombre” y “estuviera dispuesta a continuar su amistad de mujer conmigo”. Nada humano le fue ajeno y deseo resaltar que este documento, junto con otros de marcado interés memorialístico sobre Miguel Hernández, los pude contemplar en la exposición permanente citada anteriormente, dedicada al poeta en el Centro Cultural Baños Árabes, en Jaén capital, para difundir la memoria y obra del poeta oriolano.

Imagen de Miguel Hernández, obtenida en la exposición permanente sobre el poeta en el Centro Cultural Baños Árabes – Jaén

Miguel Hernández está muy presente en este cuaderno digital y seguirá ocupando un sitio preferido por mí, la amura de babor de esta carabela imaginaria que me enseñó a pilotar José Saramago, hace ya muchos años, en la que navego diariamente para buscar islas desconocidas. Por las razones expuestas, Quesada no es un lugar cualquiera. Allí nació en 1916 Josefina Manresa y fue determinante este hecho para recuperar parte del legado de Miguel Hernández, desde la firma en 2012 del convenio auspiciado por la Diputación Provincial de Jaén con los herederos del poeta, incorporándolo al edificio que nació como sede de la importante obra artística del pintor quesadeño Rafael Zabaleta, dedicando un espacio especial a la vida y obra de Miguel Hernández y a su querida compañera de vida y muerte, Josefina Manresa.

En la planta sótano, la exposición de gran parte del legado de Miguel Hernández y celosamente cuidado por Josefina Manresa, se distribuye en seis salas, vinculadas cinco de ellas a sus obras principales, de las que en esta entrega voy a adentrarme en la segunda, sin dejar atrás la sala de recepción y acogida, informando sobre la importancia del autor y su evolución personal y literaria a través de etapas cronológicas, siempre vinculadas a sus libros. Allí me senté en una obra escultórica muy simbólica, un banco-libro, representando su obra emblemática “El rayo que no cesa”, concretamente en la página que sirve de asiento, en la que figura un fragmento del poema “Menos tu vientre”. Contemplé de esta forma un audiovisual breve y dos veces bueno sobre la poesía del poeta, tocando de cerca palabras muy sentidas y cercanas;

Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre 
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.

La segunda sala está dedicada al poeta pastor, centrada en su primera publicación, Perito en Lunas (enero 1933), destacando la poesía de adolescencia, versos herméticos de inspiración pastoril y religiosa, así como la conjunción de naturaleza e inocencia. Resalta aspectos fundamentales de su infancia y adolescencia, su entorno familiar en Orihuela (Alicante), junto con su primer viaje a Madrid, que supuso un giro copernicano en su vida y obra.

Hasta aquí mi primera entrega en esta serie, confesando que el día anterior a mi visita en Quesada, viví una experiencia dolorosa en la visita a la Catedral de Jaén, al contemplar en el crucero central del altar mayor cuatro lápidas verticales donde figuran con nombres y apellidos todos los reverendos sacerdotes y coadjutores, también un obispo, de la provincia de Jaén, que según reza el texto que encabeza esta relación, situado en la lápida del lado del “evangelio” del altar mayor, “fueron asesinados en la revolución marxista. Julio de 1936 a Marzo de 1939”.

Catedral de Jaén

Es incomprensible que con la vigente Ley de Memoria Democrática, todavía se puedan mostrar estos vestigios de parte sobre lo ocurrido, no respetando páginas imprescindibles que ordenan en el objeto y finalidad de la Ley, la recuperación, salvaguarda y difusión de la memoria democrática, entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democráticos y los derechos y libertades fundamentales a lo largo de la historia contemporánea de España, con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales: “Asimismo, es objeto de la ley el reconocimiento de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de pensamiento u opinión, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 18 de julio de 1936, la Guerra de España y la Dictadura franquista hasta la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978, así como promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva, adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre la ciudadanía y promover lazos de unión en torno a los valores, principios y derechos constitucionales. Se repudia y condena el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior dictadura franquista, en afirmación de los principios y valores democráticos y la dignidad de las víctimas. Se declara ilegal el régimen surgido de la contienda militar iniciada con dicho golpe militar y que, como consecuencia de las luchas de los movimientos sociales antifranquistas y de diferentes actores políticos, fue sustituido con la proclamación de un Estado Social y Democrático de Derecho a la entrada en vigor de la Constitución el 29 de diciembre de 1978, tras la Transición democrática”.

Creo que esta consideración anterior, refleja mi sentir de respeto democrático en el encuentro imaginario con Miguel Hernández y Josefina Manresa en Quesada, que ha tenido un sentido especial. Estamos avisados con lo que está ocurriendo por parte de los acuerdos PP-VOX para derogar la la citada Ley cuando sea posible a nivel nacional. Mientras, se llevará a cabo la citada derogación de las leyes autonómicas de memoria democrática en los gobiernos ya constituidos con ambos partidos. A pesar de esta dura realidad, nos queda algo grandioso en democracia, la palabra de denuncia, tal y como aprendí en un día ya lejano de Blas de Otero: Si abrí los labios para ver el rostro / puro y terrible de mi patria, / si abrí los labios hasta desgarrármelos, / me queda la palabra. Hoy, la mía, compartiendo con la Humanidad mi encuentro con el poeta del pueblo y su gran compañera de vida y muerte, en condiciones lamentables. Para que no lo olvidemos, ni siquiera un momento.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

¡Santiago, abre los ojos de España para defender las libertades y el progreso!

Sevilla, 25/VII/2026, festividad del Apóstol Santiago – 09:02 h CET (UTC+2) – Actualizado del original publicado el 25/VII/2022.

Utilizo con frecuencia la escritura circular y repasando hoy este cuaderno digital, he recordado un artículo que escribí en 2022 sobre el apóstol Santiago, del que se celebra hoy en España su santo y patronazgo estatal, que conserva en esencia todo su valor y análisis de contexto social en el momento de escribirlo.

Vuelvo a publicarlo, convencido hoy más que nunca de que España, como el mundo, sólo tiene interés hacia adelante, siempre y cuando permanezca abierta a la libertad y progreso veinticuatro horas al día, los siete días de la semana, sin descanso alguno, con los ojos democráticos bien abiertos, como hermosa tarea del sentir democrático y progresista de un país que cuida siempre a los que menos tienen, a los tratados despóticamente a veces y desgraciadamente como nadies y extranjeros. A los que la derecha taimada y ultraderecha, tanto monta-monta tanto, descalifica de base en su argumentario de defensa de la “prioridad nacional”.

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¡Santiago, abre España a la libertad y al progreso!

En 2017 visité Galicia y su ciudad emblemática, Santiago de Compostela,  contemplándola desde el primer momento como una representación obvia de una tierra conservadora de su tradición, de su cultura, de su amplio conocimiento del mundo, de sus viajeros hacia muchas partes. En aquella visita pensé en una frase que a lo largo de su historia ha sufrido interpretaciones contrapuestas, dependiendo de dónde se situaban las comas y la ideología al interpretarla, porque nunca fue una frase inocente: ¡Santiago, cierra, España!, que casi siempre la hemos conocido tal y cómo lo escribieron e interpretaron Cervantes en Don Quijote de la Mancha o el mismo Valle-Inclán en Luces de Bohemia, aunque sin entrar nunca en su verdadero contenido histórico y muy lejos de unirlo a la tradición jacobea. La traducción correcta de la frase es la que justifica su origen, rememorando a Santiago Matamoros, en la Reconquista, como grito de guerra: Santiago (él ayuda a exterminar a los musulmanes), cierra (forma de interpretar que el ejército o las tropas están preparadas para atacar) y, por último, España, todas las palabras por separado, siendo la defensa e integridad de España la razón que justificaba la acción contra el mundo musulmán. Así, durante muchos siglos porque Santiago Apóstol es el patrón de este país, aunque mucho podemos decir los ciudadanos como marineros demócratas del mismo.

Sinceramente, no me gusta nada esta versión que muchos dan por auténtica, aunque es verdad que la he simplificado mucho para que se entienda bien lo que quiere decir. Me quedo hoy día con la que figura en Don Quijote de la Mancha y la que nos aportó Valle-Inclán en Luces de Bohemia. El primero porque el diálogo entre el bueno de Sancho Panza y el Quijote no tiene desperdicio:

—Yo así lo creo —respondió Sancho— y querría que vuestra merced me dijese qué es la causa porque dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: «¡Santiago, y cierra España!». ¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es esta?

—Simplicísimo eres, Sancho —respondió don Quijote—, y mira que este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los españoles han tenido, y, así, le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente en ellas derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos escuadrones; y desta verdad te pudiera traer muchos ejemplos que en las verdaderas historias españolas se cuentan (1).

La segunda versión, porque la ideología estaba detrás de lo que quería decir un protagonista de la obra citada de don Ramón, Dório de Gádex (andaluz, por más señas), defendiendo el modernismo ante el integrismo del país, decía exactamente: “Voy a escribir el artículo de fondo, glosando el discurso de nuestro jefe: «¡Todas las fuerzas vivas del país están muertas!», exclamaba aun ayer en un magnífico arranque oratorio nuestro amigo el ilustre Marqués de Alhucemas. Y la Cámara, completamente subyugada, aplaudía la profundidad del concepto, no más profundo que aquel otro: «Ya se van alejando los escollos». Todos los cuales se resumen en el supremo apostrofe: “Santiago y abre España, a la libertad y al progreso”. Bastante disgusto costó a Valle-Inclán esta interpretación de la falta de libertad en este país.

En aquél viaje a Galicia en 2017 no vi a Santiago Apóstol por ninguna parte. A través de las calles del Hórreo, Vilar y Franco, fuimos a la plaza del Obradoiro, encontrándonos con un tremendo desencanto artístico: la policromía del Pórtico de la Gloria no se podía contemplar en su justo sentido porque todo estaba en obras de restauración y limpieza. Andamios por allá y por acullá. Sólo se podía acceder a la catedral por dos sitios, con colas interminables: una para abrazar al santo [sic] y otra para visitar la catedral. Indescriptibles eran las aglomeraciones, desconcierto y filas, que me recordaban (con el debido respeto a los peregrinos de corazón y razón) lo que llamaba Rafael Alberti, “anónimos tropeles de gente que en todo ven una lección de arte, pero a ti (Dios) no te ven por ningún sitio”. Desistimos de guardar las colas, porque nos gusta más bajar al río, que es lo que suplicaba San Pedro, sentado y en bronce inmovilizado, cuando preguntaba a Jesucristo por qué le besaban tanto sus pies gastados en la Basílica de su nombre (según Alberti), porque al fin y al cabo es lo nuestro (2):

Di, Jesucristo, ¿Por qué
me besan tanto los pies?

Soy San Pedro aquí sentado,
en bronce inmovilizado,
no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.

Haz un milagro, Señor.
Déjame bajar al río;
volver a ser pescador,
que es lo mío.

Creo que a Santiago, su fiel amigo, después llamado apóstol por la Iglesia Católica de Roma, así como a su compañero Pedro, les diría Jesucristo lo que a nadie le diría, que escribía también Alberti en el poema citado anteriormente, Entro Señor en tus iglesias, en su obra Roma, peligro para caminantes, porque que no sé si a estas alturas de la vida, pasaría lo mismo al andar por las calles de Santiago de Compostela para poder abrazarlo y verlo de nuevo.

Me sigue agradando la interpretación de la frase de Valle Inclán, al recordarla hoy de nuevo, ¡Santiago, abre España a la libertad y al progreso!, porque en estos tiempos convulsos necesitamos creer que es urgente abrir los ojos más que nunca, para defender las libertades y progresos de este país, ante el flagrante ocaso de la democracia.

(1) Cervantes, Miguel de (2004), Don Quijote de la Mancha, 2004. Edición del IV Centenario. Madrid: Real Academia Española, 2ª Parte, Capítulo LVIII, pág. 988s.

(2) Alberti, Rafael, Basílica de San Pedro, en Roma, peligro para caminantes, 1968. México: Joaquín Mortiz.

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¡Paz y Libertad!

En Quesada (Jaén), junto a Miguel Hernández y Josefina Manresa, como un deber de amor

Josefina Manresa y Miguel Hernández, 1937

Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor.

Pablo Neruda, en una carta escrita en París, en octubre de 1960, para conmemorar el 50 aniversario del nacimiento del poeta.

Quesada (Jaén), 23/VII/2026 – 22:07 h (CET+2)

Hoy he cumplido un sueño: estar muy cerca de Josefina Manresa y Miguel Hernández, en su museo de Quesada, sede también de la extraordinaria obra artística del pintor quesadeño Rafael Zabaleta. Mi alma sabe, a pesar de mis silencios, cómo recuerdo la vida y obra del poeta del pueblo, junto a la presencia de Josefina Manresa, su amada compañera de vida, muchas veces ausente por mandato imperativo del Régimen. Este cuaderno digital es testigo de este diálogo buscado y respetado.

Hoy, en este contexto tan especial, he recordado expresamente un poema suyo de juventud, A mi alma, porque en mi senectud me veo reflejado en él:

Murmuran que hablo muy poco, alma, los que nada saben de nuestros largos coloquios.

Me han regalado una publicación hermosa, Miguel Hernández. Brevísima antología poética, que agradezco, editada por la Diputación de Jaén en 2022, con motivo del 80 aniversario de la muerte del poeta.

En los próximos días publicaré una serie para compartir con la Noosfera, la malla pensante de la Humanidad, mis reflexiones sobre este encuentro, recuperando la memoria histórica de Miguel Hernández, tan necesaria hoy ante el ocaso de la democracia en nuestro país.

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¡Paz y Libertad!

Sigue creciendo de forma alarmante el club de los cretinos vivos

Lo cretino, en ti, 
No excluye lo ruin. 

Lo ruin, en tu sino,
No excluye lo cretino. 

Así que eres en fin, 
Tan cretino como ruin.

Luis Cernuda, en La desolación de la quimera

Sevilla, 21/VII/2026 – 14:14 h (CET+2)

Hoy hace setenta y cinco años que nació el gran actor Robin Williams (1951-2014). El mundo cinematográfico lo recuerda especialmente y, en mi caso, con expresa gratitud por todo lo que aprendí de él, sobre todo en una película de culto, “El club de los poetas muertos”, que también recuerdo a continuación a modo de metáfora existencial para estos tiempos revueltos. Lo que es indudable es que el actor está muy presente en este cuaderno digital.

En este largo y ya cálido verano, frente al negacionismo climático que nos rodea, busco refugio ideológico en la poesía útil para transformar este loco mundo al revés, siendo una de las razones por las que no olvido a Robin Williams en su papel del profesor John Keating, en “El Club de los poetas muertos”, en una secuencia inolvidable a través de sus palabras y rodeado por sus queridos alumnos: “Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos”.

Las palabras que siguen las escribo a modo de pequeño homenaje dedicado a su memoria cinematográfica y a sus palabras sobre el “carpe diem” particular y, sobre todo, digno, que cada uno, cada una, vive a diario, rodeados de mediocridad creciente. El problema radica, en la actualidad, en que necesitamos localizar a poetas muertos y vivos que nos ayuden a interpretar la vida porque, desgraciadamente, nos sobran personas cretinas vivas que la malogran a diario y hacen mucho daño a la sociedad, como mediocres aventajados que nos rodean por tierra, mar y aire, formando parte un nuevo Club, el de los cretinos vivos. Es un hecho irrefutable, ya tratado en bastantes ocasiones en este cuaderno digital, que la mediocracia se instala día a día en nuestras vidas

En este contexto, vuelvo a publicar hoy un artículo escrito en 2018, El club de los cretinos vivosque no necesita más actualización que la de Trump y sus secuaces, en estos momentos delicados para el bien común, para la democracia, como representante de la ultraderecha mundial, aunque sigue haciendo de las suyas, salvando lo que haya que salvar si identificamos a sus alumnos aventajados distribuidos por este loco mundo al revésincluyendo nuestro país, por supuesto. También, porque ya sabemos qué rumbo han tomado las derechas en nuestro «territorio patrio«, que les gusta decir a ellas de forma taimada, que se autoproclaman como “gente de bien”, sin rubor alguno, frente a la gente de mal, que somos para ellos el resto de la población. Han preferido la opción de un permanente «cretinismo enojado», como advirtió Manuel Rivas en la columna del artículo citado a continuación, La ola de cretinismo, que nos invade por tierra, mar y aire.

Pasen y lean aquellas palabras. Suenan de forma atronadora hoy, por la cretinez que nos invade. Estamos avisados. Además, deberíamos tomar conciencia de que la cita “carpe diem”, a secas, es incompleta. Le falta la segunda parte, esencial en sí misma, tal y como lo expresó el poeta romano Horacio (Venosa, Basilicata, 8 de diciembre de 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre de 8 a. C), en su Oda (Carminum) I, 11, dedicada a Leucónoe: “Carpe diem, quam minimum credula postero” o lo que es lo mismo, Vive el día de hoy [Carpe diem]. Captúralo. No te fíes del incierto mañana. 

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El club de los cretinos vivos

Sevilla, 08/08/2025

La primera vez que el lema “cretino” dio el salto mortal del vocabulario médico al social en este país, en el que abunda esta especie irredenta, la he localizado en el Diccionario general y técnico hispanoamericano, elaborado por Manuel Rodríguez Navas y Carrasco (publicado en Madrid en 1918 por la editorial Cultura Hispanoamericana), como adjetivo y con dos significados: que padece cretinismo y como traducción del alemán kraftlos, imbécil. Desde ese año no se vuelve a mencionar esta segunda acepción en la lexicografía española y hay que esperar a la edición 18ª del Diccionario de la RAE, publicado en 1956, cuando se acepta también una segunda acepción como sentido figurado del citado adjetivo: estúpidonecio (que se puede usar también como sustantivo). Es un término independiente ya de su pasado como enfermedad, aunque es en la edición de 1983, del Diccionario manual e ilustrado de la RAE cuando se desarrolla por primera vez una segunda acepción en el lema “cretinismo”, entendiéndose (en sentido figurado y familiar) como estupidezidiotez y falto de talento

Sorprende constatar cuánto tiempo ha necesitado este vocablo para imponerse en la cultura española como voz de derecho en el uso del mismo y en su comprensión, cuando creo que tiene una vida muy dilatada en el tiempo, porque desde época inmemorial la existencia de cretinismo y sus correspondientes cretinos y cretinas han abundado por doquier. Es lo que me ha pasado al leer un artículo reciente de Manuel Rivas, La ola de cretinismo, que en su entradilla lo justifica de forma espléndida: “Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por la estupidez circundante”.  Es verdad que estamos rodeados de cretinismo galopante, de personas que pertenecen al Club de estúpidos, idiotas, imbéciles y faltos de talento (respetando las acepciones literales de la RAE nada más).

Dice Manuel Rivas en su artículo que “Existe un humorismo amoratado, viñetas que son puñetazos de luz, y ahí está El Roto, la mirada indómita, descerrajando lo que no se puede ver, desvelando lo que no está “bien visto”. Está El Roto y los rotos, los que se pelean contra las mordazas, legales o ilegales. Pero el cretinismo, y no hablo de la enfermedad, sino del talante estúpido, va ocupando espacio como pensamiento grosero, vociferante, pelotudo. Es la piel del mundo la que está tumefacta, no por el humorismo amoratado, sino por ese cretinismo circundante”. Da pánico contemplar lo que le pasa al mundo cada vez que Trump se pasea por él haciendo turismo cretino. O los aprendices de ellos que tenemos en nuestro país, que imitaron e intentan imitar a ciertos presidentes americanos (no me refiero a Obama), que poniendo los pies encima de la mesa y remedando su acento yanqui, se han vanagloriado de invadir y seguir invadiendo el mundo a cualquier precio, actitudes de las que el Sur paga siempre un precio muy alto.

Ante las noticias cretinas que recorren el mundo, solemos quedarnos muchas veces con el ojo amoratado y con el alma de color y dolor violeta, en un pantone moral como el que cita Rivas refiriéndose a lo que nos pasa cuando vemos las viñetas de El Roto. Estoy muy de acuerdo con los matices de cretinismo que analiza en su columna: “Ahora mismo no sabemos el rumbo que va a tomar la derecha, la vieja y la nueva, en España. Si va a recaer en un cretinismo enojado o abrirse a una inteligencia democrática y dialogante. En una época histórica muy amoratada, la descrita en La desintoxicación de Europa, Stefan Zweig se quejaba de una atmósfera en la que “tanto los individuos como los Estados parecen más bien dispuestos a odiarse mutuamente; la desconfianza mutua se revela infinitamente más fuerte que la confianza”.

En la confianza de luchar para ser más libres frente a los cretinos (serlo o no serlo, esa es la cuestión…), hay que identificarlos urgentemente para librarnos de ellos a la mayor brevedad posible. Estamos avisados, porque son legión. Ya los definió de forma magistral Luis Cernuda, un poeta vivo en mi corazón: Lo cretino, en ti, / No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, / No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, Tan cretino como ruin (en La desolación de la quimera).

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

El objeto del Gobierno, más allá del Mundial de Fútbol 2026, debe ser la felicidad de este país

Constitución de 1812. Artículo 13 (Facsímil)

Sevilla, 20/VII/2026 – 10:38 h CET (UTC+2)

La victoria de España ayer en el Mundial de Fútbol 2026, hizo felices a millones de ciudadanos y ciudadanas de este país. Es una realidad irrefutable, pero pasajera como emoción que es. El sentimiento de felicidad es harina de otro costal. He escrito en muchas ocasiones, en este cuaderno digital, sobre la gran tarea de la inteligencia humana: aprender a ser felices. En esta ardua tarea estoy desde que descubrí las posibilidades innatas y adquiridas que nos ofrece la inteligencia creadora de felicidad (no Amazon, ni las redes sociales contaminadas por la tecnocracia), de cada una, de cada uno, para lograr este fascinante cometido, con una protección garantizada por el llamado Estado de Bienestar, como su denominador común.

La felicidad dejó de ser un proyecto personal y social inocente desde el momento que supimos, como personas, que teníamos que convivir en proyectos vitales diferentes, bajo gobiernos diferentes, porque todos no son iguales ni facilitan esa felicidad de la misma forma, desde la salvaguarda de la equidad social en todas las manifestaciones posibles. Por tanto, ser ciudadanas, ciudadanos o tener educación para ser ciudadanas o ciudadanos, es la verdadera cuestión: hay que aprender a ser felices. Ese fue el gran proyecto de Educación para la Ciudadanía en nuestro país, desde 2006, que fue finalmente derogado por la derecha ultramontana, a partir de 2012, acusado falsamente de “adoctrinamiento ideológico”.

La gran tarea de la inteligencia es desarrollar actos felices en la vida diaria y ordinaria, al introducirnos en los vericuetos de la sociedad justa y feliz: conocimiento de las utopías para mejorar el mundo y cómo se puede alcanzar la felicidad personal y política, siendo un exponente de ello la frase resumen de la Constitución de 1812, que decía: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación”. Ser felices debe ser un proyecto común: construir una “Casa” común, asumir la compasión y la solidaridad como actitudes proactivas para sentirnos protagonistas de un gran proyecto humano que trascienda situaciones que no permiten ver más allá de nuestras realidades personales, familiares y sociales. En definitiva, ser muchas veces voces de los que no tienen voz, de los nadies.

Junto a la inteligencia, también hay que reconocer los sentimientos y las emociones, como la eclosión auténtica de una correcta vida afectiva, feliz en definitiva para los ciudadanos y ciudadanas de este país. Las emociones son manifestaciones pasajeras del alma humana, a diferencia de los sentimientos, que son estados afectivos estables y permanentes. En política se debe dar un paso más, siguiendo siempre a Aristóteles, porque no es lo mismo tener sentimiento que conciencia de clase. Va un abismo y así le pasa a la izquierda lo que le pasa.

En los tiempos que corren, no vendría mal recuperar en el seno de la memoria constitucionalista y democrática de este país, el artículo anteriormente citado de la Constitución de 1812, la Pepa, la primera que fue promulgada en España: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bien estar de los individuos que la componen”, promulgada el 19 de marzo de ese año y derogada dos años después, el 4 de mayo de 1814. Lo necesitamos, bajo los parámetros del llamado Estado de Bienestar, que vuelvo a rescatar hoy como claro objeto implícito del deseo político para nuestro país, más allá de estas fechas deportivas tan especiales. ¡Ojalá fuera así! Para que no se olvide…, ni siquiera un momento, en beneficio del “bien estar” de todos, sin dejar a nadie atrás. Palabras de una Constitución.

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UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hoy me acuerdo de un maestro que prometió a sus alumnos ver el mar, antes del 18 de julio de 1936

El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo: ¡la gente va allí a bañarse! Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos. Yo digo que no voy a ir porque tengo miedo de que me voy a ahogar.

Lucía Carranza, enero de 1936

Sevilla, 18 de julio de 2026, en el 90 aniversario del comienzo de la guerra civil en nuestro país 

El texto que figura en la cabecera de este artículo lo escribió Lucía Carranza, una alumna de la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba (Burgos), en el cuaderno El MarVisión de unos niños que no lo han visto nunca, editado artesanalmente en enero de 1936. Si hoy lo rescato es para simbolizar de nuevo, con las palabras que aún nos quedan (Blas de Otero, dixit), un pequeño homenaje a las personas que sufrieron en nuestro país el escarnio de la guerra civil durante casi tres años y, posteriormente, durante casi cuarenta años de dictadura franquista, víctimas del mal llamado “glorioso alzamiento nacional”, que comenzó el 18 de julio de 1936 y que tristemente recordamos hoy, con un profundo respeto a la memoria histórica y democrática de este país.

Con este motivo, vuelvo a publicar hoy el núcleo principal del artículo que figura en este cuaderno digital desde el 8 de noviembre de 2023, con un título, En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible, que encierra en sus palabras un relato que sobrecoge y da a conocer razones de fondo para amar, 90 años después y con todas nuestras fuerzas, la democracia y no las guerras propiciadas por el fascismo y las ultraderechas de todo tipo.

Por mi aprecio y respeto a la memoria democrática de mi país, hoy me acompaña en la cabecera, como música de fondo, una obra preciosa de Salvador Bscarisse, Romanza, el segundo movimiento del Concertino para guitarra y orquesta en La menor, compuesta en 1952. Me conmueve y sobrecoge ante tanto ruido de la derecha extrema y ultraderecha en mi Comunidad, en mi país. Bacarisse la sufrió hasta su exilio en Francia durante la guerra civil, para nunca más volver, falleciendo en París en 1963. Tampoco lo olvido.

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En memoria de Antoni Benaiges Nogués, un maestro imprescindible

En mi singladura diaria por el mar abierto de mi vida, he llegado a una isla desconocida por mí, la vida y obra de Antoni Benaiges Nogués, un maestro olvidado por la España que, todavía hoy, siempre hiela el corazón, que decía Antonio Machado, una persona de las imprescindibles de Bertolt Brecht, de cuyo nombre quiero acordarme especialmente mediante este pequeño homenaje que deseo tributarle con palabras, que nos quedan, en este cuaderno digital, pero no sólo a él, sino a miles de maestros y maestras que fueron maltratados de mil formas indeseables, incluso con la muerte, durante la guerra civil y años posteriores de dictadura.

Esta localización extraordinaria la he podido llevar a cabo gracias al cine, ¡bendito cine!, a una película,  El maestro que prometió el mar, que se presentó en la Semana Internacional del Cine (SEMINCI), de Valladolid, en octubre pasado, dirigida por Patricia Font y cuya sinopsis ya es atractiva, de por sí, para almas inquietas: “Ariadna, descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges, un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar”, poniendo en valor la lucha de tantas familias que todavía buscan a sus familiares enterrados anónimamente en fosas comunes a lo ancho y largo de este país. He procurado buscar antecedentes históricos de esta historia verdadera, porque en esta ocasión cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, al estar basado el guion en la vida y obra de un maestro, nacido en un pueblo de Tarragona, Mont-roig del Camp, en 1903, que ejerció su preciosa tarea en un destino rural desde 1934, concretamente en la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de Burgos, de infeliz memoria por su trágico fusilamiento, llevado a cabo el 25 de julio de 1936, recién iniciada la guerra civil, siendo enterrado en una fosa común que todavía no se ha podido localizar, para mayor escarnio de sus familiares y allegados más directos, así como para la memoria histórica y democrática de este país.

Gracias a la búsqueda citada, he localizado también una obra imprescindible para conocer detalles necesarios para comprender el alcance de la vida y obra de Antonio Benaiges, El maestro que prometió el mar, una publicación coordinada por Francesc Escribano, junto a textos de Francisco Ferrándiz y Queralt Solé, con trabajo de documentación y fotografías de Sergi Bernal, en una coedición llevada a cabo por las editoriales Blume y Ventall, que ha servido de base para el guion de la película, cuya sinopsis amplía la intrahistoria de esta vida ejemplar llevada al cine: “Antoni Benaiges, un maestro de Mont-roig del Camp, Tarragona, fue destinado a la Escuela Nacional Mixta de Bañuelos de Bureba, un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, en 1934. Gracias a una metodología de enseñanza pionera y revolucionaria para la época, basada en la participación activa de los niños y el uso de la imprenta, comenzó a transformar la vida de sus alumnos y la del pueblo. A finales de julio de 1936, el maestro desapareció. Durante más de 75 años, su trabajo y personalidad permanecieron en la intimidad del recuerdo de sus antiguos alumnos y su familia, hasta que, en agosto de 2010, a pie de fosa, un vecino de Bañuelos haría emerger la figura del maestro asesinado en 1936 y la conmovedora historia de una promesa que no se pudo cumplir. «El mar será muy grande, muy ancho y muy hondo. La gente va allí a bañarse. Yo no he visto nunca el mar. El maestro nos dice que iremos a bañarnos».

Me ha sobrecogido conocer algo que deseo compartir con quienes me acompañan a menudo en esta singladuras hacia islas desconocidas. Se trata del pequeño homenaje que el 18 de julio de 2021 se celebró en el cementerio de Bañuelos de Bureba, al levantarse un cenotafio, un pequeño monumento funerario dedicado a este maestro inolvidable, imprescindible, sin su cadáver, porque no se sabe dónde está, en un nicho en el que depositaron objetos y recuerdos actuales sobre su vida y obra, el guion de la película citada, por ejemplo y en el que sobre una lápida roja se colocó una inscripción que todavía, al escribirla, me emociona y conturba: “ANTONI BENAIGES NOGUÉS, MAESTRO DE NUESTRA ESCUELA.  Nos dejó ser niños, antes de ser hombres, nos enseñó el valor de la palabra, nos prometió el mar”.

Como una premonición de la censura que viene y que ya está presente en las ciudades y pueblos gobernados por la derecha y su más allá en este país, la ultraderecha intolerante por principio, esta historia real llevada a una producción teatral dirigida por Xavier Bobés y Alberto Conejero, El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, fue vetada durante el verano pasado por el alcalde de Briviesca (Burgos) del Partido Popular, recién formado el nuevo gobierno de la localidad, aludiendo a razones “económicas y técnicas”, cuando con el consistorio anterior todo habían sido facilidades para su representación. 

Para que no se olvide la maravillosa obra didáctica de Antoni Benaiges Nogués, ni siquiera un momento, hay que decirlo alto, claro y fuerte: estamos avisados.

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¡Paz y Libertad!

 

Sobre el fútbol, ¡disculpen mi ignorancia!

Diego Armando Maradona (1960-2010)

Maradona cobró mucho y mucho pagó, cobró mucho por las piernas, pagó con el alma.

Eduardo Galeano, en El fútbol a sol y sombra

Sevilla, 17/VII/2026 – 08:00 h CET (UTC+2)

Tengo que reconocer que mi ignorancia sobre el fútbol es supina. Ahora y con motivo del Mundial 2026, mis nietos me dan una clase diaria de nombres de jugadores del equipo de España, cómo juegan, bien o mal según ellos, con un pronóstico inapelable: España ganará este Mundial, lo que supondrá, según me informan también, que podrán lucir una segunda estrella dorada de cinco puntas en su camiseta. Lo dicho, lección diaria, ante un fenómeno deportivo que seduce a millones de seguidores que encuentran en el fútbol un sentido a sus vidas. Y la FIFA haciendo caja, con pausas de hidratación no inocentes.

En este contexto, recuerdo unas palabras que escribí en noviembre de 2020 en una fecha simbólica para aficionados a este deporte, porque había fallecido Diego Armando Maradona. Voy a utilizar hoy el hilo conductor de aquellas palabras, porque siguen vivas en mi persona de secreto. Verán por qué.

Cuentan los sabios del lugar que en cierta ocasión preguntaron a Jorge Luis Borges qué opinaba acerca de Maradona, a lo que el escritor -argentino como él- respondió: ¡Disculpen mi ignorancia! Cuando se lo contaron al jugador, hizo una jugada verbal perfecta y le devolvió la ironía de origen preguntando en qué equipo de fútbol jugaba Borges. Al escritor, todo lo relacionado con el fútbol lo sacaba de sus casillas: “La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”. No llego a ese extremo de juicio, pero tengo que reconocer que el fútbol no me apasiona, aunque me asombra el seguimiento que tiene por millones de personas y el dinero que mueve, con frases de asombro vinculadas casi siempre a las cifras astronómicas derivadas de la “compraventa” de jugadores en los mejores mercados del mundo. Me reafirmo, una vez más, en el aserto machadiano de que “todo necio confunde valor y precio”.

Tengo que reconocer que este deporte, junto a la música militar, nunca me supo levantar. Soy respetuoso con la vida y milagros del jugador y mucho más desde conocí aquel año la ausencia a su cielo particular. No me gustan los panegíricos sobre él, que se prodigan todavía hoy por tierra, mar y aire, donde se envuelve con palabras elogiosas su enorme capacidad para hacer magia con el balón, aunque de su auténtico persona de secreto sepamos poco. Así ha sido, hasta que un día se cruzó determinada condición humana en su vida, con el sobrenombre de adicción en sus variadas versiones, convirtiendo su figura en una máscara que escondía su verdadera condición humana, a la que siempre respeto por su base existencial y dado que nada humano me es ajeno.

Volviendo a Borges, recuerdo ahora que escribió en 1967 un cuento junto a Adolfo Bioy Casares con un título críptico, Esse est percipi (Ser es ser percibido, en Crónicas de Honorio Bustos Domecq), pero evidente en nuestros tiempos modernos y de coronavirus. He vuelto a leer un fragmento del mismo: “El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone”. Porque, agrega: “No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.

Reconozco que soy un espectador ignorante del fútbol. Ya lo decía Hans Magnus Enszerberger, cuando hablaba de la ciudadanía “ignorante y molesta”, al referirse a las personas alejadas de las tecnologías de la información y comunicación, que no es mi caso, aunque hace ya mucho tiempo que entré -a juicio de muchas personas- en el colectivo de ovejas descarriadas de lo que está pasando y están viendo a través del fútbol: ¿No te has enterado? ¡Ha muerto Maradona! Hoy, por ejemplo, ¿No te has enterado de qué equipos van a jugar la final del Mundial 2026?

Soy consciente de que Maradona ya no está con nosotros, en medio de estadios vacíos y ligas imposibles. Seguimos ensalzando el gran espectáculo de su fútbol en un mundo que ya no es lo que era, porque Maradona fue una ilusión colectiva cuando los estadios representaban un género dramático, donde unos ganaban y otros perdían, con gran dolor de Borges. Ahora, todo es diferente en un mundo totalmente al revés, pero siempre nos quedarán los sueños mágicos de Maradona en la malla pensante de la humanidad. O los de Messi, Mbappé, o según mis nietos, los de Unai Simón, Cucurella, Oyarzábal o ¡cómo no!, Lamine Yamal, entre otros.

De verdad, recordando a Borges, ¡disculpen mi ignorancia futbolera!

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¡Paz y Libertad!

Escribo cavando el pozo de mi alma con una aguja

Sevilla, 15/VII/2026 – 10:17 h CET (UTC+2)

En plena travesía personal de desierto anímico, por la deriva política de derechización ultramontana de mi Comunidad, obviamente de mi país, si el despertar democrático de las libertades alcanzadas hasta hoy no lo remedia, he vuelto a mirar por el retrovisor de este cuaderno digital, tomando conciencia de que llevo más de veinte años escribiendo artículos, con paciencia turca, unos detrás de otros, más de tres mil, a veces copiando lo que ya he dicho, reafirmando mi pensamiento circular que lo envuelve todo. Siempre vuelven a mi inteligencia particular unas palabras del Premio Nobel de Literatura en 2006, Orhan Pamuk, cuando nos explicó qué significaba en su vida un dicho de su tierra con un valor especial: “escribir es como cavar un pozo con una aguja”, expresión fantástica a la que dediqué un artículo con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro en el año 2017, que reproduzco a continuación.

En aquella ocasión dediqué aquellas palabras a las personas que desde que abrí por primera vez este cuaderno digital, en diciembre de 2005, se acercan a este cuaderno de inteligencia digital para buscar islas desconocidas, a cuantos sienten el placer de leer libros y palabras unidas en otros formatos, que dan sentido a sus vidas; a quienes descubren el sentido de la existencia a través de autores concretos, a las personas que se sienten acompañadas por libros de cabecera que nunca les abandonan, a quienes confían en que quienes escriben tienen la paciencia turca de cavar pozos con una aguja, porque solo desean transformar la realidad poco a poco para poder soportarla. Hoy, sigue teniendo el mismo valor esta dedicatoria, que reafirmo en todos sus términos.

Después de muchos años de oficio vital, creo que comprendí qué significa escribir cuando leí a Pamuk en su memorable discurso en el acto de recepción del premio Nobel: “[…] el secreto del escritor no es la inspiración, pues nunca se sabe de dónde viene, sino la obstinación y la paciencia. Hay una hermosa expresión turca, “cavar un pozo con una aguja”, y a mí me parece que fue inventada pensando en nosotros, los escritores. Para mí, ser un escritor significa observar con atención las heridas que llevamos dentro, sobre todo las heridas secretas de las que no sabemos nada o casi nada, descubrirlas con paciencia, estudiarlas y sacarlas a la luz para luego asumirlas y hacer de ellas una parte consciente de nuestra escritura y nuestra identidad. Ser escritor es hablar de cosas que todos conocen sin saberlo. Descubrir este conocimiento, desarrollarlo y compartirlo, ofrece al lector el placer del asombro en el recorrido de un mundo que le es familiar”.

Con el hilo conductor de transmitir una idea circular en este blog desde su primer día de vida literaria, vuelvo a utilizar aquellas palabras, salvando lo que debo salvar simplemente por la actualización temporal, aspecto de forma que no de fondo, recordando a José Manuel Blecua, ex director de la RAE fallecido recientemente, cuando dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. En esta ocasión, lo hago copiando de mí mismo, porque estos siguen siendo mis principios y, si no gustan, no tengo otros, separándome por un momento de mi admirado Groucho Marx. En un tiempo en el que se arrojan valores por la ventana desde nuestro vehículo vital, vuelvo a hacer una declaración de principios sobre por qué escribo en este blog, en una etapa de jubilación en la que sigo asumiendo, cada día que pasa, que lo nuestro es pasar, con ardiente impaciencia personal y social, sabiendo que ahora tengo un compromiso intelectual con la sociedad en la que vivo

Les explico a continuación esta declaración de principios. Gracias anticipadas si está interesado o interesada en leer unas palabras necesarias en mi vida, casi imprescindibles para seguir escribiendo.

Un día ya lejano, aprendí el significado de un dicho turco, escribir es como cavar un pozo con una aguja, leyendo el discurso de Orhan Pamuk en el acto de entrega del Premio Nobel de Literatura en 2006, publicado después con un título muy sugerente, tanto como las palabras escritas en su dilatada vida: La maleta de mi padre (1). Es verdad que la vida de un escritor se hace poco a poco, horadando la persona de secreto que todos llevamos dentro, aunque no todos lo descubran, es decir, cavando el pozo del alma con una aguja virtual a imagen y semejanza de cada uno. Esa es la razón de que existan pocos escritores que aporten al mundo sus pozos con agua, porque es su misión, no la de estar secos.

El día 23 de abril de cada año se celebra el Día Internacional del Libro en lugares concretos, una de las preocupaciones de más de veinticinco años de soledad de Pamuk en Estambul, buscando su lugar ansiado de escritor, encerrado en una habitación con fronteras domésticas. En este día, cada año vuelvo a hacer la reflexión que acompaña a este autor a lo largo de su vida, todavía hoy: ¿por qué escribo? Y he buscado las razones de Orhan Pamuk cuando hablaba de la maleta que un día le entregó su padre y que reflejaba lo que había aprendido de él y de una premonición hecha hacia él después de un abrazo de silencio: “…me dijo de repente y como si tal cosa que algún día me darían el premio [Nobel de Literatura] que hoy recibo con gran alegría”.

Pamuk, en ese delicioso discurso, confesó por qué escribía y hoy lo he recordado: “¡Escribo porque quiero hacerlo, con toda el alma! Escribo porque a diferencia de otros, no me siento a gusto con un trabajo común y corriente. Escribo para que libros como los míos sean escritos y para poderlos leer. Escribo porque estoy molesto con ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me complace enormemente sentarme en un cuarto a escribir sin descanso. Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla. Escribo para que el mundo entero sepa cómo yo, cómo nosotros en Estambul y en Turquía hemos vivido y vivimos. Escribo porque amo el olor del papel, de la pluma y de la tinta. Escribo porque creo más en la literatura, en el arte de la novela, que en cualquier otra cosa. Escribo porque es un hábito, una pasión. Escribo porque tengo miedo de ser olvidado. Escribo porque me gusta la celebridad y toda la notoriedad que el escribir conlleva. Escribo para estar solo. Escribo en la esperanza de entender por qué estoy furioso con ustedes, con todos. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo para terminar de una vez por todas esta novela, este texto, esta página que en algún momento comencé a escribir. Escribo porque todos esperan que escriba. Escribo porque tengo una fe infantil en la inmortalidad de las bibliotecas y en el lugar que mis libros tendrán en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo es increíblemente bello y maravilloso. Escribo porque gozo traduciendo en palabras toda la belleza y la opulencia de la vida. Escribo, no para contar historias sino para construir historias. Escribo para liberarme del sentimiento de que siempre existe un lugar al que -como en una pesadilla- jamás podré llegar. Escribo porque nunca he conseguido ser feliz. Escribo para ser feliz”.

Otro día, yendo del timbo al tambo, en expresión muy querida por Gabriel García Márquez, me atreví a responder también a esa pregunta, ¿por qué escribo?, que reproduzco a continuación como justificación personal e intransferible de por qué lo hago, siendo consciente de que tengo que volver a leer las palabras de Pamuk para aprender de él cómo se cava, con una aguja, un pozo literario de secreto en mi alma. Lo hago porque es una pregunta a la que todavía no había dado respuesta, como a tantas preguntas de mi vida, sobre todo tres que superan con creces a ésta (Eclesiastés, 3, 1-22), a veces sintiendo profundamente aquellas palabras de aquél ejemplar ciudadano llamado Jesús, “triste está mi alma hasta la muerte”, que me cuesta descifrar en el terco día a día: ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? o en otra variación sobre el mismo tema: ¿qué saca el hombre de todo su fatigoso afán bajo el sol?; ¿quién sabe si el aliento de la vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de la bestia desciende hacia abajo, hacia la tierra? y, por último, ¿quién guiará al hombre a contemplar lo que ha de suceder después de él? A día de hoy, la única respuesta que me sigue pareciendo coherente es la del propio Eclesiastés, un auténtico líder de las asambleas: hay que hacer camino al andar y aprender una gran respuesta provisional en la vida: es mejor caminar con otros, porque si nos caemos siempre habrá alguien que te levante, porque la amistad es como la cuerda de tres hilos: jamás se puede romper.

¿Por qué escribo? En primer lugar, porque es la forma de expresar de forma especial, con palabras, la esencia de mi persona de secreto, interpretando la realidad que rodea permanentemente mi vida de forma voluntaria pero no inocente. Ser dueño de las palabras, es el acto humano por excelencia porque es una posibilidad que solo pertenece a mi especie, aunque genere en el acto de escribirlas un miedo cerval ante la página en blanco. Cada vez que me enfrento a esta realidad, recuerdo algo que aprendí hace ya muchos años de Ítalo Calvino en su obra póstuma “Seis propuestas para el próximo milenio”: “…es un instante crucial, como cuando se empieza a escribir una novela… Es el instante de la elección: se nos ofrece la oportunidad de decirlo todo, de todos los modos posibles; y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial” (Ítalo Calvino, El arte de empezar y el arte de acabar).

En segundo lugar, porque considero que escribir es un acto de militancia activa en el compromiso intelectual, por varias razones: el mero hecho de cuestionar la existencia de uno mismo al servicio estrictamente personal, es decir, el trabajo permanente en clave de autoservicio, así definido e interpretado, rompiendo moldes y preguntándonos si lo importante es salir del pequeño mundo que nos rodea como privilegiada zona de confort y mirar alrededor, ya es un signo de capacidad intelectual extraordinaria que muchas veces no está al alcance de cualquiera por imperativos del mercado. Desgraciadamente. Además, porque al escribir se hace patente el compromiso con uno mismo y con los demás, fundamentalmente con los más desfavorecidos por la vida. Siempre lo he asociado con la responsabilidad social, porque me ha gustado jugar con la palabra en sí, reinterpretando la responsabilidad como “respuestabilidad”. Ante los interrogantes de la vida, que tantas veces encontramos y sorteamos, la capacidad de respuestabilidad al escribir (valga el neologismo temporalmente) exige dos principios muy claros: el conocimiento y la libertad. Conocimiento como capacidad para comprender lo que está pasando, lo que estoy viendo y, sobre, todo lo que me está afectando, palabra esta última que me encanta señalar y resaltar, porque resume muy bien la dialéctica entre sentimientos y emociones, fundamentalmente por su propia intensidad en la afectación que es la forma de calificar la vida afectiva. Libertad, en segundo lugar, para decidir siempre, hábito que será lo más consuetudinario que jamás podamos soñar, porque desde que tenemos lo que he llamado a veces “uso de razón científica”, nos pasamos toda la vida “decidiendo”. Cuando tienes la “suerte” de conocer las interioridades del dilema al escribir, ya no eres prisionero de la existencia. Ya decides y cualquier ser inteligente se debe comprometer consigo mismo y con los demás porque conoce esta posibilidad, este filón de riqueza. Aunque nuestros aprendizajes programados en la Academia no vayan por estas líneas de conducta. Cualquier régimen sabe de estas posibilidades. Y cualquier régimen, de izquierdas y derechas lo sabe. Por eso lo manejan, aunque siempre me ha emocionado la sensibilidad de la izquierda organizada o la de “los de abajo” que dicen ahora. La de los nadies organizados, también.

En tercer lugar, porque me transforma y renueva continuamente el alma, porque podemos escribir la historia mejor y jamás contada, pero si le falta alma, no es nada: Y eso el lector lo nota. Intuye que a esa perfección le falta algo. Se llama corazón, alma, un texto en el cual se nota si el autor se ha enamorado de su libro más allá de las ideas que quiere contar. Y me reafirmo en lo que ya he expresado en los últimos años sobre escribir con el alma, tal y como lo estoy haciendo ahora: “Esto me ha pasado a mí. Me he enamorado de mis libros y estoy viviendo esos momentos en los que mi alma está pendiente de todo, para que no falte nada a las personas que quieres y a las desconocidas que van a captar esos sentimientos y emociones que adornan siempre la inteligencia conectiva que escribe, que se expresa desde dentro de cada autor, siendo Internet un medio poderoso y lleno de recursos para difundir este momento mágico, dando la razón a San Agustín cuando escribía en un perfecto latín un constructo que me ha acompañado siempre: bonum est diffusivum sui (el bien, se difunde a sí mismo). O lo que es lo mismo: la buena literatura, escrita con alma, se difunde a sí misma. Todavía más, con la ayuda de las tecnologías y sistemas de información, porque se construye y difunde con la inteligencia digital, cada día más al alcance de muchas personas que saben qué es escribir con el alma de la pasión.

José Manuel Blecua, ex director de la RAE, dijo en una ocasión que al escribir copiamos siempre de los autores que hemos leído a lo largo de nuestra vida y nos han marcado. Quizá, al escribir hoy estas palabras especiales, para decir algo especial, he copiado una experiencia contada una vez por el escritor portugués António Lobo Antúnes, sobre una idea preciosa aportada por un enfermo esquizofrénico al que atendió tiempo atrás: “Doctor, el mundo ha sido hecho por detrás”, como si detrás de todo está el alma humana que fabrica el cerebro. Porque según Lobo Antúnes “ésta es la solución para escribir: se escribe hacia atrás, al buscar que las emociones y pulsiones encuentren palabras. “Todos los grandes escribían hacia atrás”. También, porque todos los días, los pequeños, escribimos así en las páginas en blanco de nuestras vidas, como cavando un pozo del alma con una aguja.

(1) Pamuk, Orhan (1997). La maleta de mi padre. Barcelona: Random House Mondadori.

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CLÁUSULA ÉTICA DE DIVULGACIÓN: José Antonio Cobeña Fernández no trabaja en la actualidad para empresas u organizaciones religiosas, políticas, gubernamentales o no gubernamentales, que puedan beneficiarse de este artículo; no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación o prebenda alguna de ellas. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes para su interés personal, aparte de su situación actual de persona jubilada.

UCRANIA, IRÁN, ORIENTE MEDIO, SAHEL Y PAÍSES EN GUERRA O LO MÁS PARECIDO A ELLA, EN GENERAL

¡Paz y Libertad!

Hojas sueltas / y 20. En defensa de Manu Sánchez, al que tanto aprecio

RTVE – Momento en el que Manu Sánchez, durante la entrevista a Paula Vázquez, cuenta en su programa «El perro andaluz» (9 de julio de 2026), las amenazas que está recibiendo en diferentes medios y redes sociales

En todas partes he visto / caravanas de tristeza, / soberbios y melancólicos / borrachos de sombra negra, / y pedantones al paño / que miran, callan, y piensan / que saben, porque no beben / el vino de las tabernas. / Mala gente que camina / y va apestando la tierra…

Antonio Machado, He andado muchos caminos, 1903

Sevilla, 11/VII/2026 – 13:27 h CET (UTC+2)

Finalizo hoy la serie que inicié el pasado 24 de mayo, bajo el título “Hojas sueltas”, páginas escritas en este cuaderno digital a lo largo de veinte años y que he escogido en este tiempo de silencio en el que vivo en la actualidad, recordando reflexiones y mirando siempre hacia adelante, tal y como lo aprendí hace ya muchos años de Federico García Lorca, en “Así que pasen cinco años”, para mí veinte: hay que recordar hacia mañana.

Hoy pongo punto final a esta recogida saludable de reflexiones a lo largo de veinte años, con una “hoja suelta” que quiero dedicar a Manu Sánchez, un humorista, cómico y payaso de profesión, andaluz por más señas, al que admiro como personaje hecho a sí mismo y que está luchando de forma ejemplar y con la ayuda de profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía, junto a las personas que quiere, para vencer su cáncer, un “zaratán”, como lo llamaba Juan Ramón Jiménez en un relato conmovedor homónimo.

La hoja suelta de hoy, ¿Qué pasa en el cerebro de las personas polarizadas, que mienten más que hablan para hacer daño a los demás?, trataba en 2024 de explicar la maledicencia humana desde una perspectiva científica, porque siempre me ha obsesionado conocer por qué existen malas personas, como por ejemplo las que son capaces de atacar a Manu Sánchez, la mala gente que camina / y va apestando la tierra, como las señaló Antonio Machado en un poema inolvidable.

Me ha conmovido conocer que en el programa del pasado jueves de El perro andaluz, presentado por Manu Sánchez, dijo que desde que lo estrenó está viviendo un acoso continuo: “Llevo cinco semanas, desde que se estrenó el programa, recibiendo amenazas de muerte, deseos de que el cáncer haga su trabajo y yo me muera pronto y mal. Amenazas a mi familia, padres, hijos, mujer, entorno… por hacer mi trabajo”. Igualmente, cuando comentó durante el programa que hay que dejar de utilizar la palabra cáncer cuando quieren decir algo malo. Déjennos luchar a los que estamos librando esta batalla», en referencia a las lamentable comparación que hizo el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, recientemente, criticando duramente el absentismo laboral como un «cáncer» para la economía del país, entre otras perlas incalificables, que no se sostienen y sin fundamento alguno. Una auténtica vergüenza, fruto del avance de la maledicencia citada en nuestro país, con protagonistas de la derecha vestida con piel de cordero, extrema y de la ultraderecha envalentonada, con amplio apoyo de sectores capitalistas y medios de comunicación asociados, que utilizan las redes sociales como máquinas de fango contra personas del espectro progresista, sin freno y compasión alguna.

Yo no me callo y quiero salir en defensa de Manu Sánchez y de tantos comunicadores como él, que son coherentes alzando la voz contra las injusticias y tropelías que se cometen a diario en este país por personajes perfectamente identificados, por el mero hecho de defender la verdad y nada más que la verdad, pagando un precio muy alto por hacer muy bien su trabajo. ¡Basta ya de silencios cómplices, que tanta soledad y daño gratuito hacen a las personas dignas que se comprometen a diario con defender la democracia, la ideología progresista y de izquierdas en nuestro país!

Porque deseo construir siempre en democracia crítica, mi última «hoja suelta» creo que puede ayudar a comprender qué pasa en el cerebro de esas malas personas que insultan, amenazan, abrazan bulos y se convierten en profesionales de la mentira, demostrándose -lo diré una y mil veces- que son mala gente que camina, que va apestando la tierra.

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¿Qué pasa en el cerebro de las personas polarizadas, que mienten más que hablan para hacer daño a los demás?

Sevilla, 19/XI/2024 – 09:00 (UTC+1)

No es la primera vez que me aproximo a través de la ciencia a esta pregunta tan inquietante o lo que es lo mismo, ¿qué pasa por el cerebro de la personas que se convierten en agentes del mal? En los tiempos de maledicencia que estamos viviendo en la actualidad y que hemos podido comprobar de primera mano con  la DANA de Valencia, con mentiras y bulos para todos los gustos, por parte de instituciones y personas que las representan, medios de “incomunicación” y redes sociales muy próximas a las derechas ultramontanas, desinformación en estado puro, maledicencia expresa también a través de agentes anónimos del mal escondidos en esas redes sociales que la mayoría sabe cuáles son y quiénes son sus jefes, o los que sin ningún rubor dan la cara sin escrúpulo alguno, con fondos monetarios detrás de todo tipo que los financian, porque se sienten seguros a tenor de la desenvoltura con la que se mueven a diario, sin mezcla de control democrático alguno que amortigüe su maldad intrínseca, aparece algo de luzcuando leemos entrevistas científicas, como la que recientemente se ha publicado en el diario El País, con la neurocientífica Clara Pretus (Barcelona, 1988), que manifiesta sin ambages que  “hay agentes del mal que están sacando rédito al generar este nerviosismo”, estudiando “cómo las personas caen en el extremismo y cómo el cerebro procesa la desinformación en situaciones polarizadas”.

Me ha interesado entrar al detalle de sus manifestaciones y, sobre todo de sus trabajos antecedentes en este ámbito tan preocupante de la sociedad: “En su trabajo más celebrado, escanearon el cerebro de jóvenes que querían participar en actos violentos yihadistas para entender los mecanismos personales y sociales que activaban esa vocación. En un trabajo más reciente, lo que pusieron bajo la lupa fue la materia gris de votantes de Vox para entender por qué difundían mentiras en temas importantes para ellos, como la inmigración: lo que descubrieron es que al planteárselo se activaban áreas de su cerebro social. “No son las típicas zonas de toma de decisiones, sino las que sirven para inferir qué piensan los demás”, explica Pretus, de la Universitat Autónoma de Barcelona. Es decir, difundían bulos teniendo en mente la aprobación del grupo”.

Recomiendo la lectura de esta entrevista, pero adelanto algunas precisiones que me han preocupado bastante, en este caso como profesional de la salud mental, comenzando con la primera reflexión que se expone en la entrevista citada, vinculada expresamente a la DANA pasada: “Cuando estás en peligro, te vale más la pena creer cualquier información que pueda salvarte o que pueda favorecerte”, […] criticando a su vez algo que “se ha utilizado por varios actores políticos para sacar provecho”. Pretus sabe que en situaciones de peligro y ansiedad surgen actores interesados que saben que el uso de palabras de alta carga emocional nos “hackea el sistema nervioso. Debemos tenerlo en cuenta, porque cada vez habrá más emergencias de este tipo, muy propicias para la desinformación y sacar provecho político”, añade. En 2017 abordé ya esta realidad del “jaqueo” de cerebros humanos, cuando escribí que había leído “un artículo inquietante del historiador israelí Yuval Noah Harari, Los cerebros “hackeados” votan, con una entradilla demoledora: “Algunas de las mentes más brillantes del planeta llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para que pinchemos en determinados anuncios o enlaces. Y ese método ya se usa para vendernos políticos e ideologías”. En ese momento recomendé su lectura por activa y por pasiva, utilizando las redes al alcance de mis dispositivos móviles, porque consideré que era de lectura obligada ante la ingenuidad atómica que nos rodea. La verdad es que la lectura del artículo abría unos interrogantes que van dirigidos directamente a la línea de flotación de la humanidad. Creo que estamos avanzando históricamente con bastante falta de altura de conocimiento y libertad, no cuidando una inteligencia propia de los seres humanos a la que vengo llamando desde hace ya muchos años, inteligencia digital, que cubre el ciclo vital completo de todo ser humano, desde que nacemos hasta que morimos, porque nos va a acompañar siempre, llevando desde el equipamiento digital que corresponda a cada persona el manual de instrucciones para conocer el funcionamiento del gran artífice digital de la vida: el cerebro bien informado en mi yo y mis circunstancias.

Clara Pretus aborda también en su entrevista una cuestión fundamental: ¿por qué consumimos desinformación?: “para reafirmar nuestra pertenencia, no solo a nivel abstracto, sino también con nuestro entorno inmediato, la audiencia que tenemos en redes sociales. Estamos motivados a compartir información que sabemos que nuestra audiencia va a recibir bien y nos va a servir para reafirmarnos. Y esto es más importante cuanto más crítica es la información. Por ejemplo, en una emergencia o cuando es muy clave para la identidad de grupo”. Continúa abordando situaciones muy preocupantes en estos momentos y de extrema actualidad, tales como por qué se difunden los bulos de forma deliberada, la aparición de las estrategias de fact-checking (verificación de datos) combatiendo cada bulo, así como la necesidad de que se aprueben a corto plazo leyes contra los bulos.

La entrevista finaliza con una pregunta inquietante, acerca del ejercicio deliberado de desinformación que nos invade “para minar toda la confianza en las fuentes oficiales, ¿lo provocan porque cuando no se cree a nadie, se puede creer cualquier cosa?”. La respuesta de la doctora Pretus no está en el viento, pero plasma un presente muy preocupante: “Claro, todo el mundo está desautorizado, deslegitimado, como fuente de información. Es una muy buena estrategia para hacer un cambio de poder. Si tenemos un statu quo, unas instituciones que han estado décadas, es la mejor manera de dinamitar lo que hay”.

En este contexto expuesto por la doctora Pretus, acudo a la lectura del nuevo libro de Yuval Noah Harari, Nexus, autor al que sigo desde la publicación de Sapiens, una obra magna. La sinopsis oficial ayuda a comprender el hilo conductor de la nueva obra: “En Nexus, Harari contempla a la humanidad desde la amplia perspectiva de la historia para analizar cómo las redes de información han hecho y deshecho nuestro mundo. Durante los últimos 100.000 años, los sapiens hemos acumulado un enorme poder. Pero, a pesar de todos los descubrimientos, inventos y conquistas, ahora nos enfrentamos a una crisis existencial: el mundo está al borde del colapso ecológico, abunda la desinformación y nos precitamos hacia la era de la I.A. Con todo el camino andando, ¿por qué somos una especie autodestructiva? A partir de una fascinante variedad de ejemplos históricos, desde la Edad de Piedra, pasando por la Biblia, la caza de brujas de principios de la Edad Moderna, el estalinismo y el nazismo, hasta el resurgimiento del populismo en nuestros días, Harari nos ofrece un marco revelador para indagar en las complejas relaciones que existen entre información y verdad, burocracia y mitología, y sabiduría y poder. Examina cómo diferentes sociedades y sistemas políticos han utilizado la información para lograr sus objetivos e imponer el orden, para bien y para mal. Y plantea las opciones urgentes a las que nos enfrentamos hoy en día, cuando la inteligencia no humana amenaza nuestra propia existencia”.

Me quedo hoy con la última frase de la citada sinopsis: “La información no es el principio activo de la verdad; tampoco una simple arma. Nexus explora el esperanzador término medio entre estos extremos”. Es lo que busco ahora a bordo de mi patera virtual, en los mares procelosos de la desinformación, de la invasión de agentes del mal, convencido de que entre información y verdad anda el verdadero juego de la vida.

El cerebro contiene un instinto básico que nos lleva a actuar bien o mal con patrones construidos hace millones de años. La estructura cerebral reptiliana que todavía permanece en nuestro cerebro guarda un gran misterio de millones años que debemos descubrir. Es probable que de esta forma sufriéramos menos en el difícil día a día de nuestra existencia y comprendiéramos mejor nuestros propios actos sorprendentes y, lógicamente, los de los demás, aprendiendo día a día qué es la com-pasión (el sufrimiento con o junto a los otros). Básicamente en términos de responsabilidad personal y social, sabiendo que “responsabilidad” es la capacidad de dar respuesta individual o colectiva, con conocimiento y libertad entendidos como sus dos elementos esenciales, a cualquier situación que se nos presenta en el acontecer diario. Bien o mal, y hasta qué grado de compromiso o consecuencia, es harina de otro costal. Quizá, de un conjunto de estructuras cerebrales en funcionamiento permanente, sin descanso, que todavía no conocemos, bajo el mando del cerebro reptiliano todavía presente en las llamadas respuestas éticas.

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